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Durante 2015 acudieron a la Biblioteca Vasconcelos cerca de 2 millones de personas para gozar de casi 2 mil actividades. FOTO: VALENTE ROSAS / EL UNIVERSAL

Una década de la Megabiblioteca

16/05/2016
04:10
Yanet Aguilar Sosa
Ciudad de México
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Tras su polémica y presurosa apertura, la Vasconcelos, que costó más de mil 500 mdp, celebra 10 años, periodo en el que ha renovado su vocación artística y educativa

Quienes idearon la Biblioteca Vasconcelos, soñaron para ella muchas cosas. Le dieron todos los nombres rimbombantes que se podían imaginar, la llamaron “Catedral de la Lectura”, “joya de la corona”, “cerebro de la Red Nacional de Bibliotecas”. Ésta, que aún es llamada la “Megabiblioteca”, y que fue el proyecto cultural de la administración foxista, cumple hoy diez años convertida más en una biblioteca modélica que genera proyectos culturales y lejos está del modelo que soñaron.

El año pasado, la Biblioteca Vasconcelos organizó cerca de 2 mil actividades educativas, culturales y formativas, que representan 217% más que las organizadas durante 2012, un año antes de que Daniel Goldin tomara las riendas de este espacio que avanza a contracorriente de las bibliotecas tradicionales. Su crecimiento es medible: en 2015 acudieron cerca de 2 millones de visitantes, 143% más que en 2012.

El espacio inaugurado en la zona de Buenavista, construido en un edificio ex profeso para ser biblioteca, según diseño de los arquitectos Alberto Kalach y Juan Palomar, entre otros, que comenzó una historia de fallas en su construcción, hoy es un espacio cultural que irradia luz a los más diversos públicos provenientes de toda la zona metropolitana. “Está muy grande para sólo ser una biblioteca de los vecinos”, afirma Daniel Goldin.

En su primera década de vida, la biblioteca que tuvo un costo superior a los mil 500 millones de pesos en su construcción y corrección de las diversas fallas por la inauguración prematura, se define como una biblioteca modélica en la construcción de servicios bibliotecarios y de públicos que tiene un promedio diario de 5 mil 649 visitantes, que posee un acervo general de 659 mil 764 volúmenes y que está por abrir 12 salas de usos múltiples y 15 salas o colecciones temáticas en el piso siete del recinto arquitectónico que ha ganado concursos por su diseño conceptual moderno. 

“Cada centavo que invirtió el pueblo de México en esta biblioteca es un centavo que ha dado un extraordinario beneficio”, afirma el director Daniel Goldin a EL UNIVERSAL. Detalla que 16% de la gente que viene a esta recinto proviene de la delegación Cuauhtémoc, que no sólo es 12 cuadras a la redonda;  otro 15% viene de la delegación Gustavo A. Madero, y 30% del Estado de México, sin embargo, viene gente de toda la ciudad, de Iztapalapa, de Ciudad Universitaria, Coyoacán, Xochimilco, Tláhuac y Tlalpan.

“A los casi 14 millones de personas que han venido a lo largo de los 10 años, con todo y el año y ocho meses que estuvo cerrado, con la enorme cantidad de servicios bibliotecarios que ha ofrecido esta biblioteca podemos decir que más que modelo es una biblioteca modélica que genera proyectos, que reconoce su singularidad pero al mismo tiempo quiere propiciar un intercambio con todas las bibliotecas, quiere ser una biblioteca que está en vinculación y está trabajando por el desarrollo bibliotecario en México”, dice Goldin.

El promotor cultural fue el primero en pensar en la necesidad de hacer un estudio sobre los públicos que acuden a la Bbilioteca Vasconcelos para saber por dónde tiene que ir esta biblioteca cuyo acervo ha crecido 141% con respecto al arranque, pero que no sueña con tener los 4 millones de volúmenes que se plantearon el 16 de mayo de 2006 cuando fue inaugurado el recinto. La colección general ha crecido con donaciones de libros y compras anuales, pero dicen que no hay prisas porque los proyectos continúan y esta es una biblioteca en grande.

Una biblioteca se hace. A diez años de su apertura, la Biblioteca Vasconcelos sigue una tendencia que no es común en el mundo de las bibliotecas. En un comparativo con las principales bibliotecas del mundo con las que comparte características, tanto de América Latina, Estados Unidos y Europa, la Vasconcelos emerge como un espacio que incrementa sus visitantes, una tendencia que valoran.

