Entre el tino y los resbalones

31/03/2017
00:30
Édgar Luna Cruz
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Decía Antonio R. Márquez, destacado árbitro mexicano (QEPD) que dirigió en el el Mundial de México 1986: “Hay un árbitro muy bueno, que tiene grandes cualidades, pero pita muy delicadito, como muy quedito, no se compromete”... Don Antonio hablaba de Roberto García Orozco.

Nacido hace 42 años en la Ciudad de México, ha sido un silbante que ha destacado tanto para bien como para mal, ya que ha tenido grandes partidos, como también grandes errores. Desde muy joven tomó al arbitraje no como un pasatiempo, sino como una profesión de la que ha vivido desde hace bastante tiempo.

Tiene un par de negocios propios que administra, pero la mayor parte de su tiempo lo dedica, dicen, a su preparación como silbante. No está graduado, sólo terminó el bachillerato, pero eso lo compensa con los muchos cursos que ha tomado a nivel internacional, casi siempre impartidos por la Comisión de Árbitros de la FIFA, aunque no habla inglés.

García, apasionado del gimnasio, y destacado en el futbol como defensa central, también ha consagrado su vida a la religión, adoptando el cristianismo.

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