El verde de la marihuana tiene salud de hierro. La sociedad estadounidense cada vez abraza más el consumo de la planta, con más y más estados no sólo legalizando su consumo como terapia medicinal, sino ampliándolo al uso recreativo.

La pelea real es precisamente este último tipo de consumo. Con el uso medicinal establecido en más de la mitad del país (29 estados, para ser exactos), el nuevo frente es el avance en la legalización de su consumo y venta para ocio de quien la fume, sea cual sea el fin.

El primero que encendió la mecha fue Colorado. La buena acogida provocó que le siguieran Oregon, Washing-
ton, Alaska y Nevada, estados en los que se puede vender y consumir de forma legal, ya sea para uso medicinal o recreativo. Otros tres estados (California, Maine y Massachusetts), así como el Distrito de Columbia (donde está la capital del país, Washington) permiten su consumo, pero aún no su venta.

A pesar de eso, el comercio de marihuana salta las barreras legales en estos estados, con triquiñuelas como la venta de productos con “regalo” de gramos de marihuana. El negocio de la cannabis es espectacular. Al día de hoy es un sector que mueve más de 6 mil millones de dólares y emplea a más de 150 mil personas. Su crecimiento se prevé exponencial: en 2020 se vaticina que cree más puestos de trabajo que la industria de la manufactura.

Los estados abrazan el verde de la marihuana legalizada. Colorado, el primer estado en aprobar su consumo de forma total, ha recaudado más de 500 millones de dólares en impuestos sobre la marihuana desde enero de 2014, cuando por primera vez se pudo comprar cannabis en comercios.  Este mes, la locura por la cannabis se despertó en Nevada, el último estado en legalizarla. Pero las reglamentaciones fueron tan estrictas y el deseo tan exacerbado, que hubo falta de producto para la venta.

Otros estados les podrían seguir el próximo año, en referéndums. Arizona, Florida, Idaho, Michigan, Mississippi, Missouri, Nebraska son algunos de los territorios con iniciativas para que aprovechando las elecciones de noviembre de 2018 se puedan pasar leyes al respecto.

Matthew Karnes, analista prolegalización, augura que en 2021 todos los estados de EU tendrán alguna legislación que permitirá el consumo recreativo.

Si fuera por el gobierno federal de Donald Trump, la marihuana dejaría de ser tema de debate: la prohibición sería inmediata y la persecución, como antaño. El fiscal general Jeff Sessions quiere volver a la “guerra contra las drogas” de la década de los 80 del siglo pasado, y el presidente no parece que tenga ninguna intención de frenarlo.

El Departamento de Justicia encabezado por Sessions creó una fuerza especial que está revisando la política federal existente sobre marihuana, que presentará sus resultados a fines de este mes. Es este aspecto el que, además del debate por temas de salud y económicos, genera más controversia y centra gran parte de la discusión: su relación con el crimen, las detenciones y el sistema judicial.

El ex presidente Barack Obama trató de cambiar la forma de pensar del país, apostando por cambiar las penas por mínimas posesiones de la droga. En muchos casos significaba condenas de cárcel, en unos casos que mayoritariamente afectaban a hombres jóvenes afroestadounidenses, lo que no sólo generaba un aumento notorio de la población encarcelada (con el coste que representa), sino la estigmatización de una parte muy concreta de la población.

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