Por ejemplo, la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá, recibe 5 mil personas al día, la Vasconcelos 5 mil 649 personas en promedio, incluso está por encima de la Biblioteca Central de la UNAM, que recibe 5 mil 479 usuarios en promedio. 

La Biblioteca del Centro Georges Pompidou, legendaria en el mundo bibliotecario, situada en París, recibe menos visitantes al año que la Vasconcelos, en 2015 atendió a un millón 289 mil visitantes frente al millón 965 mil 819 que tuvo la Vasconcelos; o la Biblioteca de Amsterdam que recibe 5 mil personas diarias o la Biblioteca del Congreso en Estados Unidos que recibe un millón 700 mil visitantes al año.

Esos números comparativos llevan a Daniel Gondin a concluir que “en muchas bibliotecas en el mundo la tendencia es o hacia la estabilidad o al decrecimiento y nosotros estamos claramente en una tendencia de crecimiento. Vamos a ver hasta dónde llega”.

Pero no sólo lo dicen los números, sino las necesidades que externan los visitantes a la Vasconcelos. Aunque más del 50% de los visitantes asegura que acuden a consultar, unos consultan  libros, otros Internet y otros tantos traen sus propios libros y llegan a leer, o para encontrarse a hacer trabajos; otros entran a encontrarse por vez primera con los libros y la cultura.

“Algunos vienen a descansar porque parte de los servicios que brinda la biblioteca tienen que ver con una atención integral a la persona. Algunos se duermen 10, 15 minutos, mientras no ronquen ni suban los pies se brinda también eso. Desde luego, no es un dormitorio, es una biblioteca, pero en esta biblioteca puedes venir y encontrarte con música y bailar”, dice Goldin.

La apuesta es incluir. No van a dejar de hacer actividades porque solo  4% de la asistencia son bebés o porque hay poquísima asistencia de mujeres de la tercera edad. “Al contrario, vamos a tratar de estimular a que vengan esas mujeres que por alguna razón, que yo todavía no termino de entender, dejan de venir a la biblioteca; me gustaría hacer un programa de ven a tejer mientras te leen”, dice Goldin quien planea con apoyo de Radio Educación el círculo de lectura “Escucha la radionovela en la biblioteca y haz tu tejido”.

El creador hace 25 años de la colección infantil y juvenil A la orilla del viento, del Fondo de Cultura Económica, que tiene una larga trayectoria en edición de libros y en promoción cultural, asegura que todos caben en este bello espacio arquitectónico que además se piensa como un jardín de serindipia donde entras, caminas y te encuentras un hallazgo.

El reto es mejorar la accesibilidad de los libros para tratar de que en la biblioteca no sólo se diga que hay 650 mil volúmenes o 150 mil títulos, sino que se proponga un diálogo entre los libros. Hacia allá camina la Vasconcelos. En el piso siete están abriendo un nuevo espacio de servicios bibliotecarios donde habrá 12 salas de usos múltiples para dar cursos, talleres, círculos de lectura, seminarios, espacios para el trabajo que no disturben al público; habrá también espacio para abrir 15 salas o 15 colecciones temáticas.

Estas 15 salas temáticas nacen de la observación cotidiana y de datos de la Encuesta Nacional de Lectura de 2006, 2012 y 2015, que ha evidenciado que los lectores no establecen distinción entre los géneros, que hay una confluencia en el formato libro, pero tampoco hay una confluencia en el formato si es audio, video y texto. Es así que en las 15 salas temáticas van a estar dirigidos a narcotráfico, manga y cómic, lenguas, culturas indígenas, homosexualidad, géneros, poesía.

“En ese sentido estamos construyendo todavía. Habrá proyectos para 20, 30 años que se irán reformando, pero en este momento la idea es tener habilitado todo el edificio central, multiplicar los espacios de encuentro, diversificar los servicios”.

Los proyectos son muchos, los pendientes pocos, a decir de Daniel Goldin. Lo dice a la pregunta de espacios que parece que no serán: el Jardín Botánico y cafetería. “El jardín botánico está allí, es un espacio absolutamente alucinante, tengo muchos planes para eso, Alberto Kalach cada que me encuentra me dice ‘vamos a hacerlo’. Lo que no tengo son todos los recursos ni para habilitarlo, darle seguridad y atenderlo. Sin duda es un espacio de crecimiento, espero tener la fortuna de inaugurarlo, pero sino vendrán otros que espero hagan lo mismo que nosotros hemos hecho, construir sobre la base de los demás y no estar destruyendo. Este es un patrimonio de México”.

 

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