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La apertura que comenzó México hace tres décadas, acompañada de su inserción en organismos internacionales, propició lo que en el discurso oficial se definió como “modernización”. México se dispuso a tomar un lugar en la comunidad global. A lo largo de los años se registraron diversos cambios, desde reformas políticas hasta la aparición de un organismo defensor de los derechos humanos, por citar algunos.
En este proceso de intentar consolidarse como sociedad democrática moderna, el país ha estado abierto al escrutinio de distintos organismos (ONU, OCDE), que emiten reportes sobre los principales temas de interés público: educación, respeto a derechos humanos, libertad de expresión, economía, etc.
Generalmente el país no sale bien librado, pero el diagnóstico sirve para corregir políticas públicas y mejorarlas.
Una de las grandes virtudes de la apertura es que el país se ha colocado también bajo la lupa de organizaciones defensoras de sociedades libres y democráticas, como todavía es considerado México.
Esta vez la organización no gubernamental Freedom House dio a conocer su informe anual sobre libertad en el mundo. En él no hay buenas noticias para México, pues registra un retroceso de las libertades civiles y políticas en el país en el último año, lo cual lo ubica —como desde 2011— en la categoría “país parcialmente libre”.
Para la organización, la caída obedece a las acusaciones de espionaje gubernamental a periodistas y activistas de la sociedad civil, a la falta de reformas para contener la corrupción, a las actividades del crimen organizado y a un sistema de justicia “que se desmorona”.
Freedom House considera que México podría estar acercándose a un importante punto de inflexión en su trayectoria democrática.
El reporte resulta una llamada de alerta para evitar que las libertades ganadas en las últimas décadas, en especial la de señalar los excesos o abusos en la administración pública, que han realizado principalmente los medios de comunicación y la sociedad civil, comiencen a menguar o sean objeto de presión.
Ante los duros puntos de vista que vienen del exterior, basados en el análisis de los acontecimientos que se presentan, no valdría la pena que la autoridad los descalificara. El país no debe temerle a darle mayores libertades a la sociedad y a la prensa. Los contrapesos siempre serán sanos para el desarrollo de sociedades democráticas.
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