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A comienzos de los años 70, cuando Mónica Mayer estudiaba en San Carlos (Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM), oyó decir a compañeros de —algunos de los cuales eran del Movimiento Estudiantil del 68— que las mujeres eran menos creativas porque la creatividad se les iba en la maternidad. Entonces decidió: “O cambiamos la sociedad o me voy a mi casa a rascarme el ombligo”.

Mayer (México, 1954) había crecido en una familia donde el pensamiento feminista no era extraño; su abuela era prima de Amalia de Castillo Ledón, quien impulsó el voto para la mujer en México. Y aquella visión de sus compañeros, sumada al contexto del movimiento feminista de los años 70, fueron determinantes para que se convirtiera en una de las artistas feministas con mayor trayectoria y solidez en América Latina. Una artista que ha construido una obra que no sólo está hecha de piezas sino de trabajo colectivo y político; de acciones, instalaciones y performances que exhiben y cuestionan la violencia contra las niñas y mujeres; que interpelan al ciudadano en cuanto a su libertad y sexualidad; que proponen la construcción de una memoria de la historia del arte y en particular de la historia del arte de mujeres; que buscan a través de la educación un cambio en el país; que cuestionan el papel de las instituciones culturales; que luchan contra la invisibilidad de la obra de las mujeres artistas.

A pesar de todo eso, Mayer no duda en decir: “En México no hay un capítulo de arte feminista en los libros”.

La artista revisará su trabajo de 40 años en Si tiene dudas, pregunte, una exposición retrocolectiva de Mónica Mayer, con curaduría de Karen Cordero y Sol Henaro. La muestra abrirá el 6 de febrero y permanecerá hasta el 31 de julio en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, MUAC, donde ya se iniciaron talleres que “reactivan” obras, en particular aquellas que, como El Tendedero, se construyen con participación del público.

Mayer es una artista que no disocia el hacer arte de su ser cotidiano. Dejó el movimiento feminista, aunque no ha dejado de ser militante, sin embargo, precisa, “mi militancia es en el medio artístico”. Su obra y su vida personal van entrelazadas. Con su pareja, el también artista Víctor Lerma, ha construido desde 1989 un archivo, Pinto Mi Raya, una obra conceptual que es una memoria del arte.

“Como artista mujer y artista latinoamericana ha sido muy fácil para mí entender la necesidad del archivo y de cómo hemos sido excluidas de una historia oficial, europea, de lo que es el arte. Crear historia es una lucha por no quedar fuera de las narrativas, por hacer un acto político. No es porque yo quiera quedar en la historia, sino porque es desde donde uno vive donde hay que hacer estos cambios y esta lucha. El archivo también se me hace fundamental porque para mí el arte es 10% el producto artístico y 90% el contexto…”, dice Mayer en entrevista.

El nombre de la exposición parte de una obra suya, Performance Parásito, donde seguía a otros que hacían performances y, con un letrero, decía al público: “Si tiene dudas, pregunte”. Lo de retrocolectiva es porque, como le preguntó la crítica e historiadora argentina María Laura Rosa, “¿cómo puedes hacer una individual si todo tu trabajo es colectivo?”

Mónica Mayer no se ve sin el trabajo con otros; sus obras involucran público y a lo largo de los años ha construido grupos: “Es más divertido hacer trabajo con otras personas. La idea del artista en su torre de marfil, en su estudio, embarrándose de pintura, no ha sido atractiva para mí. Me gusta salir, hablar con la gente, hacer performances en la calle; piezas en las que participen”.

La exposición contiene cuatro núcleos: Documentación de varios Tendederos con preguntas como ¿Cuándo fue la primera vez que te acosaron?; obras de su trabajo con los grupos Polvo de Gallina Negra (con Maris Bustamente) y Tlacuilas y Retrateras, así como piezas recientes de Las maternidades secuestradas , que plantea cómo se entiende y problematiza la maternidad hoy. Una segunda sección tiene que ver con sus orígenes en el arte feminista, la relación con artistas de México y Estados Unidos, donde estudió su maestría en el Goddard College, y formó parte del Feminist Studio Workshop del Woman's Building en Los Ángeles. Luego están sus obras sobre erotismo, un trabajo muy personal, donde se documentan piezas como el performance que hizo con Víctor Lerma la noche en que se casaron. La última parte incluye el archivo y piezas más políticas.

La importancia de la memoria. “Hoy más que nunca estamos invisibilizadas las mujeres en el arte. Sacas la estadística de cualquiera de nuestros museos y es deplorable, el que más tiene en sus colecciones es 10%, 11% de mujeres y no necesariamente las exponen” dice la artista. Pero un problema más grave aún es la situación en el mercado y más para arte efímero y archivos. Aunque en México su relación con las galerías ha sido “nula”, Mayer trabaja hoy con la argentina Henrique Faría.

La construcción de esta exposición ha requerido revisar esos archivos para encontrarse, por ejemplo, con un performance de 1983, donde participaban Rita Eder, Jesusa Rodríguez, Lourdes Grobet, Rowena Morales, Maris Bustamante. Ha sido también buscar los orígenes de la pieza Justicia y democracia, que se reactivará para volver a preguntar a los ciudadanos: “Hoy, en este México resquebrajado por la crisis y el escepticismo, ¿qué acción concreta tomarías para llegar a esta utopía?”. Esa obra de 1995 hoy, en más de un sentido, cobra vigencia.

En la muestra en el MUAC estarán algunas de las columnas Artes Visuales, que Mayer publicó en las páginas de EL UNIVERSAL, donde fue colaboradora durante 20 años.

—Mónica, la lucha contra la invisibilización de la mujer artista ¿qué resultados crees que ha alcanzado?

—Esta pregunta más bien me remite a cuando me dicen si el feminismo ha tenido efecto. Son 40 años y hoy están peor que nunca los feminicidios, estamos en el Metrobús separados hombres y mujeres. Las cuestiones no se han resuelto y en el arte diría lo mismo. Sin embargo, algo que ha cambiado es que hay conciencia de esto. Conciencia de la violencia hacia la mujer, conciencia de la invisibilización de las artistas, hay organizaciones que no había hace 40 años. Me sorprende la cantidad de artistas jóvenes interesados... Pero no basta con cambiar las leyes, tenemos que cambiar desde adentro, cómo pensamos y sentimos. ¿Cómo hago para que un chavo que cree que decirle ‘mamacita’ a una muchacha le va a servir de algo o prueba su hombría? ¿cómo hago para que entienda que ni es agradable ni va a lograr nada y que es un acto violento? Y peor aún ¿cómo hago para que la chava no lo tome como un cumplido?

Toda la información sobre la exposición en Twitter: #SiTieneDudas. En FB: Mónica Mayer (Pinto mi Raya) y en http://pregunte.pintomiraya.com/

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