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Está cerca de cumplir las seis décadas de vida, pero Madonna demostró en su primer concierto en la Ciudad de México que eso la tiene sin cuidado; su “Corazón rebelde” —como titula su gira— logró que fanáticos capitalinos vibraran con ella. La corona aún es de ella.
A las 22:15, la espera terminó y cuando el escenario en forma de cruz con un corazón se iluminó, los fans sabían que era tiempo, la reina había llegado.
Aún con la larga espera —se había anunciado que saliera a las 21:30 horas— para los verdaderos fans no importó; algunos hicieron la clásica ola para matar el tiempo y unos más aplaudieron, pero todos en general se mostraban ansiosos por el regreso de la intérprete de 57 años.
Entre las filas más cercanas al escenario se podía ver a hombre y mujeres por igual, aunque pocos adolescentes y jóvenes; la mayoría de los fans reunidos esta noche en el Palacio de los Deportes eran aquellos que habían crecido con ella, que habían visto su evolución musical y estaban ahí para rendirle pleitesía.
Contrario a lo que sucedió con sus seguidores en Manchester, quienes la abuchearon por salir 50 minutos tarde al escenario, a los mexicanos no les importó y perdonaron el retraso de la cantante.
El show se dividió en cuatro actos, siendo el primero en de “Joan of Arc”, que estuvo envuelto en una estética Samurai, en donde interpretó los temas “Iconic”, “Bitch Ii m Madonna”, “Burning up”, “Holy water” y “Devil pray”.
“¡México!, ¿están conmigo? Qué calor hace aquí”, fueron algunas palabras que la diva expresó a su público mexicano, quien alzando sus teléfonos buscaba guardar y preservar el momento.
Provocadora e irreverente como desde sus inicios, no dudó en jugar con motivos religiosos, incluso ella y sus bailarinas se vistieron como unas sexies monjas que a la vez la hacían de strippers, mostrando sus dotes en los tubos dispuestos en el escenario, mientras simulaban la escena de la última cena de Cristo con bailarines semi desnudos.
Para su segundo acto, “Rockabilly meets Tokyo”, Madonna optó por una estética como su nombre lo indica, rockanrollera de la década de los 50.
Durante esta parte del show, la cantante hizo énfasis en la igualdad en el ser humano y tras interpretar "Body shop" explicó que en el mundo no deberían existir diferencias de raza, credo o sexo. Para ello ejecutó de forma acústica el tema "True blue".
Seguido de ese tema, interpretó canciones como "Deeper And Deeper", "HeartbreakCity" y "Like a Virginin", para la cual hizo una reversión con algunos tintes de rock y música disco.
En la tercera parte del concierto llamada "Latin- Gipsy" despertó la euforia de los presentes, pues interpretó "Living for love", para la cual recurrió a la estética con la que dio a conocer su álbum "Rebel heart", que se basa en motivos españoles con capas y trajes de torero.
Este fue el momento ideal para que la cantante luciera su debilidad por los sonidos latinos pues además cantó "La isla bonita", para la cual desplegó algunos pasos de flamenco.
Durante este acto aprovechó para recordar y homenajear a una de sus ídolos Frida Kahlo, pues cuando entonó una versión española de "Who's that girl" sus bailarines se caracterizaron de algunas de las más famosas pinturas de la artista mexicana.
“Esta es una de mis partes favoritas del show porque estamos muy influenciados por la cultura mexicana”, dijo Madonna al terminar el acto.
Luego, reveló un momento personal. “Estoy pasando por un momento difícil en mi vida y a veces no tengo la fuerza para dar un show, pero luego veo sus caras y continúo”, expresó en referencia a las diferencias que enfrenta con su hijo Rocco, de 15 años, quien supuestamente se mudó a casa de su padre, el cinesta Guy Ritchie, porque no soporta a su madre.
ml
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