El juego global necesita renovarse

Pese a sus habilidades de sobrevivencia, Blatter cedió el trono.
Erosionada la credibilidad de Blatter, éste se mantuvo firme en sus principios. Reuters
03/06/2015
02:00
Marco Vicenzino
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En la primera conferencia de prensa de su quinto mandato como presidente de la FIFA, un muy desafiante ‘Sepp’ Blatter afirmó que era su “responsabilidad” restaurar la reputación de la FIFA. Esto equivalía a una tarea cuesta arriba después de una victoria pírrica. Fue golpeado por esa arrogancia asociada con la antigua tragedia griega que a menudo resulta en rendición. ‘Sepp’ ha encontrado ahora su fin como presidente de la FIFA.

Las vergonzosas acusaciones hacia 14 altos funcionarios del organismo por supuestas actividades bajo la mirada de Blatter infligieron un devastador golpe a la legitimidad de la FIFA y hacia la continuamente erosionada credibilidad de Blatter. Recientemente, la reelección de Blatter representó un autogol y la derrota para la FIFA, así como una victoria sin sentido para el propio Blatter. Con la renuncia, la FIFA ahora debe comenzar el proceso para restaurar su reputación, la cual ahora está por los suelos.

La posición de Blatter se dañó aún más por su incapacidad de tener una victoria segura en la primera ronda de las elecciones presidenciales de la FIFA. Contrario a las expectativas, no hubo un ritual de coronación. El oponente de Blatter, el príncipe Ali de Jordania, con 39 años de edad, afirmó hábilmente que restauraría la transparencia y rendición de cuentas, esas que fueron eludidas por Blatter y que la FIFA tanto necesita.

Mientras que el príncipe Ali se refirió a la FIFA como un organismo de servicio, Blatter la describió como una compañía. En la mayoría de las multinacionales, la cabeza normalmente presenta su renuncia si varios ejecutivos importantes son acusados. Obviamente, los estándares corporativos de Blatter no coincidieron con esa idea. La realidad finalmente llegó.

El príncipe Ali claramente confrontó a Blatter con el conocimiento de que no sólo perdería la elección presidencial, sino también su puesto como vicepresidente de la FIFA por Asia. Esto marcó uno de los momentos más sobresalientes, y raros, en los que un ejecutivo de la FIFA se mantuvo firme en sus principios, pese a sacrificar su puesto. Al ponderar el interés colectivo por encima de las ganancias personales, el príncipe Ali mostró alto nivel y marcó un precedente para otros integrantes de la FIFA que aspiren a la presidencia.

Por otra parte, la participación electoral del príncipe Ali proporcionó una voz crítica y sirvió como catalizador crucial para los oponentes de Blatter. Este considerable bloque representó más de un tercio de los miembros de la FIFA con voto. Demandan una reforma interna real y ya no aceptarán que todo se maneje como un negocio.

El tono de voz de Blatter se mantuvo constante al intentar restar importancia a los procesos criminales. En lugar de perseguir un acuerdo real y la reconciliación, continuó con un discurso retórico de desafío, victimización y conspiración. Además de sus opositores y la forma de alimentar su ego, estas payasadas no arrojaron dividendos concretos.

Pese a sus legendarias habilidades de sobrevivencia, Blatter finalmente cedió ante los procesos judiciales que se desarrollan en Estados Unidos, Suiza y otras jurisdicciones potenciales. Los funcionarios de justicia estadounidenses reafirmaron que las acusaciones iniciales sólo fueron el comienzo. Inevitablemente, otros seguirán.

La pregunta que prevalece es si Blatter será procesado. Es probable que eso haya significado su fin como presidente de la FIFA.

A pesar de la dimisión de Blatter, más cargos de altos oficiales de la FIFA continúan bajo la mira. Además, el derrame político realmente podría continuar, ya que los gobiernos de todo el mundo, con diferentes intereses, tendrán opiniones contrastantes.

Mientras es la organización que representa al deporte más popular en el mundo y acoge el mayor evento deportivo del orbe, la FIFA necesita desesperadamente una reforma de transformación y una renovación. Simplemente, están muy atrasados. Los límites del mandato y la imposición de los más altos estándares de las mejores prácticas internacionales deben encabezar la lista. Después de 17 años como presidente de la FIFA, Blatter, quien tiene 79 años de edad, representaba la continuidad y un pasado marcado por la falta de transparencia y la rendición de cuentas, además de la cultura de la impunidad y los secretos. Simplemente, él era incapaz de restaurar la credibilidad de la FIFA.

Por otra parte, las acusaciones tienen al organismo, cuya sede está en Zurich, en la mayor crisis que ha vivido durante sus 111 años de historia. No sólo se ha puesto en duda la legitimidad del organismo, también la de todo el deporte que representa. La investigación judicial que se lleva a cabo en Estados Unidos desde hace tres años implica supuestas fechorías, que datan de 1991, por la suma de 150 millones de dólares. Las autoridades suizas acaban de iniciar una investigación en relación a la designación de las sedes para la Copa del Mundo en 2018 y 2022.

Con otras jurisdicciones también tomando en cuenta las posibles investigaciones sobre las actividades de la FIFA, claramente todos los eventos están llegando a un punto de inflexión.

Marco Vicenzino es director de Global Strategy Project. Aparece y colabora con CNN, BBC, Fox, Al Jazeera y muchos otros. Sus textos y colaboraciones han aparecido en publicaciones impresas y sitios de internet líderes de su ramo, incluyendo al New York Times, Financial Times,Guardian, El Mundo, El País, Folha de Sao Paulo y otros.

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