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El conflicto que cambió al mundo

Un análisis de la herencia que dejó la Segunda Guerra Mundial
Un soldado ondea la bandera soviética en lo alto del Reichstag, en Berlín, en esta imagen legendaria captada por el fotógrafo del Ejército Rojo, Yevgeny Khaldei (YEVGENY KHALDEI / AP / ITAR-TASS)
10/05/2015
03:27
Jean Meyer
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En la noche del 8 al 9 de mayo, hace 70 años, la Alemania nazi capituló sin condiciones. Para Europa occidental era el fin de la guerra y mis padres, en Francia, festejaron con alegría. En el Pacífico, Japón resistió unos meses más y no aceptó la derrota sino después de sufrir dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. La Unión Soviética aprovechó esas últimas semanas para invadir Manchuria, el sur de la gran isla de Sajalin, las islas Kuriles y el norte de Corea. En Europa oriental y central, muchos sintieron que el invasor alemán había dejado su lugar al soviético.

Saldo

Al final de la Segunda Guerra Mundial, mejor dicho al final de la Guerra de Treinta Años que había empezado en 1914, se define un momento esencial en la historia del mundo. Después de una experiencia tremenda, se liquidan viejos problemas, se conforman nuevos problemas y no tarda a empezar la “Guerra Fría”. Experiencia tremenda, porque la historia de Europa y del Extremo Oriente alcanzó cumbres en el horror; es cuando Raphael Lemkin forja la palabra genocidio para definir la naturaleza del crimen de los crímenes, la voluntad ejecutada de eliminar físicamente todo un grupo, una nación, una religión, una etnia. Judíos y gitanos, bielorrusos, polacos, ucranianos, chinos, filipinos y otros más fueron víctimas de esa negación del hombre por el hombre.

Millones de hombres, mujeres, niños fueron así masacrados. Los bombardeos masivos de las ciudades mataron cientos de miles de civiles en violación abierta de las leyes de la guerra. El espanto causado por las dos bombas atómicas hizo olvidar ese crimen.

La tragedia costó entre 40 y 50 millones de víctimas y el número de civiles muertos rebasa ampliamente el de los militares. Europa, teatro de los combates más largos y violentos, fue el continente más devastado con 30 millones de muertos: 15% de la población de Polonia, Bielorrusia, Ucrania, 10% en Yugoslavia. Ocho millones de chinos perecieron y tres millones de japoneses. En 1945, la liberación de los campos de concentración nazis hizo descubrir un infierno inimaginable que causó un profundo traumatismo cuyos efectos se sienten hasta hoy.

Inútil insistir sobre las destrucciones materiales gigantescas en Europa y Japón, pero hay que mencionar que la guerra estimuló la investigación científica y tecnológica, acelerando la ciencia atómica para bien y para mal: radar y antibióticos, electrónica y computadoras, cohetes y aviones con reactores, la lista sería muy larga.

Un mundo nuevo

Europa es la principal víctima de la guerra que empezó como una guerra civil suya; su eliminación del escenario hace de Estados Unidos y de la URSS los árbitros del mundo de la posguerra. La URSS goza de un gran prestigio y ocupa militarmente todo el este de Europa, mientras que EU se vuelven los financieros y protectores de Europa occidental. Al este, las modificaciones de fronteras entre Alemania, Polonia y sus vecinos provocan gigantescos desplazamientos de población.

Japón pierde todas sus conquistas de los últimos cincuenta años y siete millones de japoneses tienen que refugiarse en el archipiélago nipón. Ocupado por EU, Japón debe aceptar una verdadera revolución política y cultural.

EU que no han olvidado que nacieron como insurgentes contra un imperio colonial empuja, con resultados diversos, a los europeos a renunciar a sus colonias. Inglaterra es la primera en entender que se acabó el tiempo de los imperios y prepara la independencia de las Indias; Holanda, después de una resistencia inicial, se resigna a abandonar Indonesia; Bélgica, Francia y Portugal tardarán más en entender el veredicto de la historia, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.

En el optimismo que provoca el final del conflicto, la voluntad de mantener una paz duradera lleva a la creación de la Organización de las Naciones Unidas. Para no repetir su error de 1919, cuando no quisieron entrar en la Sociedad de las Naciones, EU juega un papel decisivo en la fundación de la ONU, entre 1942 y 1945. Que la sede esté en Nueva York es todo un símbolo. Por desgracia, la rivalidad entre las dos superpotencias, en el marco de la Guerra Fría, no tarda en paralizar el Consejo de Seguridad que debe acatar la regla de la unanimidad. De fracaso en fracaso, la ONU pierde la importancia que debió de tener. Así, no puede poner fin a la guerra civil en China, tampoco resolver en el Medio Oriente el conflicto entre el joven Estado de Israel y sus vecinos, ni evitar la guerra de Indochina que implica a los franceses y, años después a los estadounidenses, tampoco la de Corea (1950-1953, sin firma de paz hasta el día de hoy).

Mientras, EU y la URSS construyen sus sistemas de alianzas políticas y militares e intentan ganarse a los que quieren mantenerse neutrales.

Es en ese sentido que se puede decir que la Segunda Guerra Mundial definió el futuro del medio siglo siguiente, por lo menos hasta la desaparición no violenta de la Unión Soviética. Pero el mundo, hasta la fecha, sigue sufriendo las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, la que destruyó los imperios: los Balcanes, el Cáucaso, el Medio Oriente pagan un precio muy alto por la desaparición del imperio otomano y del imperio de los Habsburgos.

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