Trabajo infantil, peligroso y sin protección

De cada 10 menores ocupados, tres tienen jornadas mayores a 35 horas a la semana. Chiapas, Querétaro y Chihuahua es donde los niños pasan más tiempo laborando
A sus 15 años, Axel ya cuenta en sus antecedentes laborales con el oficio de albañil. Pero una lesión a la altura del coxis lo sacó de la jugada. Hoy hace arreglos florales
30/04/2015
04:40
Daniela Guazo y Saúl Hernández
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Axel tenía 12 años cuando dejó su infancia a un lado. Apenas había entrado a la secundaria. En las tardes intercambiaba los libros escolares y su uniforme por un pantalón desgastado y cubetas de arena y grava. En ese entonces ganaba un poco de dinero extra como ayudante en una construcción, cargando botes de casi el doble de su peso.

Como este joven, de tez morena y ojos rasgados, otros 800 mil niños y adolescentes mexicanos trabajan en condiciones inseguras o nocivas para su salud, sin contar con la protección necesaria para evitar que sufran un accidente, una lesión o alguna enfermedad, de acuerdo con los datos del Módulo de Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

En sus labores están expuestos a fuego, productos químicos, gases tóxicos, ruido excesivo, humedad, temperaturas extremas, herramientas peligrosas, maquinaria pesada, explosivos o descargas eléctricas.

Vestido con una playera negra sin mangas, pantalones rotos y perforaciones en los oídos, Axel trata de ocultar su edad, pero su mirada y voz tímida lo delatan como un trabajador joven. Tiene 15 años y su labor diaria es cortar flores y crear arreglos en el Mercado de Jamaica, uno de los más populares en la Ciudad de México.

Cargar los paquetes de flores no es nada en comparación con todos los botes que aguantaba cuando era más pequeño. El nuevo peligro es el cuchillo que utiliza diario, el cual le ha abierto la palma de la mano en más de una ocasión.

La proporción de menores, entre cinco y 17 años, que trabajan y se exponen a este tipo de peligros aumentó de 21% a 31% entre 2007 y 2013, según la ENOE. En ese mismo periodo murieron más de 700 a consecuencia de accidentes ocurridos en el desempeño de sus labores, sin contar los decesos por enfermedades laborales.

Además, 75% de los niños y adolescentes que laboran en actividades peligrosas no cuentan con equipo de protección, lo que aumenta el riesgo cada vez más.

Aumenta el riesgo

En los últimos años, México ha registrado un descenso de más de un millón de niños y adolescentes que trabajan. En 2007 se contabilizaron 3.8 millones en la vida laboral y en 2013 bajó a 2.5 millones. Sin embargo, los menores que aún laboran se encuentran inmersos en actividades que ponen en riesgo su salud e integridad física.

Fue hace casi cuatro años cuando Axel decidió que quería trabajar. Su elección no fue consecuencia de la pobreza. “Yo quería comprarme mis cosas y no me gustaba tener que pedirle dinero a mis papás”, dice con una son-risa en el rostro.

Aunque en su primer oficio muchos creían que no podría cargar mucho, Axel aprendió cómo amarrarse bien la faja y no padecer tanto los dolores de espalda. A pesar de eso, una lesión a la altura del coxis lo sacó de la jugada.

El año pasado, después de varias peleas en la escuela y de sentirse discriminado por sus compañeros, decidió abandonar la secundaria y dedicarse al oficio de la familia: ser florista. Su abuelo le fue enseñando este arte desde que tenía 10 años, “lo veía y así fue aprendiendo a armar los arreglos”, dice el adolescente.

Pero aprender le ha costado sangre, literalmente. El cuchillo que utilizan, llamado cuchillo curvo, tiene una hoja en forma de uña lo suficientemente afilada para dividir el tallo de una flor de una sola pasada. “Una vez casi me rebano una parte del dedo. Sangré mucho y me puse cebolla para detener la hemorragia —mi abuelita dice que así se detiene la sangre– el problema fue que después se me infectó”, cuenta.

