¿Por qué son tan caros? Primero, hay pocos. Segundo, en los últimos 100 años nadie ha sido capaz de igualarlos y superarlos...

Desde la abdicación de Nicolás II, esos huevos de Pascua creados por Carl Fabergé han cambiado de manos e incluso desaparecido. En total se hicieron 71 piezas, de las que solo se conservan 62, y 47 de éstas son imperiales.

El lujoso palacio de Shuválov de San Petersburgo fue el lugar elegido para la apertura del Museo Fabergé en 2013, que muestra nueve huevos imperiales, aquellos encargados personalmente por los Romanov: los zares Alejandro III y su hijo, Nicolás II. Entre ellos se exhibe La Gallinita, la primera pieza creada por esta casa joyera en 1885.

Valor incalculable

Fabergé tardaba alrededor de un año en terminar cada huevo. A sus empleados les daba libertad para satisfacer a sus clientes. La única demanda de los zares era que cada huevo tuviera en su interior una sorpresa. Esta idea se inspiró en las joyas danesas que recordaban a la zarina su infancia.

La obra cumbre fue el Huevo de la Coronación, que toma su nombre de la llegada al trono de Nicolás II. Más que el propio huevo, lo más famoso es su carroza, una copia de la que utilizaron los zares para llegar a la ceremonia de coronación. Incluye asientos, cojines y una corona imperial. Éste y el Huevo Constelación, se encuentran en el Museo Baden Baden, en Alemania.

Dónde están los demás

Algunos se encuentran en la Armería del Kremlin. Otros tres son de Isabel II de Inglaterra y los demás están en el museo Hermitage, en museos o colecciones privadas de Estados Unidos o Suiza.

Fabergé logró huir de la represión bolchevique, y murió en Suiza en 1920. Su hijo, Agafon, intentó seguir sus pasos en el mundo de la joyería, pero tuvo que huir a Finlandia (1927) con el huevo Constelación como único recuerdo.

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