El 19 de abril se cumplieron mil 95 días, o tres años, de que Nicolás Maduro fue juramentado como presidente de Venezuela para el periodo 2013-2019. Le queda por delante la misma cantidad de tiempo. Sin embargo, el jefe del Estado pareciera no estar planificando su futuro en plazos tan largos.

La crisis económica del país, posiblemente la peor desde que se empezó a exportar petróleo a inicios del siglo XX, amenaza con convertirse en una ruptura política y social, lo que ha llevado al mandatario a plantear una estrategia de supervivencia pensada en ganar tiempo y lograr, por lo pronto, cumplir cuatro años en Miraflores.

“En ninguna circunstancia la patria se va a entregar”, ha dicho Maduro en varias oportunidades desde que la alianza opositora, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), anunció a principios de marzo que activará todos los mecanismos constitucionales para forzar su salida este año, algo esencial para que se convoque a nuevas elecciones y el poder no quede en manos del vicepresidente. “Aquí no se rinde nadie”, ha sido la respuesta oficial del chavismo.

Maduro afronta esta lucha con una base de apoyo disminuida pero fuerte, de 30%, según la encuesta que publicó Venebarometro en febrero de este año, cifra que se ha mantenido bastante constante desde el segundo trimestre de 2015. “Una campaña con ese tono contribuye a que los sectores que aún apoyan al gobierno se mantengan cohesionados, pero es algo que no podrá ser permanente ni atraerá a nuevos seguidores”, advierte el politólogo Justo Morao.

En medio de una inflación en ascenso que, según economistas y organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), podría terminar 2016 por encima de 500%, al oficialismo no le ha quedado más que apelar a la raíz del sentimiento chavista de sus seguidores, sobre todo frente a la posibilidad de que se realice el referéndum con miras a revocar el mandato de Maduro.

“El gobierno se concentra en terminar el tercer año sin que aumenten sus niveles de desaprobación, para lo cual concentra los pocos recursos disponibles en satisfacer a su base de apoyo”, indica el analista político Oswaldo Ramírez, director de ORC Consultores. Un ejemplo es el anuncio de la tarjeta de misiones socialistas, que dará 14 mil 500 bolívares (2 mil 300 dólares) a las familias inscritas en la Misión Hogares de la Patria para que compren productos en la red pública de alimentación y las bolsas de alimentos que comenzará a distribuir a bajo costo a quienes sean censados por los consejos comunales.

Además, desde que llegó al poder, Maduro ha utilizado los medios para tener una presencia permanente en el día a día de los venezolanos y difundir su mensaje: realizó más de 300 actos televisados y llegó a acumular aproximadamente 350 horas en pantalla. Hizo hincapié en señalar que la crisis es producto de la caída de los precios del petróleo y de la guerra económica, de lo que habló en 61% y 74% de los días que apareció en televisión, según conteo de El Nacional. Además, en 48% de sus presentaciones habló de lealtad y recordó al fallecido Hugo Chávez, su mentor.

Esa cruzada comunicacional costó al Estado 1.1 mil millones de bolívares (144 millones de dólares), según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Comunicación e Información para el año 2015. Eso es más que el presupuesto constitucional para 2016 de 333 de los 335 municipios del país.

Para mantener a sus seguidores movilizados, el PSUV convocó a la realización del Congreso de la Patria, activado este mes. Esa técnica de agitación ha sido aplicada en varias ocasiones desde que Maduro llegó al poder. En 2014 se llevó a cabo el Congreso del PSUV, luego el del Polo Patriótico y después se activaron consejos presidenciales de sectores sociales. Tras la derrota del 6 de diciembre de 2015 (6-D), se llamó una vez más a la reunión de partidarios.

Los riesgos

A pesar de que el chavismo controla buena parte de la maquinaria del Estado y la utiliza a su favor para difundir sus mensajes y neutralizar las acciones de la oposición, existe un rival muy fuerte que ya ha derrotado al movimiento recientemente y amenaza con sacarlo del poder: la crisis económica, que pasó factura en las elecciones parlamentarias del 6-D y casi noqueó al presidente, quien hoy lucha por mantenerse en pie.

“La Agenda Bolivariana y las medidas anunciadas recientemente son sólo paños calientes que no resolverán los múltiples desequilibrios que presenta la economía. Junto con las reuniones con empresarios, son sólo una forma de ganar tiempo y tener algún oxígeno para terminar el año”, advierte el economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica.

En lo que va de 2016, Maduro ha anunciado por televisión 32 estrategias o mecanismos para afrontar la crisis, reveló un monitoreo hecho para este análisis. Aparte de la Agenda Bolivariana, destacan propuestas como una corporación que aglutine a todas las empresas públicas o la “Operación Ataque al Gorgojo” para acabar con la corrupción en las cadenas de distribución del Estado.

“Lo que se necesita en este momento es resolver el problema del diferencial cambiario; atacar la inflación y la escasez reactivando el aparato productivo; recortar el déficit reduciendo el tamaño del Estado con un programa de privatizaciones y diseñar una política social debido a que estas medidas dejarán vulnerable a un sector de la población”, sostiene Oliveros.

Ante el objetivo principal de evitar una mayor caída de la popularidad y un aumento incontrolable del descontento, Maduro parece haber decidido postergar esas decisiones. Dentro de esta estrategia, si el chavismo espera un año tendría mayores garantías de mantener el poder por al menos dos años más mientras que las nuevas medidas surten efecto.

“La apuesta de ellos es que la crisis quede estacionada este año. Eso dependerá de que no empeoren demasiado la disponibilidad de alimentos, los servicios públicos o la inseguridad. Para que haya una protesta pública efectiva se necesita una conducción de la MUD y que la gente no tenga miedo de salir a la calle, cosas que por ahora no se están viendo”, señala Ramírez. Pero el analista agrega que esa jugada no le servirá eternamente al chavismo: “Con una crisis como la actual no hay forma de que ganen una elección con la mayoría de los votos en los próximos dos años”.

Por consiguiente, en 2017 sí podrían empezar a surgir presiones internas para que Maduro ceda la presidencia a otro dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) sin necesidad de que haya elecciones. Si la población asociara ese cambio a una mejora de la economía, el chavismo pudiera refrescar su imagen. El presidente ha emprendido acciones en los últimos meses para evitar que esas presiones internas puedan influir sobre él. A principios de 2016 designó nuevos coordinadores del partido en cada estado. La mayoría son figuras cercanas a él.

Tras ganar las presidenciales de 2013 por apenas 1.49 puntos porcentuales, muchos apostaban a que el mandato de Maduro duraría poco. Sin embargo, ya completó la mitad del periodo. Hoy, una parte importante de la población espera su salida, mientras el jefe del Estado idea maneras de sobrevivir en el poder y el futuro es de difícil pronóstico. El Nacional

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