“Como se nace para ser chamán, se nace para ser artista”

El pintor colombiano Carlos Jacanamijoy presentará en México un libro que da cuenta de su trabajo y prepara una exposición
Para Carlos Jacanamijoy, el arte puede transformar el pensamiento de una persona, un modo de vida, una sociedad. (GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL)
11/08/2017
04:10
Sonia Sierra
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“Como decía Aristóteles: ‘Primero el arte y luego el artista’”, cita el pintor colombiano Carlos Jacanamijoy y abunda: “Sé que estoy marcado por la clasificación de pintor indígena; la idea maravillosa es que no hubiera fronteras, que fuera como el arte mismo: universal; que se dijera ‘un pintor’. La gente dice ‘el pintor indígena Jacanamijoy’ aunque no dice ‘el pintor blanco Kandinsky’ o ‘el pintor blanco Chagall’”.

El artista se encuentra en México para presentar este sábado el libro Jacanamijoy, de Cangrejo Editores, que resume 20 años de trabajo pictórico, con texto del historiador de arte Luis-Martín Lozano, quien participará en la presentación junto al artista y a Ramiro Osorio, a las 12:30 horas en el Museo de Arte Moderno. El 29 de agosto, en la Casa de la Cultura de Colombia, inaugurará una exposición de sus pinturas.

Siempre que recuerda su infancia, Jacanamijoy se ve pintando o dibujando: con los tizones del fogón, con la abuela o con sus padres. A los 13 años, en Santiago, zona andina en Putumayo, donde nació en 1964, creó un taller para pintar; como no había biblioteca, consiguió en la ciudad de Pasto libros sobre Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, y quiso tener su espacio. Si terminó el bachillerato —algo excepcional en el pueblo— fue por la afición a dibujar todo en todas las materias. Al momento de hacer la carrera de Artes Plásticas en la Universidad Nacional, en Bogotá, ya había descifrado los secretos de las técnicas de la pintura y el dibujo.

Cuando en su pueblo supieron que iba a estudiar, le dijeron que estudiara para doctor o abogado; decían que le iba a servir para que lo llamaran doctor, ‘doctor Jacanamijoy’, que eso le iba a dar renombre al apellido.

“La gente decía que estudiara una carrera para defender los derechos de los indígenas, como si fuera algo obvio, que los indígenas son la gente necesitada. Y esa es una de las cosas por las que creo que el arte me transformó: yo creo que no debemos tener esa mentalidad de seres necesitados que nos metieron en Latinoamérica, en la Colonización, la Conquista, la Evangelización, la República. Nos ven como seres en vías de desarrollo, sudacas. Personalmente no creo en eso; el estereotipo, el estigma hay que borrarlo. Ayer llegamos a México y nos dijeron: ‘¿Cuánto tiempo estuvieron por fuera?’ Vine a México en el 91 y, al volver a Colombia me dijeron en Migración: ‘¿Por cuánto tiempo se va a quedar?’ Esos fenotipos, lo tengo claro, es hora de borrarlos. Yo me siento más ciudadano del mundo, orgulloso de una lengua y una tradición, pero hoy más que nunca debemos borrar esas fronteras”.

Tradición y contemporaneidad. Carlos Jacanamijoy sabe que todo lo que hace está marcado por su origen como indígena inga, por la lengua quechua, las tradiciones y la memoria de su infancia. Su trabajo pictórico y sus reflexiones acerca del arte (es maestro en Estudios Culturales) han conseguido integrar los saberes que heredó de sus padres, la relación con la naturaleza en ese pequeño universo que los indígenas de esa región andina y los del Amazonas llaman Chagra (“es ese pedacito de tierra donde está toda la cosmovisión indígena: animales, plantas, naturaleza, el veneno, el remedio, el alimento”). Integra todo eso con el arte universal —desde Francisco de Goya hasta Joseph Beuys— y en particular el latinoamericano —desde Roberto Matta hasta Rufino Tamayo—.

Además de la pintura, el ejercicio para Carlos Jacanamijoy está en cómo el arte puede transformar el pensamiento de una persona, un modo de vida, una sociedad. “El arte es totalidad. Estudié arte pero nunca pensé que eso me iba a cambiar la vida, que fuera a ser una herramienta de transformación humana y social. Todo lo que soy lo he hecho a través del arte.

—Su padre fue chamán, ¿usted alguna vez pensó en ser chamán?

—Hay dos hermanos míos que son chamanes; yo soy muy respetuoso con eso. No es decir: ‘Voy a ir y quiero aprender’. Con eso se nace, igual como se nace para ser artista. Se nace para ser chamán o se nace para ser artista”.

Cuenta que alguna vez que lo entrevistaron, su padre le pidió mostrar los viejos dibujos de paisajes para que le creyeran que sí estudió: “Le dije que lo que hacía es como lo que hacen los chamanes. Ellos en el Putumayo, con una rama que se llama el árbol del viento, recogen (abre las manos) y toman las energías de un ser, purifican el aire, y con el soplo curan también, sueltan esa energía. Le dije que cuando hago una pintura es lo mismo, que es como un director de orquesta. Le dije: ‘Estas líneas, estos puntos de la pintura tienen que ver con las energías que uno va atrapando de los fenómenos naturales’. Tomo energías, percepciones, el recuerdo, como en este instante, el frío que ahora me mueve, todo eso lo deposito en la pintura. Mucho del arte contemporáneo es así, Kandinsky fue muy espiritual. Yo soy pintor, esa es mi vocación, y quiero pintar con la misma inocencia que lo hacía de niño.”

Esa integración de saberes lo ha llevado a buscar algo más: “He encontrado un vínculo con la necesidad de preservar el planeta; los portadores de esos saberes tradicionales de este y otros continentes, diferentes a Europa, están dando lecciones maravillosas para proteger el planeta”.

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