La pasión de la élite mexicana por beber ginebra en el siglo XIX

Los habitantes de Tezontepec buscaban imitar las tendencias de la capital, pero fue un producto de bajo consumo por su alto costo
Foto: INAH
31/05/2017
14:41
Notimex
México
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Estudios realizados a materiales arqueológicos recolectados en los ranchos El Bathé y El Varal, del municipio de Tezontepec de Aldama, Hidalgo, revelan que en dichos asentamientos se realizó una significativa importación y consumo de ginebra proveniente de Holanda, durante los siglos XIX y XX.

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señalan que aun cuando el consumo de pulque estaba más popularizado entre los pobladores de este municipio, las élites de Tezontepec trataban de emular las tendencias de consumo que imperaban en la capital y en otras ciudades importantes del México decimonónico.

Durante su participación en el Cuarto Coloquio de Arqueología Histórica donde se presentó la investigación De Ámsterdam a Tezontepec. Evidencias arqueológicas del consumo de ginebra en los ranchos El Bathé y El Varal durante los siglos XIX y XX, el arqueólogo Eduardo Ambrosio Lima explicó que entre los vestigios se encuentran fragmentos de vidrio y de cerámica alisada y vidriada, porcelana y loza fina blanca europeas y gres.

“Consumada la Guerra de Independencia, México abrió sus fronteras al comercio internacional, principalmente europeo, aunque éste ya existía desde los últimos años del periodo novohispano de manera legal y por contrabando. Sin embargo, al ser una nación independiente, la actividad comercial se formalizó y la importación de mercancías europeas cobró importancia”, recordó el arqueólogo de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

Detalló que dos fragmentos de botellas tienen parte de las marcas selladas en las paredes exteriores del cuerpo, muy cerca del hombro, “al compararlas con otros materiales, casi completos, de excavaciones en la Ciudad de México pudimos identificar que se trataba de las mismas botellas de ginebra provenientes de la destilería holandesa Wÿnand Fockink, con sede en Ámsterdam”.

Apuntó que los restos de dichas botellas se ubicaron cronológicamente en las últimas tres décadas del siglo XIX y posiblemente las dos primeras del XX, pues los  anuncios publicitarios de la marca Wÿnand Fockink Amsterdam, identificada en los materiales de gres, aparecen en periódicos del último tercio del siglo XIX y las primeras cuatro décadas del XX.

Sobre la llegada de ginebra a nuestro país, el antropólogo del INAH comentó que se desconoce la fecha exacta en que se empezó a importar. Se cuenta con un registro aduanal de 1806 que consigna la entrada, en un buque español, de 66 frascos de aguardiente de ginebra, con un costo de 999  pesos, y de 532 botellas, en buques neutrales, con un precio general de seis mil 384.

El Directorio del Comercio del Imperio Mexicano consigna que en 1867, la importación de ginebra en frascos de un quintal costaba entre nueve a diez pesos; fue un producto de bajo consumo por su alto costo, por lo que se infiere que era una bebida a la que solamente podía acceder un reducido grupo de la sociedad decimonónica mexicana.

“Esta élite finisecular poseía un alto poder adquisitivo que les permitía acceder a bienes nacionales de elevado costo, así como a productos de importación. Los propietarios de los ranchos El Bathé y el Varal, de acuerdo con las evidencias arqueológicas, no sólo accedieron a objetos de cerámica europea sino también a ginebra holandesa”, concluyó.

nrv

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