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ana.pinon@eluniversal.com.mx
La primera vez que el tenor Arturo Chacón-Cruz pisó un escenario fue en Álamos, Sonora, tenía 17 años. Era un festival dedicado a la música mexicana y cantó acompañado de un trío. La invitación llegó porque, recuerda, alguien escuchó que existía un tal Chacón que cantaba bien.
“Ensayamos como media hora y nos echamos un concierto de unos 45 minutos. La gente me aplaudió y estaba muy contenta. Me enorgullezco al reconocer que cuando empecé no tenía la mejor voz, pero sí que siempre busqué interpretar con gran sentimiento cada palabra”, dice en entrevista.
Su debut como cantante fue en aquella ocasión, pero la primera vez que cantó ópera ocurrió en 2000, interpretó El niño y los sortilegios en el Teatro Jiménez Rueda de la ciudad de México. “No recuerdo casi nada, sólo que estaba muy nervioso. Había sido solista como cantante de coros, con el mariachi, pero no en la ópera, imagínate el anhelo”, dice.
Hoy, después de haber pisado algunos de los mejores escenarios del mundo a lado de los más grandes artistas de la ópera, Arturo Chacón-Cruz celebra mañana 15 años de trayectoria operística con una gala en el Palacio de Bellas Artes.
Lo acompañarán los cantantes María Katzarava, Lourdes Ambriz y Óscar Santana; el pianista Ángel Rodríguez, el Coro y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, bajo la dirección de Enrique Patrón de Rueda, con un programa integrado por obras de compositores como Verdi, Puccini, Grever, Cantoral, Lara, entre otros. El concierto será gratuito con boleto de control.
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“La adrenalina de esa primera vez aún la siento, esos nervios me acompañan pero se van en cuanto piso el escenario. Me hacen sentir vivo, escucho mi corazón palpitar, mi respiración, siento la sangre en las orejas. Soy un cantante que sale, cada vez, lleno de inspiración, que se entrega completamente. Soy un gran autocrítico porque uno siempre le tira pedradas a la luna, pero no dejaré que se me quite la expresividad, es fundamental para mí”.
El tenor asegura que ahora lo que más aprecia de estos 15 años de trayectoria es que ha adquirido seguridad. “Ya no me se siento el chamaco que está irrumpiendo en el lugar sagrado, ahora me siento listo para enseñar quién soy, tengo mucha seguridad en mí mismo. Poco a poco he ido logrando un lugar, me siento validado. Conozco a cantantes, mayores que yo, que me dicen que están esperando que alguien descubra que son auténticos. Yo, en cambio, soy feliz de poder celebrar ahora 15 años, con mis amigos”.
El cantante sigue aspirando a envejecer en esta carrera y a tener buena salud. “También tengo deseos de seguir abordando otros roles, a probarlos para ver si me quedan bien y si no a esperar el momento. Hay dos o tres papeles que no quiero que se me vayan a ir”.
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Sobre su nuevo disco, La promesa, indica: “Va muy bien, es una propuesta de fusión de ópera con música más accesible, no saldrá en noviembre como lo tenía planeado sino en febrero o marzo del próximo año. Las grabaciones me interesan, tengo en proceso algunos planes, por ejemplo el disco de Verdi ya está listo pero la ex productora está en bancarrota y estamos tratando de sacarlo adelante. La industria de la música clásica está en crisis”.
Añade que trabajar en México es un regalo. “Me siento profeta en mi tierra porque el público me hace sentir que estamos en familia”, dice.
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