El legado de Ian Graham, autor de la "Biblia de la epigrafía maya"

Arqueólogos y epigrafistas destacan la labor del especialista inglés que murió hace unos días y que dedicó más de 50 años al registro y cuidado del patrimonio cultural
Por años, Ian Graham exploró rincones de la selva en México, Guatemala y Belice, enfrentando enfermedades tropicales, peligros en la jungla y amenazas de muerte. (CORTESÍA INAH)
12/08/2017
00:21
Abida Ventura
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Era 1958 cuando Ian Graham (1923-2017), a bordo de un Rolls-Royce negro, descubrió casi por accidente la frontera de Estados Unidos con México. Un impulso repentino lo hizo seguir su camino hacia el sur, un territorio totalmente desconocido para él. Llegó a la Ciudad de México y fue aquí donde se quedó prendado de la cultura maya, ese mundo al que le dedicó más de la mitad de su vida.

Nacido en 1923, en una familia aristocrática inglesa de Suffolk —este de Inglaterra—, descendiente de Oliver Cromwell, este caballero inglés aficionado a los antiguos Rolls-Royce y que hizo estudios de física en el Trinity College de Dublín dejó todas las comodidades para adentrarse a pantanos y lugares inaccesibles del territorio maya para registrar sitios y monumentos con inscripciones jeroglíficas.

“Puedo afirmar que realmente nunca, en los 50 años que me he dedicado a este campo, lo he lamentado. Todo lo contrario, no puedo imaginar otro quehacer tan más gratificante”, escribió el experto fallecido el pasado 1 de agosto en su autobiografía The Road to Ruins, publicada en 2010.

Durante más de medio siglo, sorteando enfermedades tropicales, peligros en la jungla y amenazas de muerte, Graham exploró rincones de la selva en México, Guatemala y Belice para rastrear los testimonios escritos que dejó esta antigua civilización en estelas y elementos arquitectónicos. De esas múltiples incursiones logró conformar el Corpus de las Inscripciones Jeroglíficas Mayas (CMHI) que comenzó en 1968 y que se ha convertido en “la Biblia de la epigrafía maya”.

“Es un corpus necesario, que debe estar en cualquier biblioteca personal o institucional donde se hace investigación sobre epigrafía maya porque él fue quien más monolitos mayas registró de manera sistemática durante varias décadas… Y seguirá siendo una referencia unos 200 años más porque contiene monumentos que nadie más registró y que ya no están porque fueron robados, saqueados, que están en el mercado negro o en manos de coleccionistas. Es realmente un testimonio histórico de esos monumentos cuando estaban in situ”, destaca en entrevista el  epigrafista mexicano Érik Velásquez García, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

“Es un legado extraordinario, una contribución al aprendizaje y a la humanidad que nunca será igualada en los estudios mayas… El consenso es que el desciframiento de los jeroglíficos mayas simplemente no habría sido posible sin el dedicado trabajo de Ian. Sin esa labor, nos habríamos privado de sus dibujos, meticulosamente representados y trazados, de sus fotografías de alta  precisión de muchos monumentos ahora perdidos por los saqueos o por la erosión”, coincide Barbara W. Fash, quien actualmente es la encargada de dicho Corpus, el cual se ha convertido en un programa permanente gracias al auspicio del Museo Peabody de Arqueología y Etnología, de la Universidad de Harvard.

Vía correo electrónico, la arqueóloga e ilustradora cuenta a EL UNIVERSAL que desde que su fundador se retiró en 2004, el proyecto ha dado continuidad a su legado con la exploración de nuevos sitios, la preservación de monumentos y publicación de libros dedicados a la epigrafía maya. Este otoño, adelanta, publicarán un volumen dedicado a las inscripciones en Cotzumalhuapa, Guatemala; enseguida saldrán a la luz otros cinco libros. En 2018 publicarán uno sobre Yaxchilán, Chiapas, el cual estará dedicado a la memoria del explorador. Para honrar su legado, el Peabody Museum también realizará un homenaje este otoño, aunque la fecha está por confirmarse.

En 2004, el explorador donó todo su acervo al Peabody, a partir de entonces, este museo junto con el Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Harvard ha trabajado en la digitalización del archivo. “Ya fueron digitalizados más de 10 mil negativos e imágenes de monumentos y sitios mayas. Ian dejó todos sus negativos fotográficos ordenados. Actualmente tenemos un proyecto a tres años para digitalizar las más de 17 mil fotografías históricas de la colección para que se puedan consultar en línea”, detalla Fash.

