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En 12 horas, la tensión en la capital oaxaqueña se tornó en alegría y ambiente festivo.
Jueve 15 de septiembre, 20:30 horas. Antes de la ceremonia del Grito de Independencia, maestros de la CNTE y policías se enfrentaron en el Centro Histórico, a una cuadra del zócalo.
Según el magisterio, fueron 20 heridos; el parte oficial informa de tres lesionados.
No osbtante, el evento patrio se llevó a cabo entre tensión y un tibio ambiente patrio, con escasos asistentes -en su mayoría burócratas-, y en cinco minutos. El gobernador Gabino Cué dio el Grito, entre abucheos y gritos de inconformes. Una luz de láser en su rostro lo obligó a abandonar de inmediato el balcón principal.
Viernes 16 de septeiembre, 08:00 horas. La ciudad amaneció en calma. Ninguna huella de la batalla. Calles limpias pero vacías, resguardadas por muchos policías. Un ruta del desfile militar lucía despejada; llovizna en ciernes, restaurantes sin comensales.
10:00 horas. Los contingentes militares de la parada patriótica se alistaban al poniente de la ciudad. Tres helicópteros verde olivo y tres más blancos, de la Sedena y de la Marina, sobrevolaron la capital, justo al momento de la actividad principal.
En el zócalo, pocos asistentes, pero felices y festivos. En el balcón principal, el gobernador Cué y sus invitados. Abajo, la algarabía, resguardado el primer cuadro por cientos de uniformados.
No más de 20 minutos de un desangelado desfile, con zócalo semivacío, con familias ávidas de ver a sus hijos pasar, aunque éstos hayan sido en su mayoría de colegios privados y de instituciones educativas de nivel bachillerato y profesional.
CERCANÍA MILITAR
Apenas terminó la parada, entre una lluvia de papeles multicolores, los asistentes se volcaron hacia los uniformados de verde olivo y azul. Soldados y marinos de 1.80 metros de estatura, fornidos, los que más llamaron la atención.
“¡Mira, qué guapo!, ¡me quiero casar con él!... ¡una foto, una foto!”, decía una de las asistentes.
Las peticiones y los celulares surcaban el aire, mujeres, niños, familias completas querían una imagen. Otros más prefirieron una de recuerdo en un vehículo militar tipo Humvee Vee. Poco duró el gusto, pues se lo llevaron. El remolino de gente intentó impedirlo. “¡Por favor no se lo lleven! ¡Faltan más fotos!”.
Fotos que no negó la soldado Yazmín. Sonriente, de verde olivo, bien maquillada, la joven pasaba de un lado a otro; volteaba a cada celular; sonrisas por doquier y por poco hasta autógrafos.
“¡Está usted bien guapa! ¿Es usted casada?”, le decían.
Piropos y más clicks, por más de media hora… hasta que llegó otra vez el temor.
13:00 horas. Un grupo de la Sección 22, que había partido del oriente, llegó en marcha. Sin resistencia por parte de policías entró al zócalo, entre gritos, consignas y con una bandera negra, ocuparon el simbólico espacio capitalino. No pasó a mayores.
“Pinches maestros, nada más arman su relajo y no dejan disfrutar las fiestas en paz”, masculla doña Mercedes, que arrastró sus años para ver su zócalo otra vez festivo, aunque sea por unas horas.
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