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La precaria situación social y económica que viven algunos países latinoamericanos ocasiona que miles de personas, hombres y mujeres, vean en México la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida por medio de la emigración legal.
En esta situación ellas suelen llevar la peor parte. Con engaños, mujeres son literalmente reclutadas en naciones como Venezuela para viajar a nuestro país con la promesa de un buen trabajo y un mejor salario. Al llegar aquí la realidad es muy distinta. La oferta de empleo se convierte, en ocasiones, en explotación sexual y de esclavitud.
En columnas y reportajes publicados en EL UNIVERSAL, se ha detallado cómo las mujeres dedicadas a la prostitución han terminado como víctimas de brutales asesinatos. En el camino hacia la ilusión de un trabajo de altos ingresos hay una cadena de riesgos que ha terminado con la vida de muchas mujeres.
El debate, sin embargo, debe ser más sofisticado que la mera condena de cualquier trabajo sexual, como si éste fuera, por si mismo, origen de criminalidad y de violencia. Elvira Madrid Romero, dirigente de la organización civil Brigada Callejera —defensora de mujeres dedicadas a este oficio— ha dicho en este diario que es necesario distinguir al sexoservicio de la trata, porque de lo contrario el combate a la esclavitud sexual puede fácilmente disfrazarse con el mero “aseguramiento” de mujeres que no están necesariamente vinculadas al arresto y sentencia de los tratantes, quienes suelen salir impunes.
Ayer fueron rescatadas, dice la autoridad, 17 mujeres. ¿Cuándo se detendrá a los agentes de Migración que colaboraron para facilitar el ingreso de las mujeres forzadas a la trata? ¿Cuándo caerán los operadores de la red internacional que permite el reclutamiento, con engaños, de las víctimas? Mientras eso no ocurra, la acción de ayer será únicamente una “llamarada de petate”.
Ayer miércoles se concretó la captura de la presunta administradora de un portal que ofrece servicios de “acompañamiento de mujeres”, llamada zonadivas.com, un sitio donde se anunciaban varias de las escort que han sido asesinadas en los últimos meses. Sin embargo, ya en una ocasión anterior fue detenido el dueño de dicho negocio y, después, quedó en libertad ante la falta de pruebas. ¿Ineficiencia de las procuradurías por no recabar evidencias existentes o incapacidad para ubicar las fuentes reales de trata?
¿Si no se hubieran registrado los asesinatos de escorts no se habría vuelto a realizar esta cruzada? El combate a la esclavitud del siglo XXI no debería depender de coyunturas políticas.
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