“Me voy por mis hijos; hay que hacer sacrificios”

Fernando Herrera relata que tras ser deportado, lo intentaría otra vez
Fernando Herrera comenta que pese a estar en EU indocumentado, conocía sus derechos, e incluso, pagaba sus multas. FOTO: Germán Espinosa
14/02/2017
01:10
Eduardo Hernández
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Fernando Herrera había vivido en los Estados Unidos desde hace más de 17 años sin documentos, salió e ingresó al país en varias ocasiones, nunca lo habían agarrado, pero el pasado mes de septiembre no corrió con la misma suerte, pues en Phoenix, Arizona, tras ser detenidos por exceso de velocidad, la policía se percató que él y otras cinco personas eran trabajadores indocumentados, por lo que fue detenido y 20 días después regresado a México.

Ha cruzado la frontera en varias ocasiones, su propósito: solventar los gastos de su familia, dos hijos y una esposa. Los dos jóvenes estudian la educación media superior, por lo que últimamente los gastos han ido aumentando.

“Yo me voy para mejorar la condición de mis hijos, me dedico a la pintura, pero allá es mejor pagada y hay que sacar adelante a la familia, uno tiene que hacer sacrificios”, explica Fernando.

Hace año y medio Fernando salió de los Estados Unidos para ver a su familia quienes viven en la delegación Gustavo A. Madero, había vivido cinco años en Phoenix sin poder visitarlos, años anteriores ya había cruzado la frontera sin tener ningún contratiempo, por lo que decidió pasar otra vez.

El día que ingresó por última vez a la Unión Americana el señor Herrera iba junto con el guía que lo ingresó, situación que hizo que estuviera más días de los pensados en prisión, pues el guía tenía que declarase culpable para que los indocumentados, entre ellos Fernando, pudieran ser repatriados a su país.

“Yo tenía un contacto en Sonora, el me pasaba muy rápido, era muy fácil, pero dejó de trabajar, tenía cruces de media hora, era rapidísimo pero ahora fue otro hombre el que me cruzó”, señala.

Detalló que la forma con la que ingresaba a los Estados Unidos era por medio de las reservas de indios que hay en país norteamericano, dónde algunos polleros tienen asociaciones para pasar personas de manera ilegal.

“Estuve en Douglas como dos días, después nos movimos para Phoenix y nos agarraron por exceso de velocidad, ahí solo tienen permitido que viajen en un vehículo máximo tres personas y nosotros éramos seis, por esa razón se dan cuenta que éramos ilegales, aunque no tienen derecho a pedirnos nuestros documentos, nos retuvieron y llamaron a migración”, recuerda el hombre.

A pesar de que nunca había sido deportado, sabe cuales son sus derechos en ese país, por lo que hacer una vida allá no se le hizo difícil, además de que tenía conocidos allá, incluso, pagaba sus infracciones sin temor a ser deportado.

“Muchos temen a lo que pueda pasar, pero siempre ha sido así, te agarran y te deportan, pero la mayoría no está informada, prefieren no pagar sus tickets porque le da miedo, pero el no pagarlos se convierte en arresto y a veces es la razón por la que son deportados”, dice Fernando.

Tras 20 días esperando a que el hombre que lo ingresó a los Estados Unidos se declarara culpable, Fernando Herrera fue llevado a Nogales, Sonora, fue entregado al consulado mexicano dónde lo apoyaron para llegar a la Ciudad de México.

“Yo no sabía de los apoyos que te dan después de ser deportado, a mi cuando me entregaron al consulado me dieron de comer, me entregaron varios volantes e información para poder vivir mejor en mi país”, afirma.

Recordó que le ofrecieron pagarle el pasaje para su regreso a la capital, el pago sería completo si esperaba el autobús y la mitad si se iba en avión, él escogió la segunda opción.

Entre la información que le entregaron estaba la relacionada con programa del seguro de desempleo que implementó la Secretaría del Trabajo de la Ciudad de México, pero además porque decían que apoyaban con maquinaria para que pudieran trabajar. Al arribar a la capital fue de inmediato a pedir mayores informes.

“Al parecer este programa no aplica para mí, porque la maquinaria que utilizo para trabajar es muy cara. El apoyo es para construir muebles, cocinas o algo así, yo genero, pinto autos, pero con el tiempo me animaré a hacer otras cosas”, detalló.

Pese a que hay otros programas en la Ciudad para los repatriados, incluso el de concluir sus estudios de media superior, Fernando está buscando la forma para poder emigrar a otro país, ya sea Estados Unidos o Canadá.

“Tengo dos hijos, van a entrar a la universidad, claro que sí volvería a intentar ingresar a Estados Unidos, pero también estoy buscando otros lados, apliqué para trabajar en Canadá, quizá y se me haga”, concluye el hombre de alrededor de 40 años de edad, quién sonríe al ser cuestionado si volvería a intentar ingresar al país vecino.

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