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¿A dónde va Israel?

La decisión de Trump provocó la ira de los palestinos y, a su vez, su represión inmediata por el ejército israelí
14/01/2018
02:16
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Donald Trump, al proclamar su voluntad de trasladar la embajada de Estados Unidos en Israel de Tel Aviv, ciudad en la cual se encuentran todas las embajadas, a Jerusalén, ha dado alas a todos los demonios y alentado a los políticos israelíes. Esos malos pastores no necesitaban el menor estímulo, ellos que llevan años empujando a su rebaño hacia los acantilados. Ahora quieren establecer la pena de muerte para los terroristas palestinos y también extender la ley israelí a sus colonias (ilegales) en Cisjordania. El partido del primer ministro Netanyahu pide además que la construcción de asentamientos en los territorios ocupados sea ilimitada; obviamente no hablan de “territorios ocupados”, sino de “zonas liberadas en Judea y Samaria”. Así llaman a Cisjordania. Un cerrojo más para impedir la creación de un Estado palestino.

Obviamente, la decisión del presidente estadounidense de reconocer a Jerusalén como capital de Israel —es lo que significa el anuncio de la apertura de su embajada en la ciudad tres veces santa— provocó la ira de los palestinos y, a su vez, su represión inmediata por el ejército israelí. El presidente palestino, Mahmud Abbas, protestó y denunció “la consolidación de un régimen de apartheid en toda la Palestina histórica”. Sé que a muchos de mis amigos israelíes y judíos les indigna la sola mención de la palabra “apartheid”, pero si no nace pronto un Estado palestino, éste es el precipicio al cual van a caer israelíes y palestinos. Javier Solana, antiguo ministro español y alto funcionario internacional muy estimable, propone que la Unión Europea reconozca cuanto antes al Estado palestino, para favorecer la negociación entre ambos bandos.

Mientras tanto, los palestinos la pasan muy mal. Voy a citar ampliamente, con su permiso expreso, el artículo del israelí Uri Avnery, con fecha 23 de diciembre, “Llora, país bien amado”. Es el título de una novela muy famosa en su tiempo (1948), de Alan Paton, denunciando el apartheid en África del Sur. Uri Avnery nació en Alemania en 1923, pero su lúcido padre, tan pronto como Hitler llegó al poder, se llevó a toda la familia a lo que era Palestina bajo mandato británico. A los 25 años peleó heroicamente en la guerra de Independencia de Israel y nunca dejó de defender a Israel, ahora contra sus malos genios. Está en contra de la pena de muerte para los palestinos porque recuerda cómo, en 1938, la ejecución de un “terrorista” judío por los ingleses, lo empujó a entrar en las filas de Irgún, el grupo armado clandestino más radical. Él tenía apenas 15 años.

Cito a Avnery: “La semana pasada pasó algo horrible. Desde el anuncio hecho por el Payaso —en— Jefe de los EU sobre Jerusalén, cada día los palestinos se manifiestan y avientan piedras a la tropa. Los soldados recibieron la orden de disparar. Cada día hay palestinos heridos, y de vez en cuando muertos. Uno de los manifestantes era Ibrahim Abu-Turaya, un pescador que perdió ambas piernas hace 9 años cuando bombardeamos Gaza. No estaba armado, en su silla de ruedas, “incitaba”. Quién lo mató no fue un soldado ordinario, sino un tirador de élite, muy cercano a Ibrahim que no era una amenaza para nadie. Le disparó en la cabeza. Un acto criminal, un horrible crimen de guerra. ¡Dios mío! ¿Qué le pasa a mi país?

Un pequeño rayo de luz… Unos días después, en el pueblo palestino de Nabi Saleh, dos israelíes, un oficial y un sargento. Tres o cuatro niñas árabes les gritan, hacen gestos. Ellos no hacen caso. Una, Ahed Tamimi, se acerca y le pega a uno de los dos, que no reacciona. Ella se acerca más y lo cachetea; él se protege la cara, nada más. Otra niña graba la escena en su teléfono. Los dos soldados se retiran. El ejército se escandalizó por la conducta de esos hombres y prometió investigarlos. La niña y su madre fueron arrestadas inmediatamente.

Para mí, esos dos soldados son verdaderos héroes. Lo triste es que son excepcionales. Todos tenemos derecho a estar orgullosos de nuestro país, es un derecho, una necesidad humana básica. Pero aquel Israel no es el que ayudé a crear y que defendí en el campo de batalla”.

 

Investigador del CIDE

Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne. Es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia...

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