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El obradorismo

El obradorismo es una fauna variopinta de la que emanará un gobierno con luces, sombras y uno que otro sapo difícil de tragar
10/08/2018
04:07
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Un movimiento social y político ha irrumpido en el escenario político nacional. No es fácil caracterizarlo y es pronto para trazar sus fronteras. Más que la simple figura de López Obrador y su partido, es una coalición con fuerte presencia de elementos de izquierda, aunque con cuadros centristas y hasta derechistas; un armado político heterogéneo de figuras aglutinadas en torno al que probablemente sea el líder social y político democráticamente electo más importante del último siglo.

El obradorismo contiene a Morena como partido, pero lo desborda. Si Morena intentó en su origen ser una fuerza de izquierda pluriclasista (aunque genéricamente de izquierda) que incorporó a militantes políticos, intelectuales, activistas sociales y ciudadanos sin partido, el obradorismo es aún más plural. Es al mismo tiempo una estrategia política y una construcción pragmática. También un fenómeno social que podría tener vida más allá de una administración.

Jesús Ramírez Cuevas, uno de los ideólogos de Morena, define el obradorismo como un “bloque histórico que incluye sectores de izquierda y derecha, movimientos sociales libertarios, asociaciones conservadoras, campesinos, empresarios, trabajadores, indígenas, mujeres que luchan por sus derechos y hasta mujeres más conservadoras…” que, a su juicio, se aglutinan en torno a un proyecto “democrático con sentido social”.

El obradorismo es una fauna variopinta de la que emanará un gobierno con luces, sombras y uno que otro sapo difícil de tragar. Hay cuadros de origen comunista como Alejandro Encinas, liberales con agendas progresistas como Olga Sánchez Cordero y hasta ex izquierdistas que pasaron alegremente por gobiernos priístas y volvieron al “lado correcto de la historia”. Hombres del antiguo régimen, que van desde ex zedillistas y uno que otro tyrannosaurus rex, complementan el cuadro.

Habitan también en el obradorismo rock stars de la nueva política, como Tatiana Clouthier, y un empresario llamado Alfonso Romo que públicamente enaltece el “derecho sagrado a la propiedad privada” y está llamado a ser una especie de vicepresidente, según parece haber dicho el propio AMLO. Y aunque irrite a los morenistas de la primera hora, hay también gente de escaso compromiso con el proyecto, pero mucha ambición de poder (en algunos casos por el poder de transformar, en otros por la mera frivolidad del poder) que hasta ayer se oponían a Andrés Manuel y hoy han logrado trepar hasta las alturas.

Incorporar esa amplitud obedece en parte a un entendimiento de que el próximo gobierno debe ser más amplio que Morena. A que un partido en el gobierno necesita administrar para todos, hacerse cargo de la gobernabilidad y responsabilizarse por la estabilidad social, económica y política de la nación.

Quizás por ello, AMLO decidió formar un gobierno que es posible definir como de composición, en tanto incorpora una pluralidad de actores y suma una multiplicidad de agendas e intereses. Algunos creen que con esto pretende robarle banderas a la oposición para descabezarla y crear una fuerza hegemónica. No lo sabemos, pero de entrada incorporar esa vastedad disipa la versión de que AMLO pretende encabezar un gobierno autoritario, infunde confianza en los mercados y les ofrece una garantía de estabilidad económica.

No sabemos a ciencia cierta si el obradorismo hará un gobierno de izquierda. Probablemente veremos una mezcla de políticas progresistas con algunas conservadoras. El resultado final dependerá de las decisiones que tome AMLO a partir de su lectura de lo posible y del balance de fuerzas dentro del propio obradorismo.

Imagino la próxima administración como una donde la agenda de izquierda estará en disputa, donde las bases de Morena y los sectores progresistas tendrán que presionar por la vía institucional o la movilización, para materializar una agenda de transformación. Mal harían sosegándose y creyendo que los cambios serán impulsados exclusivamente desde el Ejecutivo. No hay que llamarse a engaño: Una cosa es llegar al gobierno y otra muy distinta hacerse del poder.

 

Investigador del Instituto Mora.
@HernanGomezB

Hernán Gómez Bruera
Profesor-Investigador del Instituto Mora; analista político, internacionalista y especialista en América Latina.
 

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