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El edificio anexo a la Antigua Academia de San Carlos, que se ubica al suroeste del inmueble que es una de las edificaciones más importantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el Centro Histórico, es objeto de una rehabilitación porque presenta “daños estructurales”.

Sin embargo, la Universidad no ha especificado qué obras implica esta rehabilitación ni cuáles vendrán más adelante aun cuando ha anunciado que el proyecto continuará en una segunda etapa con la intervención del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Las obras son cuestionadas por la doctora Luz del Carmen Vilchis Esquivel, quien fue la primera mujer en dirigir la entonces ENAP y hoy Facultad de Artes y Diseño (FAD) —periodo 2002 a 2006—. Como estudiante y maestra ha hecho de la Academia su “segunda casa”; tal conocimiento la lleva a preguntar por el tipo de daños que sufre el anexo, por las obras que habrá así como por las acciones que, asegura, persiguen desmantelar a la Academia de sus archivos y colecciones.

Vilchis hizo una petición en la plataforma change.org para detener “la demolición” del anexo; su petición tiene tres mil 654 simpatizantes.

En entrevista, la maestra pide transparencia en lo que se realiza; demanda que se haga público, por ejemplo, el diagnóstico del Instituto de Ingeniería de la UNAM a partir del cuál se anunciaron estas obras; pregunta cómo estas obras y otros movimientos en el edificio podrían afectar los acervos de la institución, que son joyas de la historia del arte del país y del mundo.

A través de un comunicado que envió a los medios y cuyo contenido se puede leer en muros y otros espacios de la Academia, la UNAM informa que el área del edificio anexo presenta “daños estructurales” que representan un riesgo; agrega que el edifico anexo no es parte del colonial sino que fueron viviendas adquiridas a principios del siglo XX; y acota que habrá una segunda etapa en el proyecto con la intervención del INAH.

“¿Donde está el dictamen de Antropología (INAH)?”, exige Luz del Carmen Vilchis y argumenta: “Antropología tendría que hacer un dictamen con sus especialistas. El anexo es parte del recinto histórico y, para realizar alguna demolición, se requiere de la autorización de Monumentos Históricos del INAH. El edificio del anexo está adosado al antiguo y se comporta, con los años, como un todo. No importa si ese ‘cuadrito’ lo hicieron en el siglo XX, esa esquina es parte de un Monumento Histórico, y es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO”.

La UNAM, que no ha respondido a solicitudes de EL UNIVERSAL para entrevistar a la actual directora de la FAD, la maestra Elizabeth Fuentes Rojas, ni a la petición para hacer un recorrido y detallar el tipo de obras que se hará, no aclaró en aquel comunicado qué significa esa segunda etapa del proyecto: si serán obras exclusivamente en el edificio anexo, si se tratará de una demolición ni por qué, en tal caso, tendría qué intervenir el INAH cuando hasta ahora no lo ha hecho.

Para avalar la condición histórica del inmueble anexo, Vilchis cita una publicación de Conaculta e INAH, Estudio. Calle de Moneda de 2002, que refiere los recintos históricos, y que dice de la Antigua Academia de San Carlos: “En esta casa Fray Juan de Zumárraga fundó el Hospital del Amor de Dios el cual ocupó toda la manzana. A finales del siglo XVIII al irse enajenando y con lo que quedó de ésta se convirtió en la Academia de San Carlos”.

La doctora exhibe también la ficha de la Academia de San Carlos dentro del Sistema Único de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas e Históricos que se refiere a un inmueble exclusivamente (no tipifica un anexo) con un área de cuatro mil 366 metros cuadrados y una superficie total
de construcción de 10 mil 497 metros cuadrados.

Junto al comunicado de la UNAM, en muros y otros espacios de la Academia aparecen cartas y planos del inmueble. Una de las misivas está firmada por el ingeniero Abraham Roberto Sánchez, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, que “sugiere de manera preventiva” evitar el uso del edificio anexo y refiere que se está a la espera de un proyecto integral de rehabilitación.

La maestra Vilchis asegura que en la Academia existen problemas más severos que el de los techos del anexo como la fractura que sufrió la antigua biblioteca (en el segundo nivel del histórico edificio), debajo del cual existen galerías en las que, tras la suspensión de actividades en el anexo, se están ofreciendo cursos.

Para la exdirectora de la entonces ENAP, tanto las obras de construcción como el cierre de archivos o su movimiento a otras áreas de la Universidad representan un peligro porque “no sólo estamos hablando de la primera academia de artes de América, sino de las primeras galerías de América. La Academia, junto con todo el Centro Histórico, está declarada Patrimonio Nacional por decreto del 11 de abril de 1980. Es parte de una declaración de la UNESCO de Patrimonio Mundial del Centro Histórico de la Ciudad de México, de 1987”.

La Academia de San Carlos, fundada en 1781, tiene una colección de más de 60 mil objetos, además de libros y algunos volúmenes de su Fondo Reservado; parte de éste último se llevó a la Biblioteca Nacional y algunos de sus bienes se han llevado a museos como el Nacional de Arte y el San Carlos.

De acuerdo con Vilchis, “ha habido un empeño muy fuerte de parte de la Facultad de Arquitectura y del Instituto de Investigaciones Estéticas por quedarse con el edifico de la Academia de San Carlos (Arquitectura siempre ha discutido que la Academia es parte de su origen y ha habido un interés muy agudo por tratar de quedarse con él) y el Instituto de Investigaciones Estéticas ha tratado, de alguna manera, de atraer las colecciones para ellos, porque también hay esa discusión con la Academia de que nosotros no somos investigadores y que ellos deben tener sus colecciones”.

Para la maestra de posgrado, no es atrevido hablar de desmantelamiento de las colecciones de la Academia: “En el sexenio de José López Portillo, se gestiona que un decreto por el cual el Munal se queda con colecciones de la Academia y el Museo de San Carlos se queda con otras colecciones. La Pinacoteca Virreinal, que ya no existe, pero cuyas colecciones regresaron al Munal, estaba hecha con las colecciones de San Carlos. Se le quitan entonces a
la Academia sus colecciones cuando tiene los suficientes espacios para albergarlas todas”.

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