Estrellas de marketing de la música clásica

En la exitosa fórmula de mezclar lo clásico y lo popular con irreverencia, el violinista David Garret llega esta semana a Bellas Artes
El alemán David Garrett ganó en 2008 el récord Guinness como el violinista más rápido del mundo (ARCHIVO EL UNIVERSAL)
06/02/2017
00:20
Alida Piñón
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Dos jóvenes vestidos con trajes de olanes y pelucas alusivas al siglo XIX están sobre el escenario. Toman sus violonchelos y tocan la sinfonía más famosa de Beethoven, la quinta. En el público también hay vestidos largos y grandes peinados. De pronto, luces blancas lo alumbran todo. Los músicos ahora lucen con ropa de cuero negro y la audiencia parece de este siglo. La obra del compositor alemán se funde poco a poco con Whole Lotta Love, tema de la banda británica de rock Led Zeppelin que fue elegida como unas las mejores canciones en la historia del rock, según la revista Rolling Stone.

El video del dúo esloveno croata conformado por Stjepan Hauser y Luka Sulic, llamado 2cellos, se encuentra en YouTube y cuenta con casi 6 millones y medio de vistas, y más de 2 mil comentarios, la mayoría de admiración. Su trabajo acumula millones de vistas en redes sociales desde 2011, su éxito es tal que en Europa son la imagen de comerciales de bebidas. El salto a la fama llegó cuando los músicos de formación clásica subieron a Internet un video de su versión en chelo de Smooth Criminal de Michael Jackson, y consiguieron 19 millones de reproducciones.

Hoy, son teloneros de Elton John y graban discos con diversas sinfónicas, entre ellas la de Israel. La fórmula parece sencilla: mezclar dos mundos aparentemente distintos, el clásico y el popular; y añadirles un toque de irreverencia y frescura.

Otro de los músicos con formación clásica, cuyo repertorio va de Bach a Radiohead es el violinista libanés Ara Malikian, a quien han llamado “el nuevo Paganini” o “el mago del violín”. Nacido en 1968, aprendió a tocar violín en su infancia, encerrado en un refugio antibombas en su natal Beirut.

Al artista, que ha trabajado con bailarines como Joaquín Cortés y ha grabado música de películas como Hable con ella, de Pedro Almodóvar, con frecuencia la prensa le adjudica dones revolucionarios, pero él siempre responde que sólo ha hecho las cosas a su manera. Ha tocado en recintos como Carnegie Hall en Nueva York, y ofrece más de 400 conciertos a lo largo del año.

Uno más es el violinista alemán David Garrett quien vuelve a México para presentarse en Bellas Artes. Luego de haber ofrecido previamente al público mexicano conciertos basados en sus versiones de populares temas de rock y pop, el músico ofrecerá un concierto con repertorio clásico, acompañado por el piano de Julien Quentin.

Garret, que actuará los días 7, 8, 10, 11 y 13 de febrero, con precios que van de los 4 mil a mil 500 pesos, ganó en 2008 del récord Guinness como el violinista más rápido del mundo. A menudo se le considera un prodigioso ejecutante, que estudió con músicos de la talla de Itzhak Perlman, Zajar Bron e Ida Haendel, y se asegura que ha impuesto nuevos estándares para la fusión entre el rock y el pop con la música clásica.

En México ha presentado en los últimos años en el Auditorio Nacional selecciones de los álbumes que lo han colocado en los primeros sitios de ventas a nivel mundial, como Encore, Classic Romance, Legacy y Rock Symphonies.

Además protagonizó la película El violín del diablo y ha grabado con Deutsche Grammophon, una de las más prestigiosas del mundo. Sin embargo, la revista Limelight en 2013, a propósito de su disco Rock Symphones, aseguró que el violinista ejerce su arco como un machete y logra “castrar a compositores de talento como Beethoven y Kurt Cobain”. “Lo que lo hace especialmente atroz, ni siquiera es tan refinado, a pesar de la formación de Juilliard”, se lee en la publicación.

No sólo los instrumentistas gozan de las mieles de la fama y de las críticas voraces de la prensa especializadas, también el director de orquesta y violinista holandés André Rieu, quien, según su página de Internet ha vendido más de 30 millones de discos y se presenta cada año ante más de 70 mil personas. En el canto, destaca la Sarah Brightman, el grupo Il Divo y Andrea Bocelli, por mencionar algunos.

Son ellos los patitos feos de la música clásica, los condenados por los puristas, los rockstars que acumulan millones de admiradores al nivel del mundo y los más reacios detractores.

Sobre estos fenómenos musicales, el director escénico, músico, escritor y especialista en ópera, Oswaldo Martín del Campo, dice: “A mí no me asustan. No tengo una visión purista sobre ellos porque me volví fan de la ópera debido al concierto de Los tres tenores, el primer gran concierto del que surgen todas esas figuras mediáticas relacionadas con la música clásica. Al día de hoy hay refritos de ese concepto millonario que conformaron de Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y José Carreras”.

Del Campo sostiene que, independientemente de estética y profundidad, sí son figuras que se convierten en ganchos para nuevos públicos. “Me parece que ninguno de ellos tiene como finalidad la excelsitud estética. Considero que algunos de ellos buscan discursos masivos para llegar a la gente, por eso David Garrett podría parecer un icono del metal. Son personas que venden una imagen. Sin embargo hay otros que también explotan una imagen, pero desde otra óptica, como André Rieu quien se presenta con una apariencia decimonónica, viste a sus músicos como del siglo XIX y parecen un gran pastel de merengue. ¿Quién podría pensar que algo tan anquilosado se iba a vender? Creo que fue un éxito gracias a un público que mucha gente desprecia, que es el de los adultos mayores; vende nostalgia””, dice.

El crítico de ópera José Noé Mercado advierte que ante estas figuras se debe tener claro que la música académica no es sinónimo de intérpretes de calidad. “Se suele pensar que interpretar a grandes autores llena de calidad a los artistas. Si partimos de esto, lo que tenemos que preguntar es si estos artistas mediáticos tienen o no talento respecto a quiénes. Ante un prodigio, probablemente no; pero ante un promedio de artistas clásicos que vemos todos los días en nuestros teatros pueden incluso ser mucho más talentosos; además entregan productos de buena calidad y la gente los disfruta porque son espectáculos muy probados; cosa que no siempre vemos en muchos artistas considerados serios o formales”, advierte el especialista.

Iván Martínez, crítico musical del suplemento cultural Confabulario, plantea que este fenómeno se percibe más en especialidades como la ópera con figuras como Charlotte Church, Paul Potts, Susan Boyle, Jackie Evancho. Y advierte que la diferencia entre los artistas probados y los que han subido a la cima a través de mercadotecnia o luego de triunfar en programas televisivos, es la honestidad. “No conozco un artista que desee ganarse el título al violinista más rápido del mundo como sí le interesa a David Garrett”.

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