Se encuentra usted aquí

Participación ciudadana

29/09/2017
02:11
-A +A

Los sismos son impredecibles en duración, magnitud e impacto, pero son predecibles en el tipo de daño que provocan y las emergencias que generan: destrucción y colapso de estructuras, incendios, muertos y heridos. Pasmo, confusión y desconcierto. Dolor y sufrimiento para quienes pierden a un ser querido. Angustia para quienes pierden vivienda y menaje de casa. Conmoción en la sociedad.

A quienes lo vivimos de cerca, nos consta que el sismo del 85 tuvo mayor impacto destructivo, lo que no aminora el carácter trágico de los sismos del 7 y 19 de septiembre en los que millones de mexicanos nos hemos visto afectados. ¿Qué fue diferente?

En el reciente sismo del 19 de septiembre me encontraba en un edificio en Bucareli. Todos logramos salir, asustados, pero ilesos. En 1985, sólo en la colonia Juárez, donde residía, hubo más edificios colapsados que ahora en toda la ciudad. Edificios antiguos, viejos y modernos. Ahora los edificios que vi colapsados en mi recorrido peatonal de Bucareli a Río Churubusco, eran edificios viejos y en mal estado. Después del sismo de hace tres décadas se publicó un nuevo reglamento de construcción para la Ciudad de México acorde a su condición sísmica. Algo hicimos bien. Esta es una gran noticia.

En 1985 no había celulares, internet ni redes sociales. Sólo teléfonos fijos y la mayor parte de las líneas se averiaron con el sismo. No había comunicación. Lo único que sabíamos era lo que veíamos y escuchábamos en nuestro entorno inmediato. Al ver la magnitud de la tragedia, los vecinos decidimos actuar. El edificio frente al que yo vivía estaba en el suelo. A nuestro buen entender hicimos un hoyo por un sótano y sacamos a una decena de sobrevivientes. Tuvimos suerte. La estructura resistió y la operación fue exitosa. No logramos hacer más con nuestros medios. A la mañana siguiente llegaron los trabajadores del DF a continuar la búsqueda. Este escenario se repitió en incontables sitios en la Ciudad de México. No estábamos preparados ni como gobierno ni como sociedad para enfrentar una emergencia de esta magnitud.

El escenario del 19/09/17 fue muy distinto. A los pocos minutos del sismo se restablecieron las comunicaciones. En unas horas prácticamente todos habíamos contactado a nuestra gente. Pero a diferencia del 85, ahora se generó un efluvio incontenible de información en los medios y en las redes sociales que daba cuenta de lo que sucedía. Un gran número de ciudadanos se movilizaron a las colonias más afectadas. Los almacenes se vaciaron y los centros de acopio se desbordaron con víveres y materiales. En los edificios colapsados, en pocas horas, había exceso de voluntarios.

A diferencia del 85, en estos sismos el gobierno federal salió inmediatamente a los medios de comunicación e inició el despliegue de fuerzas en los lugares más afectados. Marinos, soldados y policías fueron llegando a los lugares más críticos. Autoridades y ciudadanos se movilizaron por igual, pero los puentes de comunicación y coordinación entre ambos no estaban claros. Los voceros oficiales se multiplicaron en las zonas de desastre. Los reporteros obtenían información de cualquier fuente y los ciudadanos hacían lo propio en las redes sociales, lo que resultó en una gran movilización de energía y recursos sin destino. Al entusiasmo ciudadano siguió la frustración.

Fue clara la ausencia de un modelo previo de colaboración entre Estado y ciudadanos para enfrentar una situación de emergencia. ¿Quién organiza a los ciudadanos? ¿Quién les dice qué hacer, qué llevar y en dónde apoyar?

La solidaridad ciudadana no se traduce mecánicamente en efectividad en la acción. Los medios y las redes sociales informan, pero no organizan. Marinos, soldados y policías hacen su trabajo, pero su función no es organizar a los ciudadanos. Y los ciudadanos no estamos organizados. Sin menoscabo de todo lo que avanzamos desde el 85, aún nos queda mucho por hacer como Estado y sociedad para enfrentar, conjuntamente y con mayor eficacia, las situaciones de emergencia nacional.

 

Consultor en temas de seguridad y política exterior.
[email protected]

Director del Grupo COPPAN. Anteriormente fue Director de la Escuela de Inteligencia para la Seguridad Nacional (ESISEN) del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN).

Comentarios