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Ciudad del Vaticano.— El papa Francisco resaltó la necesidad de pensar en que “hoy es tiempo de la misericordia”, por lo que llamó a no caer en tentaciones como la “espiritualidad del espejismo”, al clausurar con una misa un histórico encuentro de obispos, quienes aprobaron una importante nueva directriz que da la bienvenida a la Iglesia a católicos divorciados y casados de nuevo por lo civil.
El Pontífice agradeció a los asistentes al encuentro, entre los que estuvieron los mexicanos Alberto Suárez Inda, Francisco Robles Ortega y Norberto Rivera Carrera, así como el arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes.
Los 270 obispos que participaron en la reunión, celebrada entre el 4 y el 25 de octubre, debatieron temas relacionados con el matrimonio y la familia. El documento final promueve una mayor apertura pero sólo de forma cautelosa y apenas menciona el tema de la relación con los homosexuales. “Ha sido arduo, pero ha sido un verdadero don de Dios, que seguramente traerá muchos frutos”, señaló Francisco en su mensaje del Ángelus después de la misa.
En la homilía, el Papa hizo un llamado a la apertura con su interpretación de las lecturas del Evangelio. Resaltó que la palabra de Dios “dice que el primero en querer caminar junto a nosotros, a querer hacer sínodo con nosotros, es el Padre. Su sueño es el de formar un pueblo, reunirlo y guiarlo hacia la tierra de la libertad y de la paz. Y este pueblo está hecho de familias: están la mujer embarazada y la parturienta; es un grupo que mientras camina lleva adelante la vida y que no excluye a los pobres y a los desfavorecidos”.
El documento final, aprobado el sábado, dejó muchas cuestiones sin resolver. Por ejemplo, defiende una mayor apertura hacia los divorciados vueltos a casar, pero no aborda de manera directa la cuestión de si pueden o no comulgar, y subraya que los homosexuales deben ser respetados, pero descarta una equiparación de las uniones gay con el matrimonio entre un hombre y una mujer.
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