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Cuando en una familia faltan recursos para lo más básico, lo importante es conseguir ingresos y los estudios pasan a segundo término. En primer lugar colocan, con la lógica más elemental, la sobrevivencia, aunque ello signifique reproducir un ciclo que en la mayor parte de las ocasiones los condena a que sus hijos reproduzcan el mismo esquema.
De esa manera, millones, de menores de edad en el país truncan sus estudios básicos para conseguir algún empleo y aportar recursos a la causa familiar; en el mejor de los casos combinan el trabajo con la escuela, aunque el rendimiento dentro del aula no será igual al resto de sus compañeros.
En Xocotla, un poblado del municipio de Coscomatepec, en el centro de Veracruz, muchas familias sólo esperan a que sus hijos sean capaces de soportar sobre sus hombros un bulto de cemento de 50 kilogramos para enviarlos a la capital del país a emplearse como ayudantes de albañil, aunque ignoran que viajan para ser víctimas de explotación. La economía de la localidad se sostiene del trabajo de albañilería en la capital del país.
Fermín y Benito, dos adolescentes de 15 años de edad originarios de esa población veracruzana, tienen ya un año de laborar en la Ciudad de México, donde, de acuerdo con la historia que presenta hoy EL UNIVERSAL, trabajan siempre sin contratos para diversas constructoras, que violan la ley laboral.
En 2015 México dio a conocer que mediante un decreto quedaba prohibida la contratación de menores de 18 años de edad en 12 actividades “peligrosas o insalubres”, entre ellas las obras de construcción. La ley es burlada e ignorada, a pesar de los compromisos internacionales que el país asumió para combatir el trabajo infantil. De acuerdo con estimaciones de la UNAM, en México hay 3.6 millones de niños que trabajan.
La ciudad ha conocido de casos de derrumbes en obras, con consecuencias fatales para trabajadores, sin que sus familias hayan sido indemnizadas con apego a la ley. Con frecuencia la tragedia siempre saca a luz historias de explotación.
Especialistas y organismos internacionales han advertido que los menores de 18 años no deben trabajar, pues no han terminado de experimentar la etapa de la infancia, y aún son considerados pequeños física y mentalmente, así como emocionalmente.
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