Charlas de alta frivolidad y cosas peores

Cuando el diseñador más famoso del mundo, es decir, Karl Lagerfeld contrata a una sirvienta para atender única y exclusivamente a su adorada gatita Choupette, entiendo por qué mucha gente asevera que la moda es un circo de futilidades
25/07/2015
01:00
Bernardo Hernández
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¡Amo este negocio! He vivido de él durante años y me ha dado muchas cosas, entre ellas, migrañas colosales, una gastritis de las mismas proporciones, una sólida amistad con el Botox y el buen hábito de rodearme de gente menos atractiva e inteligente para destacar un poco. Contadas disciplinas me divierten tanto como la industria del glamour (el porno amateur mexicano no entra en este listado y tampoco los berrinches ciclotímicos de Miguel Ángel Mancera), pero en ocasiones lo que ocurre en las entrañas del fashion system es demasiado, incluso para mí, que me perfumo con Opium, de Yves Saint Laurent, hasta para ir a OXXO por una Coca-Cola Light.

MAULLIDOS Y LADRIDOS TRÈS CHIC
A veces pienso que Monsieur Lagerfeld debería tomar un descanso prolongado. Traducción: ¡que alguien contrate a un nuevo director creativo, menor de 100 años de edad,  para Chanel y las otras marcas que son responsabilidad del llamado “káiser” de la moda! En una charla que sostuvo con Lady Gaga, el couturier –nacido el 10 de septiembre de 1933, en Hamburgo, Alemania– le preguntó lo siguiente: “Choupette habla sin palabras… se comunica conmigo a través de sus ojos. ¿Cómo se comunica Asia contigo?”.  Asia es el nombre con el cual la cantautora bautizó a su inseparable mascota, un Bulldog Francés hembra. Si no hubiera sido Lagerfeld quien dijo lo anterior, media humanidad habría asegurado que el hombre estaba chocheando, o bien, que requería usar la única prenda que jamás ha portado en su larga existencia: una camisa de fuerza. Sin embargo, como se trata de una superestrella de la moda, todo mundo se quedó calladito y a Gaga no le quedó más remedio que seguirle la corriente: “Asia y yo tenemos un vínculo especial, también habla mucho con sus ojos grandes y hermosos. Sus orejas son especialmente grandes, y me puedo dar cuenta cuando está cómoda en casa con mami porque sus orejas están abajo. A Asia también le encantan los masajes de pancita, de parte de todos, ¡y se acuesta boca arriba todo el tiempo para hacérmelo saber!”. En verdad no quiero imaginar lo que pasa en las palaciegas alcobas de Lady Gaga y Karl Lagerfeld con sus respectivas mascotas una vez que se cierran las puertas. ¿Se puede saber dónde diablos están todos esos chicos buena onda de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA)? ¡Dejen de molestar a Bianca Jagger por sus apolillados abrigos de visón y vayan al rescate de Choupette (en el nombre lleva la penitencia) y de Asia!
 

CREO QUE DIOS SE ESTÁ ENOJANDO…
Yo sé que millones de personas  profesan una adoración incondicional por sus perritos, gatitos y demás animalitos. Son capaces de gastar muchísimo dinero  en ellos, contratarles un seguro de gastos médicos mayores, llevarlos semanalmente a consulta con el etólogo y pedirle  a San Judas Tadeo  que Riccardo Tisci comience a diseñar piezas de Alta Costura para cuadrúpedos. Hoy en día hay salas de espera VIP en los aeropuertos para que las mascotas no se estresen, y abundan los hoteles, las cafeterías y los restaurantes gourmet para cualquier especie que no sea humana. Llámenme anticuado, pero esta tendencia, que se ha convertido en un movimiento tan  grande como el trasero de Beyoncé, me parece algo excesivo. A todos estos adoradores de los perros y gatos se les rompe el corazón cuando atestiguan que estas  criaturas no son alimentadas con filetes de salmón, pero son perfectamente indiferentes ante una anciana de 87 años que pide limosa en la calle, a quien no están dispuestos a darle ni 50 centavos. Lo único que le obsequiarían es un puntapié para que se haga un lado y su Chow Chow pueda defecar a gusto. No quiero sonar apocalíptico, pero Dios nos va a castigar por tantas majaderías. ¿No me crees? Bueno, pues entonces espero que tengas una explicación plausible para determinar por qué el dólar se ha disparado a $16.40 (y ya basta de echarle la culpa a Grecia). Sospecho que Dios está por abandonar el estado de “simple enojo” y pasar al de “furia incontenible”. No quisiera estar ahí cuando eso ocurra, pero sospecho que tengo reservado un asiento en front row.
 

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