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Turistas pasean en un auto antiguo frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana. Los días lunes y martes, Obama estará en la isla para reunirse con el presidente Raúl Castro, pero también con líderes de la oposición (ALEXANDRE MENEGHINI. REUTERS)

Los riesgos de la apertura económica en Cuba

18/03/2016
03:40
José Meléndez / corresponsal
La Habana
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Lugareños vistiendo camisetas con el lema “I love USA” deambulan hoy por La Habana, algo impensable hace décadas. Sin embargo, conforme avanza la normalización de las relaciones con Washington, los cubanos quieren más y el gobierno está decidido a mantener el control

Las viejas generaciones de castristas y anticastristas, que acumulan más de 57 años de odios y resentimientos mutuos, siguen muriendo en ambos lados del estrecho de La Florida y dejando en el pasado una radical intolerancia mutua, comunista o anticomunista. Nuevas generaciones que se exhiben en cualquier ciudad cubana usando camisetas con mensajes de “I love USA” y la bandera estadounidense, empiezan a dominar la comunicación en ambas orillas del estrecho.

Por décadas, tras el triunfo en 1959 de la Revolución Cubana, y conforme crecían los pleitos políticos e ideológicos en ambas vías, mostrarse en la isla con la bandera de EU era signo de traición.

La revolución socialista está inmersa en una apertura económica, afinada en 2011 y en marcha desde 2009 y 2010. Pero la intensidad de esas reformas es un operativo a veces lento en un país que aguarda expectante un histórico acontecimiento: la visita a Cuba del presidente de EU, Barack Obama, del 20 al 22 de marzo próximos. “Soy optimista sobre el futuro de Cuba”, dijo la bloguera y opositora cubana Yoani Sánchez, al advertir que la apertura económica creará contradicciones con el “capitalismo de Estado” y provocará que la población presione y pida “más y más”.

Aunque persisten la violación a los derechos humanos y hay presos políticos por pedir libertad, las reformas económicas son “una apuesta muy arriesgada, porque las pequeñas cuotas de flexibilización que nos dan crean apetito en las personas, que quieren más”, dijo la disidente a EL UNIVERSAL.

“Esto es como esas casas de La Habana Vieja que están a punto de desplomarse por su deterioro, con vigas oxidadas, balcones reventados, fachada descolorida, techo abofado”, contó. “Esa casa sobrevivió a huracanes, vientos fuertes, lluvias y sol intenso durante años. Y un día a alguien se le ocurre cambiarle un tornillo dañado a una puerta y la casa se desploma. Eso es el sistema cubano: demasiado tiempo anquilosado, cerrado en sí mismo, sin moverse y estos pequeños tornillos que se le están trabando pueden provocar el derrumbe”, relató.

Aunque la manija económica sigue bajo poder estatal, el impacto de la apertura se refleja en los “cuentapropistas”, trabajadores del pequeño sector privado, principalmente de gastronomía, transporte de pasajeros y de carga o alquiler de viviendas.

El número de cubanos autónomos o con negocios de cuenta propia aumentó de 441 mil 109 en diciembre de 2013 a 504 mil 613 en mayo de 2015, según el Ministerio de Trabajo de Cuba.

Otra velocidad. En la normalización de nexos anunciada por EU y Cuba en diciembre de 2014, y pactada tras 18 meses de pláticas secretas y más de medio siglo de pleitos bilaterales, la negociación económica entre La Habana y Washington avanza con rapidez. Pese a que persiste el embargo (comercial, económico y financiero) que Washington impuso en 1962 a Cuba, ambas partes han avanzado en distintos arreglos clave, como los recientes acuerdos para establecer 110 vuelos diarios de aerolíneas comerciales estadounidenses a la isla o instalar una fábrica de una firma de EU en suelo cubano.

A finales de enero, Obama anunció un paquete de medidas que reco noce parcialmente al Estado cubano (y no sólo al sector privado) como operador comercial, elimina restricciones al pago y financiamiento de exportaciones no agrícolas, facilita el acceso a información y telecomunicaciones y permite la exportación a Cuba de insumos de seguridad aeronáutica.

A todos esos cambios se unen la flexibilización de reglas para que los estadounidenses viajen a Cuba y la expectativa de que Obama anuncie en su visita la aprobación para que una transnacional de EU que es gigante de la hotelería mundial se instale en ese país o la eliminación de trabas comerciales.

En su editorial del pasado 8 de marzo, el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista, insistió en que para normalizar relaciones con EU “será determinante” que se levante el bloqueo, al que culpó de “privaciones al pueblo cubano y es el principal obstáculo para el desarrollo de la economía de nuestro país”.

El viaje a la isla, añadió, “será una oportunidad” para que Obam a “aprecie directamente una nación enfrascada en su desarrollo económico y social, y en el mejoramiento del bienestar de sus ciudadanos”.

Mientras algunas piezas de la cuestionada estructura de economía de total predominio estatal creadas luego de 1959 son desmontadas para permitir que los cubanos tengan empresas privadas o que capitalistas extranjeros inviertan en el país sin obligarles a pactar alianzas accionarias con el régimen, el aparato político de partido único —el Comunista— sigue intacto. Por eso, una palabra sigue siendo clave: control… sin términos medios.

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