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El gobierno que entrará en funciones a partir del 1 de diciembre tiene como propósito dar acceso a la universidad a todos los jóvenes interesados en continuar sus estudios.
Por la situación que se presenta todos los años, elevar la matrícula no parece un asunto de fácil resolución.
Hace una semana la Universidad Nacional Autónoma de México dio a conocer los resultados de su examen de admisión. De los más de 72 mil aspirantes, poco más de 6 mil tendrán un lugar. En el Instituto Politécnico Nacional la situación es muy parecida, pues más de 90 mil intentaron ingresar, pero únicamente la cuarta parte podrá entrar a sus aulas. En el resto de las universidades públicas estatales las condiciones son similares.
En el momento que son rechazados, los jóvenes comienzan un peregrinar para revisar opciones en universidades privadas. Por los costos, solo un pequeño porcentaje ingresará a un plantel particular. El resto volverá a intentarlo una, dos o tres veces más en el mayor número de universidades públicas posible. Así, hasta que logren su objetivo: continuar con sus estudios universitarios. Otros desistirán y optarán por una carrera técnica o ingresarán al mercado laboral.
Dar cabida a todos los jóvenes a un espacio en la educación superior es uno de los retos que enfrenta el país desde hace varios años. ¿Es factible elevar la matrícula?
Rectores de universidades públicas estatales responden hoy a EL UNIVERSAL esa pregunta y señalan que la limitante principal ha sido la falta de recursos. El freno, aseguran, viene con la asignación del presupuesto, pues año con año solo hay un incremento de acuerdo con la inflación registrada, pero en términos reales el gasto sigue siendo el mismo que en años anteriores.
El próximo presidente ha dicho que entre sus planes está cancelar el examen de admisión, pues la educación “es un derecho del pueblo”. Sin embargo, rectores destacan la necesidad de mantener un nivel mínimo de méritos académicos para ingresar a la educación superior. Argumentan que es un requisito para contar con profesionistas de calidad.
En un país en el que 17% de la población de entre 25 y 64 años cuenta con estudios universitarios —para ubicarse en el último lugar entre los integrantes de la OCDE—, la educación universitaria se vuelve una oportunidad para miles de jóvenes en la búsqueda de mejores horizontes y de un modo honesto de vivir.
En el proyecto que se presente, la solución no debe ceñirse sólo a la cobertura, sino a la calidad de la enseñanza y de los egresados. Además, la economía debe ofrecer los espacios laborales suficientes, pues de nada servirá terminar la universidad si al salir no se halla empleo. El desafío es inmenso, pero puede ser una oportunidad para quienes tienen el deseo de seguir estudiando.
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