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Combina con blancos gallegos

La gastronomía mexicana va muy bien con los vinos blancos, especialmente si son de uva Albariño; sólo tienes que atreverte a probar
Foto: ADRIANA SILVESTRE
02/03/2017
11:31
Adriana Silvestre
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Los mexicanos generalmente prefieren probar y maridar con vinos tintos, sin embargo, la frescura y la acidez equilibrada de los blancos combinan muy bien con el clima y la gastronomía nacional. Un ejemplo son las creaciones hechas en Galicia, España, de la Denominación de Origen Rías Baixas (Rías Bajas en castellano); ahí la variedad principal es Albariño, una uva pequeña y redonda, de color dorado oscuro.

Los vinos monovarietales de Albariño presentan un color amarillo-pajizo, brillante con ribetes dorados y verdes; en nariz destacan los aromas florales y frutales finos; y en boca son frescos y suaves, con suficiente cuerpo y grado alcohólico, además de buena acidez y de amplios matices. Esto puede variar un poco dependiendo de factores, como la ubicación del viñedo y del proceso de elaboración.

Alicia Martínez Portas, sommelier de las bodegas Condes Albarei y Pazo Baion, en entrevista para Menú aseguró que “los albariños tienen una cierta acidez que es perfecta cuando la comida es un poco pesada. Hacen una sinergia positiva porque refresca, te limpia la boca, te permite seguir comiendo o bebiendo. Me sorprende que los mexicano consuman más vino tinto y casi nada vino blanco porque va muy bien con muchos de sus platillos”.

En la mesa

Para presentar tres vinos de la D.O. Rías Baixas y comprobar el buen maridaje que logran con la gastronomía mexicana, La Europea eligió el restaurante Nicos. Ahí, la tarde comenzó con Erxebre, un vino con maceración carbónica natural, es decir, no tiene agujas o burbujas, sino un proceso de fermentación para enaltecer las características de las uvas y de la región.

A diferencia de otros blancos, éste tiene crianza sobre lías de dos meses, lo cual le da más estructura y hace que pueda permanecer alrededor de tres años en botella. Para este vino, el platillo adecuado fue una tostada de pulpo con cebolla morada y cilantro.

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El siguiente vino fue Carballo Galego; su nombre se debe a que fermenta en barricas bordalesas de roble y en Galicia al roble se le llama carballo. En dichos barriles se cría durante cuatro meses, después se ensambla en contenedores de acero inoxidable, donde permanece otros cuatro meses, y finalmente se embotella, ahí también se queda en reposo tres meses. Es un vino ya pensado para la guarda que va muy bien con platillos, como la sopa seca de natas tradicional y emblemática del restaurante.

Para terminar llegó el vino Pazo Baion, el cual se hace sólo con uvas de la bodega. Su nombre se debe a que en su finca hay un palacio y a éste se le llama Pazo. Al elaborarlo se realiza una pequeña maceración, se cría seis meses sobre lías en acero inoxidable para hacerlo más redondo en boca y más largo, además de que tenga buena evolución en botella. Su mejor acompañante fue la pesca del día en mole blanco.

Sin duda, las combinaciones entre México y España dan buenos resultados. De acuerdo con la experta, “hay que arriesgarse y no limitarse en tintos para carne y blancos para pescados. Con el clima de esta y otras ciudades mexicanas hay vinos blancos súper frescos que maridan muy bien. Hay que salir de lo común”.

 

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