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México-Canadá, una relación sin reflectores

Pese a que ambos países son socios en el TLCAN y su intercambio comercial se disparó en las últimas dos décadas, sus vínculos pasan desapercibidos
Stephen Harper, del Partido Conservador; Justin Trudeau, del Partido Liberal; Thomas Mulcair, del Partido Neodemócrata (REUTERS Y AP)
18/10/2015
03:50
Pierre-Marc René / Enviado
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Montreal

Los canadienses eligen mañana a su nuevo gobierno tras una década del Partido Conservador en el poder, que dañó la relación con México con la imposición, desde julio de 2009, de la visa para los turistas mexicanos. Esta elección, cuya campaña es la más larga en la historia del país —duró 78 días en total—, es disputada por tres partidos fuertes: los conservadores, los liberales y los neodemócratas.

Si bien las encuestas y los expertos en política difícilmente pueden predecir quién entre Stephen Harper (Partido Conservador y actual primer ministro), Justin Trudeau (Partido Liberal) y Thomas Mulcair (Partido Neodemócrata) será elegido como el próximo primer ministro canadiense para los siguientes cuatro años, todos creen que será un gobierno minoritario.

“A nivel político, estuvimos en una década conservadora desde 2006. No sé si saldremos de ella. Hasta el año pasado, el gobierno conservador tenía una aceptación alta, pero este año vimos a los liberales y los neodemócratas subir y estamos ahora en una carrera política de tres partidos para esta campaña electoral”, explica Frédéric Boily, politólogo y profesor en la Universidad de Alberta.

Al arrancar la campaña electoral, el pasado 2 de agosto, los neodemócratas estaban arriba en las encuestas, seguidos por los liberales y luego por los conservadores, pero en los últimos días de la campaña los liberales estaban en la primera fila.

Para Marco Navarro-Génie, politólogo y presidente del Atlantic Institute for Market Studies, un think tank que provee información sobre la percepción de la población en las provincias del Atlántico canadiense sobre temas económicos, políticos y sociales, la campaña electoral ha sido diferente de las que el país ha tenido antes debido a que ha durado el doble de tiempo y se lanzó en pleno verano, lo que no se acostumbra en Canadá, debido a las vacaciones estivales.

“Siempre hemos tenido campañas con dos partidos fuertes, pero en esta elección hay realmente tres partidos que están pugnando y que están siendo respaldados por los electores de manera prácticamente igual y las encuestas lo confirman. Existe una gran probabilidad de que el próximo gobierno sea minoritario por esta lucha entre tres partidos”, explica.

La campaña empezó de manera difícil para el equipo del premier Harper, pues existe un proceso judicial contra un senador conservador, Mike Duffy, por un escándalo político de gastos ilegales que implica también al ex jefe del gabinete del mandatario canadiense, Nigel Wright. “En medio de eso hay un proceso judicial contra un senador y posiblemente habrá otros. Hay elementos o focos en el país que están alcanzando al primer ministro y que están en contra de él. Hay otros sectores que van relativamente bien”, indica Navarro-Génie.

La campaña se ha centrado en la economía debido a la recesión en el país, la debilidad del sector manufacturero y la desaceleración de la industria energética, fuertemente afectada por la caída del precio del petróleo. El medio ambiente, la salud, el envejecimiento de la población y la legalización de la mariguana también han sido temas que destacaron en los últimos 77 días.

“Estamos en recesión y el tamaño de ésta no lo sabemos. La gente está preocupada por la economía y por los empleos. La gente ve el sistema de salud deficiente. No nos estamos dando cuenta de que tenemos una especie de bomba demográfica porque la población está envejeciendo, estamos procreando menos y tenemos menos hijos. Esa gente que envejece tiene necesidades cada vez más grandes del sistema de salud”, dice Navarro-Génie.

El equipo conservador, sin embargo, se ha enfocado especialmente en la seguridad nacional y el combate al terrorismo, aunque fue el tema del uso del niqab (velo) por las mujeres musulmanas en Canadá, lo que impulsó a este partido en las últimas semanas, por su propuesta de abolirlo.