En 2007 se registraron 789 mil menores ocupados en alguna actividad peligrosa. Cinco años más tarde, a esta lista se han sumado más de 8 mil, dejando a casi 800 mil niños y adolescentes expuestos a un sinfín de riesgos.

Los resultados más recientes del Módulo de Trabajo Infantil (MTI) —realizado en conjunto por el Instituto Nacional de Estadística Geografía (Inegi) y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS)— también indican que 6% de esta población trabaja en lugares que no son aptos para personas de su edad, como minas, ríos, lagos o mares; pisos elevados o andamios; calles, cruceros; basureros públicos y bares, cantinas o centros nocturnos.

Para especialistas como Nashieli Ramírez, coordinadora general de la organización Ririki Intervención Social, esta cifra de hecho es más grande ya que el MTI no considera todas las modalidades de trabajo a las que son sometidos los menores de edad.

“Hay un subregistro, primero porque estás hablando de una encuesta de ocupación, no de trabajo. Segundo, lo que se recoge en el módulo de trabajo infantil no lo dicen los niños o los adolescentes, sino un adulto hablando de ellos. Y lo tercero es que dejas una serie de labores que son y se acreditan como trabajo infantil y no están consideradas allí y que son las de más alto grado de explotación”, indicó la experta.

De acuerdo con el informe “El trabajo infantil y el derecho a la educación en México”, las actividades no tomadas en cuenta en la encuesta están “ligadas a la mendicidad”, como limpiar parabrisas, limpiar calzado, cantar en los transportes o trabajar en los basureros. El estudio asegura que estas tareas “no se encuentran reguladas y la exposición a riesgos es frecuente”.

Niñez sin protección

Según la ENOE, de los 800 mil menores expuestos a riesgos, 65 mil 800 han sufrido algún tipo de accidente, lesión o enfermedad en el desempeño de su labor. Incluso hubo 9 mil 800 que no recibieron atención médica.

Trabajar con arreglos florales parece sencillo. Axel desliza la hoja del cuchillo sin ver siquiera el tallo de la rosa que está cortando. Pero la palma de su mano izquierda, y varios de sus dedos, tienen las huellas de sus pequeños “errores”.

“Si te cortas es problema tuyo. Antes me ponía masking tape en las heridas para no sangrar mucho. Ya aprendí que las tienes que dejar respirar o se infectan”, dice el joven florista.

Los datos de la ENOE revelan que 75% de los niños y adolescentes que realizan trabajos peligrosos no cuentan con algún equipo de protección que les ayude a mitigar el riesgo al que están expuestos. El género femenino es más vulnerable, ocho de cada 10 no cuentan con la protección necesaria.

Un ejemplo es el de los adolescentes que trabajan como diableros en la Central de Abastos del Distrito Federal. Ellos se lesionan continuamente porque no usan faja, “son víctimas de múltiples abusos sicosociales y se enferman con frecuencia, lo que se conjuga con situaciones de deficiencia alimentaria. Padecen dolores de cintura, pies, brazos, espalda, piernas, pecho, corazón, cabeza y estómago”, señala el estudio realizado por las especialistas Sylvia Schmelkes y Nashieli Ramírez.

El Mercado de Jamaica también alberga a una gran cantidad de niños y adolescentes que deciden trabajar a su corta edad. Este mercado está compuesto por tres grandes naves que cubren toda una cuadra en la esquina de la avenida Congreso de la Unión. Y como si no tuviera la suficiente fama en la Ciudad de México, justo enfrente cuenta con una estación de Metro con el nombre Jamaica.

En los más de mil puestos dedicados a las flores, arreglos florales y plantas ornamentales, es común encontrar jóvenes que te ayudan a cargar los paquetes de rosas, lilis y cualquier otra de los más de 5 mil tipos de flores que se venden. Ni hablar de cuando es época Navideña, siempre encontrarás algún adolescente que te auxilie a llevar tu árbol de Navidad hasta el automóvil por una propina que le ayude a incrementar sus ingresos.

