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La noche de gloria y victoria de Donald Trump confirmó ayer que su carrera hacia la nominación presidencial por el Partido Republicano se ha convertido en una avalancha de sorpresas marcadas por la ambición, las amenazas, los insultos y una guerra soterrada contra el establishment del partido que lo ve al mismo tiempo como una promesa y una amenaza para recuperar la Casa Blanca.
Desde la acera de enfrente, la demócrata Hillary Clinton volvía a mostrar ayer músculo en los estados del sur gracias al apoyo del voto negro e hispano, con la excepción de Oklahoma, Colorado, Minnesota y Vermont, donde su adversario Bernie Sanders consiguió demostrar que no sólo es capaz de mantenerse con vida, sino que además seguirá poniendo en aprietos el avance de Clinton.
Tras la intensa jornada del supermartes, tanto Trump como Clinton consiguieron cosechar entre 50% y 80% de los delegados en juego (865 en el caso demócrata y 595 en el caso de los republicanos) para imprimirle a su victoria carácter de casi irreversible.
Los triunfos de Donald Trump confirmaron que quienes lo consideraban “una broma” ocho meses atrás, tendrán que aceptar a partir de hoy su condición de “inevitable” de cara a la convención del Partido Republicano en julio próximo en la ciudad de Cleveland, Ohio, donde el magnate podría tener una cita con la historia, o con el abierto rechazo de los miembros más importantes del partido que se siguen resistiendo a su candidatura.
“A partir de ahora, el más importante reto de Trump es conseguir el reagrupamiento de todo el partido en torno a su candidatura y acallar las voces que hablan de franca revuelta en su contra”, aseguró Geoffrey Skelley, de la Universidad de Virginia. “Sin duda alguna, una cita importante es el próximo 15 de marzo en Florida. Si consigue ganar ese estado, el partido no tendrá más remedio que respaldarlo”, añadió Skelley.
En el caso de Hillary Clinton, quien ayer mismo se trasladaba a Florida para preparar la próxima fase de su campaña, su victoria confirmaba el apoyo del voto negro e hispano en estados del sur como Texas, Alabama, Tennessee o en Georgia.
“Claramente el mayor problema de Hillary es que sigue sin generar el entusiasmo necesario dentro de toda la base demócrata, particularmente los jóvenes, que fueron un factor crítico en la coalición electoral que llevó a Obama dos veces a la Casa Blanca”, consideró Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute, al enfatizar el enorme reto de la primera mujer que aspira a conquistar la Casa Blanca en noviembre próximo.
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