Una relación sin reflectores

Pese a que Canadá y México son socios económicos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), poco se dice de la nación de la hoja de maple. Prácticamente sólo se habla de la imposición de la visa a los mexicanos por parte del gobierno de Harper y de la caza de focas, que ha generado fuertes críticas a nivel internacional. En Canadá, la atención de los medios hacia México se centra en la situación de la violencia, los derechos humanos y el narcotráfico.

Cabe recordar que con la entrada en vigor del TLCAN, en 1994, el comercio entre México y Canadá pasó de dos mil 738 millones de dólares en 1993 a 20 mil 759 millones de dólares en 2014. Este año, los intercambios comerciales entre ambos países alcanzaron 11 mil 897 millones de dólares entre enero y julio, según datos de la Secretaría de Economía (SE).

Para Christian Deblock, economista y director de investigación en el Centro de Estudios sobre la integración y la mundialización (CEIM) de la Universidad de Québec, en Montreal (UQAM), el gobierno conservador ha tenido relaciones “execrables” con Estados Unidos y especialmente con México, pues considera inaceptable la imposición de la visa a los turistas mexicanos, particularmente en el contexto del TLCAN. “Nunca hemos tenido tan malas relaciones con Estados Unidos desde el gobierno de Harper. Con México, no podría decir que tenemos
relaciones execrables porque simplemente no tenemos. No nos hablamos. En Ottawa, lo que buscamos es tener relaciones con EU y dejamos a México. Algo cambió con este gobierno”, dice.

En ese sentido, el candidato liberal, Justin Trudeau, dijo en la campaña electoral que un gobierno suyo eliminaría la visa para los turistas mexicanos porque considera que los ciudadanos de ambos países deberían poder moverse libremente y sin obstáculos por ser socios del TLCAN. También rechazó el argumento de los conservadores de que México no es una fuente de solicitantes de asilo legítimos. “Debemos asegurarnos de que Canadá acepta los refugiados provenientes de todas partes del mundo y que huyen todo tipo de persecuciones”, ha dicho Trudeau.

No obstante, la economía y la seguridad nacional han sido los principales temas de la agenda del gobierno conservador, que trabajó en la reducción del intervencionismo estatal y de la carga fiscal de todas las dependencias federales, así como en el fortalecimiento de las fronteras y del sistema de migración. En cuanto a la política internacional, Harper impulsó la militarización de la diplomacia, dejando de lado la labor del país en las misiones de paz. También se enfocó en el comercio, con las negociación de varios convenios comerciales, como el Acuerdo Transpacífico (TPP).

“Antes se hablaba de Canadá por su participación en las misiones de paz y a los conservadores no les gustaba eso. Se involucraron más en el plan militar. Tomaron el lado de Israel, en lugar de tener un discurso más neutro sobre las cuestiones entre Israel y Palestina, por ejemplo”, comenta Boily.

Dice que hasta la migración tiene otra perspectiva para el gobierno de Harper, pues su equipo se concentró especialmente en la necesidad económica del país de atraer a los migrantes, aunque el sistema, que siempre ha sido selectivo, se había enfocado en la parte humanitaria en el pasado.

“El canadiense sabe que hay una necesidad de traer a migrantes al país en ciertos sectores donde no hay gente para trabajar y para colmar estas necesidades. A pesar de ello, parece que sí hay algunos abusos laborales en ese sistema de trabajadores temporales, aunque en general ese programa ha sido bastante exitoso”, dice por su parte Navarro-Génie.

Desde otro punto de vista, Deblock considera que Canadá ha sido idealizado por su naturaleza, prosperidad económica y su estabilidad política y social, aunque ha cambiado en los últimos años, pues si bien es cierto que es un país de recursos naturales, el gobierno canadiense ha sido fuertemente criticado por EU y Europa por no cumplir con sus obligaciones ambientales.

Muchas personalidades internacionales, resalta Boily, fueron a Alberta para denunciar la industria de las arenas bituminosas para la producción de petróleo. “Es cierto que en Canadá hay riqueza, estabilidad social, pero no es un paraíso y el hecho de que en América Latina se vea a Canadá como un país paradisíaco es porque en la región nos hace falta estabilidad económica, social y política”, concluye Navarro-Génie.

Mañana se sabrá si los canadienses optarán con la continuidad al elegir nuevamente a los conservadores o si darán prioridad al cambio que los liberales y neodemócratas han propuesto.

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