Pero Axel no ve su trabajo como algo que hace por necesidad, “me salí de la escuela porque peleaba mucho y ya no quería estar ahí, pero siempre pensé en trabajar y mi abuelo me dijo que viniera a ayudarle con el negocio”, dice.

Su familia, florista desde hace muchos años, ha aprendido a sobrevivir de este oficio y a pasarlo de generación en generación. Lo que comenzó como una actividad en la que Axel gastaba unas cuantas horas los fines de semana, se ha convertido en su trabajo diario.

Explotación laboral

A su corta edad, niños y adolescentes mexicanos llegan a ser sometidos a jornadas extenuantes de trabajo. De cada 10 menores ocupados, tres trabajan más de 35 horas a la semana. La cantidad de horas empleadas aumenta con la edad, los adolescentes entre 14 y 17 años cuentan con jornadas mucho más extensas. Casi al final de un largo pasillo lleno de flores, se encuentra el local en el que Axel pasa hasta 12 horas diarias. Desde las 9 de la mañana comienza a armar los arreglos florales. En un día puede terminar hasta ocho.

“Me tardo más porque no soy florista. Yo aprendí viendo a mi papá y mi abuelo y aún tengo que medir la distancia entre las flores”, dice. Su jornada de trabajo normal termina a las 9 de la noche, hora en la que pasa el velador a revisar que todo esté en orden.

Pero dentro de poco viene una jornada maratónica. El 10 de mayo, día en que se festeja a las madres de México, todos los que trabajan en el Mercado de Jamaica saben que pasarán más de una noche sin dormir.

“Comenzamos a trabajar desde el 8 de mayo. Hay que terminar cerca de 100 arreglos de flores, porque es una de las fechas más fuertes”, afirma el quinceañero. Aunque será la primera vez que esté trabajando formalmente ya sabe que el primer día saldrá cerca de las dos de la mañana y después tendrá que turnarse durante la madrugada con su abuelo para lograr terminar todo.

Lo que para algunos es explotación laboral, para otros es el trabajo que les permite comer todos los días.

Ninguna entidad del país está exenta de explotar a su niñez. En lugares como Querétaro, Chihuahua, Chiapas, Aguascalientes, Nuevo León y Coahuila, más de la tercera parte de la población infantil ocupada trabaja más de 35 horas a la semana.

En el sector de la construcción, 56% de los niños ocupados tienen la misma jornada laboral. En la misma situación se encuentran cuatro de cada 10 menores empleados en la industria manufacturera.

Además de horas de trabajo que dejarían exhausta a cualquier persona de más de 20 años, los menores que son empleados rara vez son bien remunerados. De acuerdo con Anti-Slavery International, organización que lucha para erradicar la esclavitud en el mundo, muchas veces se emplea a la infancia “debido a que, en comparación con los adultos, los niños y las niñas son más vulnerables, contratarlos resulta más barato y son menos propensos a exigir mejores salarios”.

Con una estatura de aproximadamente 1.68 metros, la figura de Axel, de 15 años, sobresale detrás del arreglo que está terminando. A pesar de su corta edad, sus brazos han sido torneados por las cubetas de grava y un sinfín de paquetes de flores que carga a diario. Ha pasado casi un año desde que trabaja en el mercado, después de que abandonó la secundaria por discutir con un profesor.

Su idea es volver a entrar a la secundaria abierta y seguir trabajando. Sólo tendría que estar dos horas por la noche y piensa pedirle permiso a su abuelo para que lo deje salir más temprano.

Pero en sus planes no está dejar el Mercado de Jamaica. Con una sonrisa pícara confiesa que siempre le ha gustado tener su dinero. Gana 600 pesos a la semana, pero esto lo hace sentirse independiente. “Si me muero trabajando aquí no me importa. Soy feliz haciendo arreglos de flores”, dice el joven al que la niñez se le escapó desde hace más de tres años.

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