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No es raro conocer casos de mandatarios que les incomode leer o escuchar críticas a su gestión. En Estados Unidos tal “incomodidad” ha llegado a niveles extremos con las persistentes descalificaciones del presidente Donald Trump a la prensa que realiza señalamientos a su administración. Son frecuentes las acusaciones de que los diarios incurren en la publicación de noticias falsas y de que son “enemigos del pueblo”. Los reproches del mandatario han alcanzado a The Washington Post y a la cadena de noticias CNN.
En respuesta, este jueves, más de 350 diarios y medios noticiosos unieron sus voces para protestar contra lo que consideran un clima hostil impulsado por el presidente; todos distintos en cuanto a tamaño y línea informativa. Participaron tanto los periódicos con enormes tirajes como pequeños semanarios que alcanzan ediciones de apenas 4 mil ejemplares.
Los editoriales que cada medio publicó hacen énfasis en el peligro que representa llamar “el enemigo del pueblo” a la prensa. “Va en contra de los valores adoptados en más de dos siglos”, mencionó The Boston Globe, impulsor del esfuerzo bajo la consigna #EnemigodeNinguno.
Medios que respaldaron a Trump en su campaña también se unieron a la iniciativa. El Topeka Capital-Journal, de Kansas, que en 2016 definió al ahora presidente como “la mejor decisión para liderar a EU”, ayer recordó que la expresión “enemigo del pueblo” ha sido usada antes por regímenes como la Unión Soviética contra los disidentes o la Alemania nazi contra los judíos.
Cuando un presidente no comprende el papel de la prensa, y condena la libre expresión en lugar de defenderla, está contribuyendo a debilitar uno de los elementos fundamentales que ayudan a construir sociedades democráticas. Tratar de uniformar las opiniones genera en la sociedad una visión parcial de su entorno, además de ser una característica de gobiernos autoritarios.
La prensa de calidad en Estados Unidos —esa que alzó la voz ayer— se apega estrictamente a lo que es su tarea básica: investigar, documentar y contrastar afirmaciones para que los lectores formen opiniones. Es un grave riesgo que desde el poder se enfrente a la sociedad contra los medios de comunicación.
Tener una sola visión de la realidad cancela la oportunidad de corregir errores y de mejorar. El disenso, cuando se basa en argumentaciones inteligentes, lógicas y respetuosas, enriquece. Nadie debería estar en contra.
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