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Madrid. —Hijos, nietos y hermanos. Fernando del Paso se presentó ayer en Madrid rodeado por su familia para los homenajes previos a la entrega mañana del Premio Cervantes. Los organizadores no sabían dónde colocar a tanto pariente. “Bravo”, “felicidades”, gritaban sus nietos sacándose selfies mientras el escritor se deslizaba sonriente con su silla de ruedas por la Biblioteca Nacional y el Instituto Cervantes, saludando tras sus gafas de sol coloreadas.
No era de extrañar. La familia del escritor tuvo siempre un papel protagonista en su vida, y más desde que hace tres años sufrió un infarto que lo mantiene alejado de la escritura. Ayer, Del Paso hablaba emocionado de la terapia intensiva que ha seguido con su hija para recuperar el habla. “Leímos por completo Noticia del Imperio. Mi hija me decía: ‘Tu voz te ha devuelto la voz’”.
En este ambiente de celebración, Del Paso depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes parte de su legado sentimental. La sede del Instituto ocupa el antiguo Banco Español del Río de la Plata. En su cámara acorazada, ahora dedicada a conservar recuerdos de figuras de las artes hispanoamericanas, el escritor echó la llave a la mil 501, una caja fuerte que debe ser abierta sólo dentro de 100 años. Allí quedaron una primera edición de sus dos primeras novelas, José Trigo y Palinuro de México, un CD con fragmentos de su obra leídos por él, una copia de su discurso de agradecimiento y una camisa rosada del poeta tabasqueño José Carlos Becerra, que contó cómo heredó tras ocupar la habitación de Becerra en Londres después de su muerte, y cómo desde entonces siempre la ha vestido para darse coraje para escribir “en los momentos de desánimo y escepticismo”. Del Paso aseguró que la entrega de la camisa no significa que abandone la literatura, y que volverá a vestirla “metafóricamente” en cuanto se haya recuperado de las secuelas, que aún le afectan al habla.
Sin abandonar su tono bromista, el escritor convirtió su última aparición antes del Cervantes en una reivindicación de sus ideas, su lengua, su país y su obra. Llamó a los mexicanos a abandonar su “escepticismo cultivado durante siglos” y recuperar “un país en decadencia”, pues ha tenido “muchos gobernantes ineptos y ambiciosos. Tenemos una mentalidad de países colonizados y es hora de deshacerse de ello”.
También defendió el castellano, el idioma que se impuso “a sangre y fuego” en América pero que el continente hizo suyo; en homenaje al sacrificio de tantos artistas que no alcanzan el reconocimiento, recordó las noches en las que escribía de pie para no dormirse; y colocó la disciplina, la lectura y la revisión como las grandes herramientas de los escritores, para lo que pidió al gobierno apoyo en forma de pensiones y seguro médico.
El secretario de Estado de Cultura de España, José María Lasalle, reconoció en él a un “dandi enérgico y compasivo” que contempla el mundo “desde la distancia”. Recordando que el escritor es el sexto mexicano que recibe el galardón más importante de las letras en castellano.
Del Paso atribuyó la entrega del premio en años anteriores a varios mexicanos a que “hay muy buena literatura en México; a menos que el premio se equivoque”, bromeó.
Lo que el escritor prefirió dejar guardado fue el contenido del discurso que pronunciará cuando recoja el premio a manos del Rey de España. Sólo detalló que la que leerá será la tercera versión que ha escrito. “Mis hijas me recomendaron retocar algunas cosas.
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