Una agencia marcada por el poder y el misterio

John Edgar Hoover fue designado en 1924 director de la Oficina de Investigación, que en 1935 se convirtió en el FBI. Estuvo ahí hasta 1972.
(Archivo. EL UNIVERSAL)
14/05/2017
01:47
Víctor Sancho / Corresponsal
Washington
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En sus 82 años de historia, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) sólo ha tenido siete directores. Antes de eso era una minúscula división de investigaciones y su importancia nacional era relativa debido a que los crímenes federales no era comunes.

En 1935 cambió de nombre, pasó a ser el FBI, y el honor recae en un nombre: John Edgar Hoover, director durante 48 años (1924-1972) —de hecho, murió ejerciendo el cargo—. En las siguientes tres décadas ha habido seis directores: el último, James Comey, acaba de ser destituido. Hoover revolucionó la agencia: no sólo le dio el carácter federal, sino que la convirtió en el cuerpo de investigaciones que es ahora. En 1949 creó la “lista de los fugitivos más buscados” y la división de contrainteligencia, persiguió a gángsters en la década de 1930 y a los comunistas en la época más dura de la Guerra Fría.

Tras Hoover, y pasado el escándalo de Watergate, se decidió que el director del FBI fuera siempre nombrado para un periodo de 10 años, en parte para protegerlo de influencia política —es un tiempo superior al máximo de dos mandatos de un presidente—, a pesar de que, siendo un nombramiento designado por la Casa Blanca y bajo el mando de Departamento de Justicia, el carácter partidista siempre está presente.

Sin embargo, se ha buscado hacer prevalecer la tradición de independencia del buró: fue por eso que Barack Obama (demócrata) eligió en 2013 a Comey (entonces republicano) para liderar la agencia, por su “feroz independencia y su profunda integridad”. Hasta esta semana, sólo Bill Clinton despidió a un director del FBI, William Sessions. Era 1993 y Sessions fue fulminado por un caso de acusaciones de carácter ético, incluyendo evasión de impuestos y la negativa a cooperar con una investigación sobre un préstamo hipotecario, así como visos de corrupción.

Las confusiones entre el FBI y la CIA son comunes. Agencias de inteligencia de élite ambas, la diferencia es su ámbito de actuación: mientras la CIA (Agencia Central de Inteligencia) trabaja en amenazas en y desde el extranjero, el FBI trata los casos domésticos. Bonnie y Clyde, Al Capone, el asesinato del presidente John F. Kennedy, la persecución del Ku Klux Klan, el Unabomber, el Watergate, la fuga de Alcatraz, el 11-S… Todos los grandes casos criminales de Estados Unidos han pasado por las manos del FBI, que ha tenido que reinventarse con el paso de los años y pasar, de tener como blanco los crímenes comunes, a las amenazas en territorio estadounidense. Ahora sus prioridades son la prevención de los ataques terroristas, el freno a posibles espionajes y los ciberataques.

El aura de misterio que rodea al FBI provoca que en torno a la agencia hayan aparecido mitos y leyendas. El secretismo de sus investigaciones, la existencia de una “cámara acorazada” llena de documentos clasificados y difundidos públicamente a cuentagotas aumentan las dudas y teorías respecto de cuál es el trabajo del FBI. Muchas son las teorías que relacionan a la agencia con el encubrimiento de lo que realmente pasó en grandes casos. Como, por ejemplo, los alegatos de que Marilyn Monroe fue asesinada por un agente del FBI para presionar al presidente Kennedy y demostrarle que sabían de sus múltiples affaires extramatrimoniales. O la ocultación de una supuesta verdad sobre el asesinato del propio Kennedy, que muchos dudan que pudiera ser resuelto con tanta celeridad como se hizo de no ser por un encubrimiento de la verdad. O la creencia de que el FBI tiene registrados contactos con alienígenas o avistamientos de OVNI. Ninguna de las elucubraciones ha sido probada.

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