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Se puede escuchar en su voz, en cómo se miran, incluso en sus silencios. Para Saúl Álvarez (48-1-1,34KO) y Julio César Chávez Jr (50-2-1,32), esta noche se trata de algo más que una pelea de boxeo. Es el orgullo en juego en una cita que el destino les cumplió una década después, para saber quien es el mejor mexicano sobre el encordado.

Dos historias que tuvieron comienzo en polos distintos.

Saúl, el niño que se impulsó de la pobreza para lograr a sus 26 años un imperio de casas y autos lujosos. Julio, primogénito del “César del boxeo”, que lastimó con su arrogancia el apellido más querido del pueblo. Hoy chocan los guantes tras varios rounds de palabrería.

Lo hacen en Las Vegas, la meca del boxeo y el único lugar donde se pagan 28 millones de dólares en bolsa garantizada. Ningún otro duelo entre mexicanos reunió los dólares que caerán en sus cuentas.

Antes de subir al ring, Álvarez ya sumó 21 millones de dólares. Chávez Carrasco se adueñó de 8 mdd. Pero ambos han enfatizado que no se trata de dinero. Pelean por apagar la furia deportiva que cada uno siente por el otro.

“La rivalidad empezó desde hace 10 años cuando yo le pedí una oportunidad de enfrentarlo y dijo que no sabía quién era yo. Los comentarios que ha hecho no me han caído bien porque me ha ofendido. Pero todo eso me motiva a prepararme bien”, declaró Álvarez.

El tapatío no entiende cómo su rival en turno pudo desperdiciar las ventajas que representa ser el hijo de Julio César Chávez González.

“Respeto su vida personal. No la conozco ni me interesa. Pero no puedo ver que una persona con tanto haya hecho tan poco. Trató de representar al país, pero no pudo por su indisciplina”.

“Canelo” no quiere tomar la pelea como una lucha de clases sociales. Pertenecen a la misma familia, que es la del boxeo y asegura que no envidia al “Hijo de la leyenda”.

Álvarez, el nuevo niño bonito del boxeo, para muchos ya cabalga con aires de grandeza y roza la soberbia. Rompió lazos con el Consejo Mundial de Boxeo. Mira por encima del hombro a todos desde su trono.

“Él [Canelo] siempre ha querido que le digan que es un Chávez, un [Érik] Morales, pero no lo es, por eso me tiene envidia”, dijo Chávez.

Julio nació con unos zapatos tan grandes que nunca podrá llenar. Ser hijo del boxeador más importante de México le dejó beneficios y también muchos estigmas. Hoy pelea por su historia, para olvidar que hace meses arañó el retiro.

Lo que hace 10 años comenzó con ángulos diferentes, termina esta media noche con un brazo en alto y en la otra esquina alguien con el fuego apagado.

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