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Nadie protestaría por el otorgamiento de amplias prestaciones a los trabajadores. Es válido que se reconozca su trabajo. El problema aparece cuando esos beneficios salen de los bolsillos de los contribuyentes y no son parejos, incluso en las dependencias públicas que los ofrecen.
De abril a junio, el gobierno federal desembolsó 76 mil millones de pesos para cubrir el pago de apoyos a sus trabajadores. Entre los beneficios a los que tienen derecho se encuentran ayuda para actividades sociales, culturales y deportivas, para libros o para juguetes.
Lo erogado ese trimestre en prestaciones es superior al presupuesto total de dependencias como Turismo, Marina, Trabajo y PGR. En conjunto, las cuatro ejercerán 55 mil 503 millones de pesos este año. También es mayor a la bolsa de 50 mil millones de pesos que se anunció para las Zonas Económicas Especiales.
De esos 76 mil millones, casi tres cuartas partes se concentran en empleados de cuatro dependencias: IMSS, SEP, Pemex y CFE. La situación es otro retrato de la desigualdad en México. Los empleados de Pemex, por ejemplo, son muy superiores a los de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, cuando de prestaciones se trata. En general, quienes trabajan en el sector público cuentan con mejores condiciones que aquellos que laboran en la iniciativa privada. Un ejemplo es la edad de jubilación. En Pemex será a partir de 2021 cuando sus trabajadores comiencen a pensionarse a los 65 años de edad; antes lo hacían a los 55 años.
La mitad del Presupuesto de Egresos del gobierno se destina al llamado gasto corriente (pago de salarios o de servicios para cumplir sus funciones). ¿Es necesario reducirlo? ¿Conviene recortar prestaciones o el número de burócratas?
Un exceso de prestaciones atrasa la posibilidad de que en en el país se paguen salarios justos, tanto en el gobierno como en las empresas. ¿Qué ocurriría si se estableciera la desaparición de los beneficios y en lugar de ello se concedieran únicamente las prestaciones que establece la ley, pero a cambio se reforzara el sueldo nominal de los trabajadores?
Las prestaciones han contribuido a generar una falsa expectativa. Muchos trabajadores —en el mismo gobierno— argumentan: “No es un gran sueldo, pero hay muchas prestaciones”. Un salario fuerte siempre repercutirá en el pago de primas vacacionales, aguinaldo y en el monto de la jubilación.
El costo de las prestaciones debe servir para replantear la política salarial. Si todo trabajador recibiera un sueldo digno, no sería necesario pugnar por recibir bonos adicionales para comprar juguetes o libros.
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