La revista gastronómica Lucky Peach describió a Daniela como una fuerza de energía quinética que no se puede estar quieta en su silla. Nosotros lo comprobamos al escuchar su voz al teléfono: alegre, inquieta y risueña. Ha sido una semana agitada para Daniela y su equipo en Cosme, pues este año alcanzaron el lugar 96 en la lista de los 100 mejores restaurantes del mundo. “Estoy feliz y orgullosa del equipo; el esfuerzo ha valido la pena,” relata Daniela y, en menos de cinco minutos, nos comienza a contar su historia de vida en la cocina. “Recuerdo que mi abuela me llevaba a la panadería que administraba —que se llamaba Fanu—, y yo me paraba en un banquito para observar a los panaderos.” A  los 17 años, Daniela ya sabía trabajar en todas las estaciones de un restaurante, tratando de hacer todo más rápido; para ella la  disciplina y el  respeto a un chef era lo más imporante. Luego, el tiempo, la perseverancia y la dedicación, la llevaron a coincidir con Enrique Olvera en una cena. “Es chistoso, porque esa  misma noche Enrique conoció a los socios de Cosme.” A partir de entonces, Daniela retomó sus raíces culinarias de la mano de Olvera. “Después de seis meses en Pujol, Enrique me dijo que quería que abriera su proyecto en Nueva York. A la semana, me mudé para acá,” recuerda Daniela aquel tiempo lleno de retos: estar lejos de la cocina, hacer labor de escritorio. “No  puedo estar quieta, pero los socios y Enrique creyeron en mí.”


Tiempo de ser joven
Este año, Daniela recibió uno de los mayores galardones culinarios: el premio de la fundación James Beard Mejor Chef Revelación. “No tenía idea que ganaría el premio y no estaba consciente de su magnitud. De Nueva York, fui la única mujer ganadora,” recuerda con emoción. Su primera llamada fue a su mamá y, después, el teléfono no debaja de sonar. “He recibido cartas de grandes chefs que siempre he admirado y estoy orgullosa de representar a México con lo que más me gusta.” Aunque joven, Daniela ha sabido ganarse el respeto de su equipo y sus colegas. “No importa la edad ni el género; lo importante es seguir aprendiendo.” Y el ejemplo de Daniela ya traspasa a otras disciplinas, pues este año la cineasta Emily Harrold la siguió durante dos meses para un documental que se exhibirá en el Tribeca Film Festival 2016. “Escogieron a una fotógrafa de guerra,  a una ingeniera que diseña robots y a mí. Regresé a México a cocinar con mi mamá y mi abuelita. Y yo soy la más joven pero, como dijo Picasso: se necesita más tiempo ser joven que crecer.”

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