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Análisis: Una alianza fructífera

El cambio climático, la agenda de desarrollo post-2015 y el problema de las drogas son ejemplos de los desafíos comunes
10/06/2015
02:02
Bruselas, Bélgica
Federica Mogherini
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El 10 y 11 de junio, los líderes de América Latina, el Caribe y Europa se reúnen en Bruselas para la Cumbre UE-CELAC. Dicha cumbre congregará a 61 estados, lo que representa más de mil millones de personas.

Desde la primera reunión en 1999 hemos mantenido encuentros birregionales cada dos años. Hemos logrado mucho. Hemos adoptado un Plan de Acción con objetivos concretos en áreas de relevancia para ambas regiones. Hemos establecido diálogos birregionales formales abarcando desde la investigación a la migración y la lucha contra las drogas. Hemos completado acuerdos de asociación que comprenden capítulos de diálogo político, comercio y cooperación, con 26 de los 33 países de la CELAC. Hemos creado una Fundación UE-ALC que encarna la relación entre nuestros pueblos dentro de nuestra asociación. Tenemos una base sólida que nos permite mirar hacia el futuro. Ahora nuestro diálogo necesita reforzar las relaciones a nivel formal e institucional mirando hacia adelante.

Europa, América Latina y el Caribe comparten una herencia cultural basada en siglos de historia común. Y lo que es más, compartimos los mismos valores y visión del mundo. Creemos en un orden mundial basado en la cooperación, el regionalismo y el multilateralismo. Creemos en la lucha contra la desigualdad como tema central de cualquier diálogo político. Personalmente, doy la máxima prioridad a nuestra relación birregional: desde que asumí este cargo hace algunos meses he visitado la región tres veces, y tengo la intención de seguir trabajando esforzadamente por nuestra asociación. Participé en la Cumbre de la CELAC en Costa Rica, en la Cumbre de las Américas en Panamá, y estoy constantemente en contacto con la mayoría de los líderes de la región. He viajado por América Latina y el Caribe, y pienso seguir haciéndolo. Permítanme recordar mi reciente viaje a Cuba, el primero de un alto funcionario de la UE, en el que hice patente mi compromiso personal por dar un nuevo impulso a nuestras negociaciones bilaterales.

No es solamente un tema político: nuestra asociación con América Latina y el Caribe no sólo ha acercado a nuestros países, también está impactando de forma real en la vida de nuestros pueblos. Tomemos el ejemplo de Isaac, un estudiante mexicano quien hizo su maestría en Suecia y ahora realiza su doctorado en Italia, o de Julie, una estudiante belga que participó en un programa de intercambio en México D.F. En los próximos años, a través del programa Erasmus+, la UE financiará más de seis mil acciones de movilidad y proporcionará 3 mil 500 becas, permitiendo a muchos estudiantes universitarios latinoamericanos estudiar en el extranjero.

Tomemos también el ejemplo de las muchas empresas de América Latina y el Caribe que, gracias al programa AL-INVEST, que apoya la internacionalización de las PYMEs, han generado más de 20 mil puestos de trabajo directos.

La UE es también el principal inversor extranjero directo en toda la región, con más de 505 mil millones de euros. Esto genera empleo, aumenta la productividad y aporta valor añadido. Pero este flujo es cada vez más bidireccional, lo que demuestra la madurez de nuestra asociación.

En otros temas el impacto de nuestra asociación puede ser menos evidente en el corto plazo, pero no menos relevante. El cambio climático, la agenda de desarrollo post-2015 y el problema de las drogas son sólo tres ejemplos de los desafíos comunes en donde podemos y debemos converger. Con casi un tercio de los miembros de la ONU, nuestras dos regiones pueden impulsar una verdadera agenda de cambio. Nos necesitamos mutuamente, porque juntos podemos lograr mucho más que separados mediante un multilateralismo más equitativo y eficaz.

Cuando sentimos que nuestros valores comunes son cuestionados en otras partes del mundo, cuando el radicalismo y el extremismo amenazan a nuestras sociedades abiertas y multiculturales, cuando la guerra aún persigue a muchas personas en el mundo, cuando miles de personas huyen de sus hogares y arriesgan sus vidas buscando una vida mejor, debemos unir nuestros esfuerzos para superar estos problemas. Los europeos deseamos una cooperación cada vez más estrecha con nuestros socios latinoamericanos y caribeños.

Nuestras dos regiones y el mundo han cambiado enormemente en estos últimos dieciséis años. América Latina y el Caribe han crecido, resuelto conflictos internos, consolidado su gobernabilidad democrática, sacado a millones de la pobreza y apostado a la integración regional. Estamos orgullosos de que nuestra relación ha contribuido a lograr estos cambios positivos. Necesitamos ahora adaptarla a los años que vendrán y a los nuevos tipos de desafíos que tendremos que enfrentar, convirtiéndola en una alianza para las próximas generaciones. Es por ello que hemos puesto la prosperidad, la cohesión y la sostenibilidad en el centro de la agenda para la Cumbre de este año. Para tener éxito, debemos involucrar a todos los sectores y niveles de nuestras sociedades en nuestro esfuerzo común para ampliar y profundizar la red de relaciones birregionales.

Este es nuestro objetivo para la Cumbre UE-CELAC de Bruselas y para los próximos cinco años.

 

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