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La respuesta de la sociedad en situaciones de emergencia no se compara con la reacción que tiene la clase política.
Instantes después del sismo del pasado martes 19, emergieron con rapidez voluntarios que acudieron a edificios derrumbados a tratar de rescatar a víctimas, jóvenes comenzaron a dirigir el intensó tráfico vehicular que ya se había formado, automovilistas se ofrecían a trasladar gratuitamente a personas que sufrían las consecuencias de la parálisis del transporte público, la ayuda con herramienta para iniciar la remoción de escombros se dio a los pocos minutos y momentos después eran largas cadenas humanas las que colaboraban.
No hubo confrontación por saber quién apoyaba más que otro. Cada quien lo hacía en la medida de sus posibilidades, pero con la idea de ayudar a quien estaba atrapado o a quien había perdido su vivienda o algún ser querido. La organización social tomó forma en minutos, sin la necesidad de alguna autoridad.
Los partidos políticos, en cambio, han reaccionado lento. Varias horas después de que se conocieron las graves afectaciones a la capital del país, así como a Morelos y Puebla, que se sumaron a las que existían en Oaxaca y Chiapas, plantearon la propuesta de destinar a tareas de reconstrucción parte de los recursos que recibirán en 2018. Algunos pidieron que se les descontara 20%, otros 25%, 50% y hasta 100% de la bolsa de casi 7 mil millones de pesos solicitada al gobierno federal. Con actitud casi infantil, parecían participar en una competencia para donar más que el otro. Esa actitud en poco abona a desaparecer la enorme brecha que hay entre ellos y la sociedad.
En medio de la tragedia, bien harían en tomar banderas que aboguen directamente por los afectados y las víctimas mortales. Se requiere conocer en qué casos hubo responsabilidad de alguna autoridad por avalar la construcción de mayores pisos de los permitidos o por ser omisos a la hora de evaluar las construcciones que se multiplicaban en varias zonas de la Ciudad de México. Varios de los edificios dañados son inmuebles de apenas unos 10 años de construcción. No hay mejor manera de recordar a los caídos que castigando a los eventuales responsables de su muerte.
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