Narco se metió hasta las carnicerías en Chilpancingo

El año pasado, en ocho ocasiones, en el mercado Baltazar R. Leyva Mancilla sicarios mataron a seis comerciantes. La lucha de grupos criminales en el lugar es por el control de la venta de carne de puerco
Fotos: Arturo de Dios Palma / EL UNIVERSAL
20/04/2017
19:13
Arturo de Dios Palma
Guerrero
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En el mercado Baltazar R. Leyva Mancilla no hay forma de evitar que un sicario entre y mate a un comerciante. No la hay. El año pasado en ocho ocasiones entraron y mataron a seis comerciantes e hirieron a otro tanto. Nadie se los impidió. Este año la cosa no pinta distinta.

“No hay medida que nos mantenga seguros, estamos vulnerables, cualquier cabrón puede llegar y dispararnos”, dice Juan —nombre ficticio de un comerciante—, sentado en un banco en un local que renta.

Lo renta porque el suyo lo vendió después de que un grupo armado lo secuestró. Eso fue hace tres años. Cuando salía de hacer ejercicio de una cancha al sur de la ciudad, hombres armados lo sometieron, lo subieron a una camioneta y lo llevaron a una casa de seguridad. Ahí vivió ocho días a puras mentadas de madre y golpes.

Lo dejaron en libertad después de que su familia vendió su puesto en el mercado, un carro, una casa y pidieron prestado para completar el pago del rescate. Desde entonces Juan trabaja para reponerse porque se quedó sin nada.

Desde que la violencia irrumpió en el mercado, los comerciantes han tomado algunas medidas. Comenzaron a cerrar a las 4 de la tarde, no esperan que llegue la oscuridad. En realidad, también lo hacen porque después de esa hora muy poca gente se acerca. El mercado con la violencia perdió cuatro horas de vida.

Todos los días reportan sus movimientos en un grupo de WhatsApp: cuando salen de sus casas, cuando llegan al mercado, cuando van a cumplir con un pendiente, cuando regresan a sus casas y hasta cuando se van a dormir. Quien no lo hace, comienza a recibir decenas de llamadas hasta que vuelve a estar localizable.

Además del grupo de WhatsApp en la mayoría de los puestos hay un radio civil para la comunicación rápida de un extremo a otro. En el mercado no se pueden poner rejas en los puestos, en este negocio, dice Juan, es necesario el contacto con el cliente.

Estas son las medidas que han tomado ellos, pero desde hace años han pedido dos especificas al gobierno del estado y al municipal. Una: la colocación de cámaras de video —que dice Juan no evitan los disparos pero si los puede ayudar a identificar a los criminales— y dos: la instalación de un modulo de policías permanente afuera del mercado. Ninguna de las dos solicitudes han sido contestada.

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En el caso de Juan, después de su secuestro, no repite el mismo camino durante dos días seguidos. Se ha trazado distintas vías para llegar a su casa y al mercado. Evita hacer rutina, dar una pista.

Pero ¿Por qué en el mercado están matando a comerciantes?

Eran las 4 de la tarde del 9 de agosto, cuando varios de los comerciantes vieron correr a Jorge, “El Tripa”, entre los pasillos para llegar a la nave 3, donde están las carnicerías. Muchos entendieron hasta que escucharon los balazos. A Jorge lo perseguían tres hombres armados que no se detuvieron hasta que lo vieron tirado en piso. Jorge quedó herido. Un niño y una mujer también. Los criminales no regresaron a rematarlo, pero tampoco fue necesario, 15 días después murió en el hospital.

La lucha de los grupos criminales en el mercado es por el control de la venta de la carne de puerco. Cada semana se venden unos 60 mil kilos. La mayoría de la carne la surte el narco. Su control comienza desde el rastro municipal: ahí compran toda la carne a 50 pesos el kilo y a los carniceros se lo venden a 60.

Ganan 10 pesos por kilo. 600 mil semanales. 2 millones 400 mil mensuales. 28 millones 800 mil anuales.

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“Llegan y les ofrecen la carne. No les prohíben que la compren en otro lado. Luego viene vendedores y les dan mejor precio pero no la compran, porque cuando se dan cuenta que venden carne que no es la de ellos regresan y les dicen: hazme el paro, cómpranos carne y todo tranquilo. Así, con esa sutileza”, dice quedito Juan en su puesto.

Mantener la sutileza de los criminales es la permanencia de la vida. De los seis asesinados en 2016, cuatro eran carniceros, uno de ellos “El Tripa”.

afcl

 

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