Leopoldo López, “el opositor incómodo”

Que López esté en su residencia expone a la oposición a mostrar si realmente es capaz de ser un bloque unido
AFP
09/07/2017
04:30
José Meléndez / corresponsal
San José
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La concesión del arresto domiciliario al venezolano Leopoldo López, una de las figuras emblemáticas del antichavismo y líder del partido Voluntad Popular, marcó un antes y un después en la prolongada crisis que sacude a Venezuela con desenlace incierto, pero abrió un abanico de dudas y temores sobre el costo de un beneficio que, aunque le permite estar con su familia, mantiene al dirigente opositor como prisionero político.

López, de 46 años y casado desde 2007 con la activista opositora Lilian Tintori—con quien procreó a Manuela Rafaela y Leopoldo Santiago—, fue trasladado la madrugada del sábado de la cárcel de Ramo Verde a su hogar en Caracas, tras haber sido encarcelado en febrero de 2014 y condenado en octubre de 2015 a 13 años y nueve meses de cárcel por instigación pública y otros delitos.

Sin desconocer el riesgo de que, en cualquier momento y por capricho del chavismo, puede ser enviado de regreso a Ramo Verde, López ganó una categoría de sacrificio que le otorgó puntos de ventaja sobre otros dirigentes opositores: se convirtió en el más connotado prisionero político o preso de conciencia venezolano y su permanencia en la cárcel le sirvió a la oposición como arma política para hostigar al régimen chavista.

Tras permanecer durante más de 41 meses recluido en un calabozo, con periodos de castigo en aislamiento, López es reconocido como la más famosa víctima de las dos principales piezas del chavismo, el presidente Nicolás Maduro y el diputado Diosdado Cabello. Como dirigente opositor, el hombre que ahora tiene casa por cárcel estuvo desde 2000 en la órbita del asedio político del presidente Hugo Chávez, quien murió en marzo de 2013 y en su testamento político designó a Maduro como su heredero.

Chávez atribuyó a López un incesante activismo opositor en hechos significativos de la crisis venezolana, como en el fracasado golpe de Estado que se registró en abril de 2002 en contra del fundador del régimen chavista procubano. Maduro y Cabello agudizaron el acoso en torno a López y lo mandaron arrestar al culparlo por las muertes de 43 personas en disturbios callejeros en Caracas en febrero de 2014.

Ahora en su casa, y luego de más de tres meses de violentas protestas del antichavismo que según cifras de la fiscalía general de Venezuela dejan un saldo de 91 muertos y unos mil 500 heridos, López sigue siendo un reo político pero la oposición podría reclamar un triunfo parcial aunque trascendental tras 100 días de enfrentamientos callejeros con las fuerzas policiales y militares leales al chavismo. La liberación de los presos políticos es una de las exigencias opositoras, pero el número de prisioneros de esa categoría ronda los 400.

El hecho de que López ya esté en su residencia aunque siga monitoreado con un brazalete, expone a la oposición a mostrar si realmente es capaz de ser un bloque verdaderamente unido aunque pluralista frente al aparato que supuestamente todavía es homogéneo del chavismo y sus redes oficialistas.

El jerarca de Voluntad Popular, una de las agrupaciones opositoras políticas que forman parte de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), sigue siendo víctima del chavismo y la duda ahora es si sus socios en la oposición realmente prefieren que esté en su casa o que continúe en prisión para evitar que les haga sombra o les arrebate la atención mediática, nacional e internacional.

Para oficialistas y opositores, el escenario general de Venezuela cambió con la decisión chavista de llevar a López a su casa. “La liberación” de López “es una notable capitulación del gobierno venezolano, el cual hace pocos días permitió que matones armados atacaran la Asamblea Nacional y golpearan a legisladores a plena luz del día”, dijo el chileno José Miguel Vivanco, director para América de Human Rights Watch (HRW), una organización de estudio de los derechos humanos con sede en Washington.

En una declaración que envió a EL UNIVERSAL, Vivanco afirmó que “es un signo de que las protestas de calle masivas —junto con los pronunciamientos de líderes democráticos latinoamericanos para que cese la represión— están teniendo un impacto. Pero que nadie se equivoque: Leopoldo López no está libre. Se encuentra bajo arresto domiciliario y cientos de otros presos políticos siguen detrás de las rejas”.

En un mensaje que entregó ayer en su casa al diputado opositor Freddy Guevara, vicepresidente de la Asamblea, López trató de despejar las dudas acerca de que cedió o capituló ante el chavismo o traicionó al antichavismo y pidió intensificar las movilizaciones callejeras. Sin poder salir de su hogar, López también reconfirmó que, pese a que existen inquietudes acerca de lo que habría negociado en prisión, nunca dejará de ser un personaje incómodo para Maduro, Cabello y la cúpula chavista…y también para figuras claves antichavistas.

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