Poblados yucatecos quieren expulsar a pescadores “fuereños”

Habitantes de Dzilam de Bravo y Dzilam González en Yucatán consideran a trabajadores migrantes como los causantes de la inseguridad y violencia; acompañado de policías, edil “invita” a los foráneos a volver a sus estados
El alcalde de Dzilam de Bravo, Julio Abraham Villanueva Rivero acompañó a los pobladores casa por casa para pedir a los pescadores foráneos que se vayan del pueblo (FOTOS: CUAUHTÉMOC MORENO. EL UNIVERSAL)
20/07/2017
02:37
Yazmín Rodríguez / Corresponsal
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Dzilam de Bravo

Todos los días Mayra Osorio y Javier Torres despiertan con el miedo de ser linchados. Temen que al menos 300 habitantes de este municipio, en la costa oriente de Yucatán, cumplan sus amenazas y los saquen a la fuerza del sitio donde han construido su vida desde hace cinco años. Su mayor miedo es que le hagan algo a Ángel y Axel, sus hijos de 6 y 5 años, respectivamente. La familia es oriunda de Tabasco, vive de la pesca y forma parte de las decenas de familias que han sido acosadas por los pobladores para que se “larguen del pueblo”, por no ser originarios del lugar.

Hace unos días, pobladores de este municipio, acompañados del alcalde Julio Villanueva Rivero, recorrieron casa por casa para presionar a los habitantes que provienen de estados como Veracruz, Tabasco, Quintana Roo y Campeche, para que se vayan del municipio, pues son considerados “fuereños”. La “invitación” fue acompañada con amenazas, insultos y hasta advertencias de que podrían ser sacados a la fuerza.

Según el Inegi, Dzilam de Bravo es habitado por 3 mil 100 personas, por lo que los 300 que buscan expulsar a estas familias representan 10% de la población total. Presión de aproximadamente 300 habitantes de los 3 mil 100 que reporta el Inegi que viven en este lugar, ha provocado que algunos de esos “fuereños”, sobre todo pescadores y buzos de pepino de mar, hayan decidido desde el domingo pasado hasta el pasado martes, recoger sus cosas y retirarse. Los demás aún no deciden si abandonar la vida que han construido.

La familia de Mayra y Javier es una de las indecisas. Mientras que Javier es de la idea de “hacer maletas e irse”, su esposa Mayra se niega y le dice que hay que aguantar, que todo esto pasará y que ellos podrán seguir su vida normal en la pesquería en este municipio costero.

Dejar el mar. En Dzilam de Bravo se vive del mar, pues su principal actividad económica es la pesca de pepino y pulpo. Los “fuereños” que hoy son amenazados para dejar sus hogares son migrantes que llegaron contratados por permisionarios y patrones de barcos de gran pesquería y que han decidido establecerse en este municipio.

El conflicto se desató el pasado domingo cuando la gente de Dzilam González —municipio colindante a Dzilam de Bravo— se alteró por el asalto a un hombre de la tercera edad que tiene una pequeña tienda y que fue  golpeado sin consideración. La mayoría de los habitantes yucatecos de ambos municipios culparon a los “fuereños”. No es la primera vez. A ellos se les culpa de los asaltos y la delincuencia en ambos municipios, pues en los últimos meses han ocurrido robos de motores y lanchas, y a casas-habitación.

El alcalde Villanueva Rivero, presionado por la mayoría de los habitantes, se dio a la tarea de recorrer las calles del municipio y casa por casa,  para “invitar” a los fuereños a que abandonen el poblado y se retiren sin conflictos. Asegura que no violan los derechos humanos de esas personas, sino “únicamente tratan de convencerlos de que se retiren para evitar enfrentamientos y violencia”.

Ante el enojo de buena parte de los lugareños, elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) permanecen en los dos Dzilam, pues la exigencia de que se vayan los de afuera se ha extendido de De Bravo a González y también ha impactado en municipios colindantes. El martes pasado la gente de Dzidzantún también exigió que los “fuereños” se vayan del lugar.

