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Washington.— Nueva York continúa firme en su intención de tener el liderazgo como oposición a las políticas que se espera implemente el presidente electo Donald Trump, especialmente las que afectarían a los inmigrantes indocumentados.
Si durante el fin de semana fue el gobernador del estado, el demócrata Andrew Cuomo, el que presentó su propuesta para contrarrestar el discurso del magnate con un fondo de emergencia para asistencia jurídica a inmigrantes, ayer el alcalde de la metrópoli, el también progresista Bill de Blasio, volvió a tomar el mando para ponerse a la cabeza de la defensa de todos los que se sienten amenazados por el millonario y reiterar su compromiso de defender a sus conciudadanos.
“Hay que decirlo bien alto: ‘[Existe] mucho miedo ahí afuera’”, dijo el alcalde. Especialmente cándido fue con los que temen ser deportados por la administración Trump: más de medio millón de habitantes de la ciudad temen ser separados de sus familias, entre ellos decenas de miles de dreamers. “Es lo que está en sus mentes y el tema de conversación en la mesa”, aseguró.
“A todos los vamos a proteger. Esta es su casa”, prometió. A pesar de que Trump rebajó su promesa de expulsión de indocumentados de 11 millones a sólo 2 o 3 millones, la mayoría de alcaldes demócratas de grandes ciudades del país, como San Francisco, Washington, Seattle, Chicago y Nueva York han reafirmado en los últimos días su voluntad de mantener su estatus de “ciudades santuario” para indocumentados, y enfrentarse a las autoridades federales para evitar deportaciones.
“Los alcaldes nos tenemos que unir. Es nuestro turno de construir un movimiento que cree en el respeto y la dignidad”, espetó.
“Mi promesa como alcalde es que usaremos todas las herramientas a nuestra disposición para defender a nuestra gente. Si el gobierno federal quiere que nuestros agentes rompan familias, nos negaremos”, aseguró. Si es necesario, dijo, esconderá y eliminará los registros oficiales.
Trump ha dicho que las ciudades que no cumplan las órdenes de entregar información sobre los indocumentados residentes se verían privadas de los fondos federales, en el caso de Nueva York, significaría una pérdida de 10 mil 400 millones de dólares. De Blasio está dispuesto a correr el riesgo.
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