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“El último gran explorador”. Descrito por sus discípulos como “un genio inconformista”, Graham pasó de estudiar física a trabajar por un tiempo como restaurador de fotografías en la National Gallery, luego como ilustrador de libros de mesa; pasó de trabajar como fotógrafo de moda en Nueva York a ser “el último gran explorador” de los antiguos territorios mayas. Sin embargo, nunca se consideró un epigrafista ni realizó interpretaciones de esos textos. Su labor consistió en registrarlos y abrir el camino para las futuras generaciones de epigrafistas, quienes en la última década han logrado importantes avances en la comprensión de la escritura maya.

Uno de grandes hallazgos que se han registrado en los últimos 10 años —entre 1998 y 2012—, ha sido el desciframiento de la gramática de los jeroglíficos mayas, considera Velásquez García: “El poder entender, por fin, las lenguas involucradas en estos registros, porque no existe una sola lengua maya, lo que existe es una familia, un árbol genealógico compuesto por más de 28 idiomas, como el yucateco, el chontal, el quiché…, son lenguas que parecen diferentes, pero tienen la misma raíz etimológica; es como el francés, el italiano, el portugués, que descienden del latín”.  Aun así,  señala, “estamos todavía en los inicios de la epigrafía maya, se necesitarán otros  200 o 300 años más de estudio”.

Pero para llegar hasta donde ahora están, la labor de Ian Graham ha sido crucial. “A veces se nos olvida que todos estos grandes exploradores y epigrafistas mayas, como Graham, Teobert Maler o Alfred Maudslay, dejaron el camino preparado para que otros epigrafistas continuaran con el trabajo, con las interpretaciones. La labor que han hecho las otras generaciones de epigrafistas, como Nikolai Grube, de la Universidad de Bonn, quien es un gran conocedor de los jeroglíficos mayas, se debe al trabajo de Graham”, resalta la arqueóloga Elizabeth Baquedano, profesora e investigadora en la Universidad de Londres.

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Defensor de patrimonio. Además de abrir camino en los estudios de la epigrafía, Graham fue un incansable defensor del patrimonio cultural contra saqueos y la venta ilegal. En los años 60 le tocó presenciar la fiebre de los cazatesoros en sitios arqueológicos mayas. En sus expediciones documentó la destrucción de monumentos que eran cortados por fragmentos y que luego aparecían en subastas en Estados Unidos, presenció la trágica muerte de uno de sus guías a manos de saqueadores, testificó en una corte de EU en contra de dealers que fueron sentenciados a años de cárcel y siempre estuvo en contra de la venta ilegal y el coleccionismo de piezas arqueológicas.

“Su Corpus fue el instrumento principal que utilizó para preservar el patrimonio arqueológico frente a las actividades ilícitas de saqueo y destrucción. Su defensa del patrimonio cultural ha incluido el rastreo y la denuncia de piezas saqueadas en los museos y las colecciones privadas, participó en procesos legales que culminaron con condenas. En particular, Graham jugó un papel clave al detener el saqueo en Río Azul, Guatemala, en 1981”, recuerda la arqueóloga Ann Cyphers, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Con ella coincide la arqueóloga Adriana Velázquez Morlet, delegada del Centro INAH Quintana Roo, quien señala que ese vasto registro es, en muchos casos, la  única documentación que queda de algunos monumentos. “Muchos de los que él registro ya se perdieron o los robaron, sobre todo en El Petén guatemalteco”, comenta la investigadora, quien comenta que la última vez que Graham visitó ese estado, a bordo de una vieja Land Rover, fue a finales de los años 90.  

“Ya era mayor, pero seguía viniendo a recorrer sitios mayas, aquí documentó Copán; no le importaba las largas jornadas o las condiciones meteorológicas. Casi siempre andaba solo, llegando a los lugares que visitaba contrataba a sus ayudantes y siempre tenía historias que contar”, recuerda.

En Reino Unido, evoca Baquedano, su última gran aparición pública fue en 2002, cuando  impartió una conferencia ante un auditorio lleno en el British Museum, donde habló de Maudslay, a quien admiraba.

En México participó en la Sexta Mesa Redonda de Palenque en 2008, donde fue homenajeado. Recibió múltiples reconocimientos, como la condecoración de la Orden del Imperio Británico, que le fue otorgada por la Reina de Inglaterra en 1999.

El pasado 1 de agosto, Graham falleció a los 93 años de edad en Suffolk, en la casa donde nació; fue sepultado  este jueves en un evento familiar e íntimo al que sólo acudieron sus colaboradores más cercanos. En su garaje, relata el diario birtánico The Times en un obituario que le dedica, conservaba un antiguo Rolls-Royce que restauró casi hasta sus últimos días de vida.

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