El logro más importante en seguridad, dentro de los primeros cien días de la presente administración federal, es el combate al robo de hidrocarburos. El éxito va más allá del volumen de gasolina arrebatado al mercado ilegal. La que podríamos llamar: Operación Huachicol, sigue pautas de combate al crimen poco vistas en el país que vale la pena iluminar.

• La Operación Huachicol priorizó el combate del fenómeno criminal en vez de la persecución de las personas que participan en la actividad delictiva.

En México estamos acostumbrados a expresar el combate al crimen con un gesto efectista: la detención y judicialización de un “pez grande” dejando intocada la pecera. En el combate al narcotráfico, por ejemplo, la pauta tradicional ha sido atrapar a líderes de organizaciones criminales para procesarlos penalmente, dejando intactos los contextos donde el crimen prolifera. Contra el robo de hidrocarburos, en cambio, el primer golpe se dio a la estructura del mercado. Se cerraron las llaves de los oleoductos y, literalmente, se impidió la llegada de la materia prima para la operación ilícita.

La falta de producto, desafortunadamente, también afectó a los compradores legales. No es claro que se hayan calculado las consecuencias que podrían producirse por tomar este riesgo. Lo que es interesante es que, la medida sorpresiva, dejó a las organizaciones criminales con poca capacidad de respuesta. Muy particularmente, quedó claro que algunos empresarios gasolineros participaban como actores clave, facilitando múltiples puntos de venta de la mercancía ilegal. De la misma forma, se evidenció que el robo de hidrocarburos difícilmente es posible sin la participación activa de autoridades de alto nivel.

• El combate al robo de combustible logró resultados sustantivos en pocos días.

De acuerdo con declaraciones hechas por diversos funcionarios de la administración federal, el robo de hidrocarburos se ha reducido entre un 80% y un 90%. De ser ciertas estas cifras, los logros en combate a este delito representan una ganancia social sustancial en un corto tiempo. Además, reforzando el punto anterior, muestra que es posible reducir un fenómeno criminal sin el uso extensivo e indiscriminado de la cárcel.

• La sociedad civil apoyó la estrategia a pesar de las afectaciones personales.

Según diversas encuestas, más del 70% de la población aprobó la estrategia contra el robo de hidrocarburos. Esto representa una proporción de individuos adultos mucho mayor a los que votaron por López Obrador. Lo notable es que se haya dado aún en el contexto de la afectación concreta que la medida significaba.

La crisis de desabasto de gasolina mostró un capital social que no debe menospreciarse. La sociedad civil colaboró con actores gubernamentales en un momento crucial. La espera tranquila en gasolineras del país fue la constante de actuación; las trifulcas fueron un evento raro. Y  la sociedad civil ni se rebeló, ni se sumó a las críticas, muchas de ellas fundadas, sobre la falta de planeación en el abasto de combustible. Se aceptó la medida a pesar de existir líderes que cuestionaron las formas.

La lección para López Obrador es que la sociedad civil, organizada o no, puede ser su principal aliada y, por lo tanto, no debe ser atacada ni dilapidada. ¿Por qué querría derribar la base de la pirámide que hoy lo sostiene y que facilita que medidas como la Operación Huachicol triunfen en el futuro?

Abogada. @LaydaNegrete

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