Familia hostigada. Desde que comenzaron las amenazas y las exigencias, Mayra y Javier teme salir lastimados. Afirman que son honestos y tranquilos, y que en este pueblo construyeron una vida y una casa, por lo que no consideran justo “que por otras personas que vinieron a hacer desorden nos quieran sacar también a nosotros”.

Javier Torres Gustanae cuenta a EL UNIVERSAL que  llegó a Dzilam de Bravo luego de que fue liquidado de una empresa que le daba servicio a las plataformas de Petróleos Mexicano (Pemex) en Tabasco.  Gracias a su experiencia como buzo, buscó trabajo en ese puerto cuando se abrió la temporada legal de pepino de mar y decidió traer a su familia.  “Como vi que aquí todo estaba tranquilo, traje a mi esposa y a mis hijos, compramos un terrenito y levantamos nuestra casa”.

“Vinieron ayer [el lunes pasado] para pedirnos que nos fuéramos de aquí, pero nosotros no hemos hecho nada, no hacemos desorden, no tenemos nada que ver con esa gente, tenemos a nuestros hijos estudiando en la escuela, no es justo”, lamenta Javier, de 38 años.

Mayra cuenta que no es la primera vez que los habitantes de estos municipios intentan echarlos. Relata que el año pasado también lo hicieron, “pero esta vez las amenazas fueron peores, nos dijeron que si no nos íbamos iban a entrar a sacarnos… mis bebés lloraban y gritaban desesperados”, relató la mujer.

Originarios de Puerto Sánchez Magallanes, Tabasco, el matrimonio reconoce que a la zona han llegado personas que están delinquiendo y molestando a la población, pero recalca que no todos los “foráneos” son iguales.  “Entiendo que estén enojados con lo que pasó con el señor de Dzilam González, pues es verdad que vinieron personas a hacer maldades, pero no por esa gente nos van a correr a nosotros”, agregó el pescador.

Los lugareños, no obstante, no están convencidos de que todos lo que llegan tengan una “forma honesta de vida” y sostienen que todos se conocían, pero “ los fuereños vinieron a cambiar todo”. Por eso el día que se aparecieron en la casa de Mayra y Javier les dieron dos horas para que se marchen, pero no lo hicieron porque aquí tienen su patrimonio, producto de su esfuerzo en el mar y porque cuentan con el apoyo de sus vecinos de la cuadra, que saben que no han hecho nada malo.

“Invitación” a los foráneos.   Presionado por los pobladores de Dzilam de Bravo, el alcalde priista Julio Villanueva Rivero, encabezó el pasado martes una nueva caminata por las calles del puerto para pedirle a los pescadores foráneos que se vayan. “Les estamos invitando de la menor manera a que si ya terminó la pesquería, que se retiren a sus lugares de origen”, declaró.

A  las puertas del Palacio Municipal, decenas de habitantes se reunieron con el edil para exigirle que tome acciones contra esas personas que no son originarias del pueblo, pues aseguran que comenten actos delictivos y se dedican a la pesca furtiva.  Acusaron a los empresarios pesqueros de ser los responsables de este conflicto, pues son ellos quienes contratan a los foráneos.  Ante la proximidad de abrirse una nueva temporada de pesca de pulpo, el alcalde priista propuso ser el mediador entre los pobladores inconformes y los permisionarios.

“Lo que la gente propone es que sólo contraten a personas de poblaciones vecinas, y que no traigan a pescadores de otros estados. También piden que cuando acabe la temporada los empresarios se encarguen de sacarlos”, explicó el edil. Mientras que una de las inconformes, Leticia Godoy, declaró que tuvieron que tomar estas medidas “porque los permisionarios quieren manipular al alcalde”, concluyó.

El subsecretario de Gobierno, Gaspar Quintal, aseguró que están pendientes de lo que ocurra y dijo que vigilarán que se respeten los derechos humanos de esas personas.

 

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