Obama emprende lucha contra el cambio climático

Lanza campaña para reducir en 32% contaminantes hacia 2030. Republicanos advierten que iniciativa costará miles de empleos
El presidente Barack Obama presentó ayer un programa para luchar contra el efecto invernadero (JONATHAN ERNST. REUTERS)
04/08/2015
02:02
J. Jaime Hernández / Corresponsal
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Washington.— Barack Obama inició ayer la que quizá sea una de sus más difíciles batallas a favor de la reducción de un tercio de las emisiones de dióxido de carbono hacia 2030.

“Ya sé que nos enfrentamos a los intereses creados y a sus aliados en el Congreso”, dijo Obama en alusión a los ejércitos de las grandes corporaciones petroleras y al grupo de líderes políticos afines a sus intereses.

“Van a decir que nuestro plan va a destruir millones de puestos de trabajo”, prosiguió al señalar que a su lado tiene a la mayoría de la opinión pública y a personalidades como el papa Francisco, quien se ha manifestado a favor de la reducción de gases contaminantes.

“Como ya lo dejó en claro el papa Francisco en su encíclica de este verano, la lucha contra el cambio climático es una obligación moral”, subrayó Obama en el inicio de una campaña a nivel federal para sumar el mayor número de voluntades y aliados en todos y cada uno de los 50 estados de EU.

“En el curso de los próximos años todos y cada uno de los estados podrá implementar su propio plan para reducir emisiones porque cada uno tiene su propia composición en cuanto a la generación de energía”, dijo Obama en alusión a los lugares que dependen más del carbón o del gas.

Actualmente, la energía eléctrica generada a partir del carbón supone 37% a nivel nacional; 30% proviene del gas natural, 19% de plantas nucleares, 7% de fuentes hidráulicas y 5% a partir de energías renovables.

“Durante los próximos días van a escuchar que mi plan es una guerra declarada contra el carbón”, dijo Obama al asegurar que lo que no dirán es que la industria del carbón va en franco declive con una pérdida gradual de fuentes de empleo y con problemas relacionados con la salud de sus trabajadores.

En este sentido, el presidente aseguró que las nuevas metas para reducir en un 32% las emisiones de dióxido de carbono hasta 2030 en relación a las que se registraron en 2005, es una apuesta a favor de la salud.

“Hoy en día la posibilidad de que un niño sea ingresado en un hospital por problemas de asma es el doble de lo que era hace varios años. Y hoy también las posibilidades de que un niño de origen hispano muera de asma es de 40%”, añadió Obama.

“Sólo tenemos un hogar. Un planeta. Y no tenemos un plan B”, dijo el presidente en alusión a los efectos del calentamiento global en forma de sequías, tormentas e inundaciones.

Nada más trascender los planes del mandatario contra la emisión de gases contaminantes, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, prometió hacer todo lo que esté a su alcance “para combatir las regulaciones emitidas por la administración Obama”.

Las acciones “nos van a costar miles de puestos de trabajo y sólo conseguirán subir las facturas de electricidad de millones de hogares y negocios”, añadió McConnell.

Contra el plan del mandatario se sumaron ayer los aspirantes republicanos a la Casa Blanca, el ex gobernador de Florida, Jeb Bush, y Marco Rubio.

“La propuesta de Obama es una gran irresponsabilidad porque afectará a millones de personas que podrían perder sus trabajos o elevar los costos de la energía”, consideró Bush. “Los efectos serán catastróficos”, dijo Rubio.

Según los cálculos de la Casa Blanca, la reducción de un 32% de las emisiones de dióxido de carbono (en relación al 2005) se traducirá en beneficios no sólo para la salud de millones, sino que también supondrá un ahorro de aproximadamente 155 mil millones de dólares entre 2020 y 2030. Además, según la administración de Obama, cada familia en Estados Unidos se ahorrará aproximadamente 85 dólares al año en su factura de energía hacia 2030.

El anuncio promete el inicio de una feroz batalla en el último tramo de la presidencia de Obama, en la que se enfrentará a los poderosos grupos de interés que insisten en presentar el calentamiento global como un fenómeno natural.

Entre los principales enemigos del proyecto se encuentran los hermanos Charles y David Koch, los dueños de un imperio petrolero que ha hecho de las refinerías y de la industria química su principal fuente de ingreso y poder.

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