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Una masacre es una masacre

El silencio universal de los gobiernos democráticos frente a la carnicería perpetrada en Palestina por Israel, es lamentable
15/04/2018
02:16
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Hace poco los palestinos del territorio de Gaza anunciaron que iban a lanzar una campaña de resistencia pasiva, con manifestaciones a lo largo de la frontera con Israel, que culminaría el 15 de mayo próximo, día conmemorativo de la Naqba, la Catástrofe, ocurrida hace 70 años, cuando la mitad de los palestinos fueron expulsados de su tierra natal. El gobierno israelí anunció en seguida que mandaría un centenar de tiradores de élite, por si acaso. Comentó que dispararían a matar. Así fue. Esa élite militar, con sus rifles de primera, mataron a dieciocho palestinos y dejaron a más de mil heridos. En el segundo viernes de protesta, el 6 de abril, mataron a 10 e hirieron a más de 400. Todas las víctimas se encontraban en territorio palestino. Benjamín Netanyahu felicitó a sus matones y prometió más sangre si los palestinos no cambiaban de parecer. Escribo en el tercer viernes antes de saber qué ha pasado en ese 13 de abril.

Una masacre es una masacre, y no me importa que los que me creen judío digan que soy un “judío renegado”, y que los otros digan que soy un antisemita furibundo. El silencio universal de los gobiernos democráticos frente a la carnicería es lamentable. No sorprende la tibia reacción de unos Estados árabes que nunca apoyaron realmente a los palestinos. De hecho, Egipto y Arabia Saudita funcionan como aliados de Israel.

En el exiguo territorio de Gaza se amontonan dos millones de palestinos sometidos por Israel, con la complicidad del “mariscal” egipcio, a un bloqueo implacable: la gente apenas sobrevive, las maquiladoras han tenido que cerrar, hay luz dos horas al día, cuando mucho cuatro. Gaza es, perdonen la palabra, un gigantesco gueto.

¿Será antisemita el presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald S. Lauder? Acaba de lanzar un grito de alarma en el New York Times: Las heridas autoinfligidas de Israel. Se cura en salud diciendo que, a veces, la amistad consiste en hablar en voz alta y decir que el rey anda desnudo. Afirma que Israel tendrá que elegir, si no acepta la existencia de un Estado palestino (lo que implicaría la devolución de los territorios ocupados) entre dos opciones: “conceder plenos derechos a los palestinos incorporados a Israel y dejar de ser un Estado judío, o rescindírselos por completo y dejar de ser un Estado democrático”; denuncia “la política miope de los asentamientos” y, también, el extremismo religioso que aleja la diáspora judía de Israel; por eso dice que hay que cambiar de rumbo e impulsar la solución de dos Estados.

Por desgracia, bajo la batuta de Bibi (Netanyahu) se antoja imposible. Y si llegase a caer por varios asuntos de corrupción que lo amenazan, puede que su sucesor sea peor aún. ¿No hay ninguna esperanza? ¿Qué se puede esperar del supuesto plan de paz del señor Donald Trump, el hombre que cree que por su personalidad es capaz de hacer lo que ningún presidente en toda la historia de EU?

Por eso, porque no se ve ninguna lucecita en el túnel, los palestinos de Gaza han empezado a marchar y seguirán marchando. Entendieron que, contra el más poderoso ejército del Medio Oriente, sus pobres armas no pueden hacer nada. Marchan cantando, invocando a la joven rubia, pelirrojita, de dieciséis años, Ahed Tamimi, la que abofeteó a un admirable capitán israelí que no la golpeó y tampoco disparó, la que después de pasar varios meses en la cárcel, ha sido condenada a ocho meses de prisión. Ahora los jóvenes palestinos tienen su Juana de Arco y cantan:

“Ahed, eres la promesa y la gloria/ hermosa como un olivo / Palestina ha sido plantada entre nosotros / Somos la tierra, tu eres el agua. / Con tu cabellera rubia/ eres tan pura como Jerusalén/ enseñaste a nuestra generación/ cómo el pueblo olvidado debería luchar / Tus ojos azules son el faro / de un país que tiene cada religión / Prendiste la chispa en nuestros corazones / Prendiste la luz en nuestra noche oscura…”

Es tiempo que los ciudadanos israelíes y los amigos de Israel, entre los cuales me cuento, entiendan que la fuerza de un canto puede ser mucho mayor que la de las armas.

 

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

Jean Meyer
Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne. Es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia...

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