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Es normal pensar que las ganancias millonarias que reporta cada año la industria del lujo provienen de las compras que hace la clase más acaudalada del mundo. Pero resulta —para sorpresa de todos— que desde hace unas cinco décadas esta «obviedad» no es más que una idea que nos acostumbramos a dar por hecha. Hoy en día son las economías —micro y macro—que se encuentran en crecimiento, las que juegan un papel más relevante para este sector. En un breve análisis publicado en The Business of Fashion, Luca Solca —director de la sección de lujo de la compañía de inversiones Exane BNP Paribas— apuntó: «si el lujo realmente estuviera dirigido por los ricos, la industra sería un sector de nicho sirviendo a sólo unos pocos afortunados en lugar de ser un negocio gobal y dinámico que vende a un mercado que cuenta con millones de consumidores». ¿Pero de dónde salieron todos esos consumidores? La respuesta está en diversas regiones del mundo. A decir de Solca, los movimientos actuales de las economías están generando una riqueza emergente que busca, casi de manera desesperada, usar su dinero recién adquirido para adquirir objetos que le den validez a su nuevo estatus.
El fenómeno lo hemos visto en Estados Unidos y Europa, pero de manera más reciente en China, en Rusia y ahora también en Latinoamérica. Para ser más específicos, en México, que es desde 2014 —según cifras de la agencia Euromonitor Internacional— el primer consumidor de lujo en la región dejando atrás a la promesa incumplida (por ahora) que fue el boom de Brasil. Eso explica todas las tiendas de marcas internacionales high-end que se han inaugurado en fechas recientes a lo largo de la República. México, con su clase media de cada vez más creciente población de parejas DINKS —Double Income, No Kids —y millennials seguidores de tendencias, está empujando a las firmas de lujo a aumentar su oferta y a superar el reto que implican las condiciones de inseguridad del país y que —al menos para ellos— parecen resolverse con la construcción de más centros comerciales que proveen de un ambiente de confianza a los clientes. Así que, eso: al mercado del lujo en México no lo sostiene nuestra mínima población de 10 millonarios, sino varios miles de clasemedieros.
Como toda economía en crecimiento, la de México es inestable y las cifras de consumo podrían cambiar pronto. Claro que luego de saber que en 2014 facturamos 14 mil millones de dólares en productos de lujo y que ahora el dólar raya constantemente los 19 pesos, más que «emergente» o «en crecimiento» la nuestra más bien resulta una economía muy dada a la ironía. Y lo bueno de las burlas disimuladas es que son un lujo inmaterial que ni cuesta ni se acaba nunca.
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