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Roma.— “Una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión”, aseguró ayer el papa Francisco en la homilía de la misa con la que dio inicio en el Vaticano al sínodo de obispos dedicado a la familia.
En el mensaje, defendió el matrimonio entre un hombre y una mujer para siempre, aunque también dejó espacio para quienes fracasen en el intento.
“Este es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación recíproca”, dijo y recordó las palabras del Evangelio según San Marcos en las que se dice que “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
“Esto significa que el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre”. Sin embargo, reconoció también que puede haber fracasos, y que la Iglesia tiene la tarea de ser el “buen samaritano de la humanidad herida”.
Hasta el 25 de octubre un total de 270 obispos y cardenales de todo el mundo debatirán sobre temas en torno al matrimonio y la familia en la Iglesia católica. Entre otros se abordarán también cuestiones difíciles como la posición respecto de los divorciados vueltos a casar, los homosexuales, la anticoncepción y el aborto.
El sábado el prelado vaticano Krzysz- tof Charamsa, de origen polaco, sorprendió al anunciar públicamente su homosexualidad y presentar a su pareja, de origen catalán, con el objetivo, declaró, de llamar la atención del sínodo. El funcionario era hasta ahora secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional, adscrita a la Congregación para la Doctrina de la Fe, además de dar clases de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana.
Tras su revelación en una entrevista con un medio, el Vaticano anunció que no podrá seguir ejerciendo sus tareas y lo criticó por decidir dar a conocer su situación justo antes del sínodo.
Francisco también lamentó que “son cada vez más las personas que se sienten solas, y las que se encierran en el egoísmo, la melancolía, la violencia destructiva y en la esclavitud del placer y del dios dinero”. Al término del Angelus, recordó a los numerosos niños que sufren hambre, guerra y pobreza, en alusión a la crisis de los refugiados.
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