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Buenos Aires. Marta Minujín, ganadora del Premio Velázquez de Artes Plásticas 2016, se presentó como artista de los imposibles y aseguró que alcanzará un nuevo nivel en su carrera cuando muestre su próxima obra, un partenón gigante que verá la luz en junio.

La artista argentina no tiene más musa que ella misma, su “propia inspiración” para lograr “siempre un arte disparatado y un arte del imposible”.

El Partenón de los Libros que presentará durante el festival cultural Documenta 14 (en Kassel, Alemania) tendrá 100 metros de largo y estará cubierto de libros que hayan sido prohibidos en algún país del mundo, un monumento que pretende ubicar frente a una plaza en la que los nazis quemaron miles de libros en 1933.

El arte que Minujín (Buenos Aires, 1943) hace es “único” e “inimitable” independientemente de que ella lo defienda, tal y como lo ha mostrado con obras como un obelisco acostado de 74 metros (1978), un obelisco de pan dulce de 30 metros (1979), un Carlos Gardel de 17 metros fuego (1981) o un Partenón con libros prohibidos de la dictadura argentina (de 1983).

Su cabeza no descansa: tras el partenón que construirá en el viejo continente, tiene pensado cubrir una calle con tarjetas de crédito con valor estipulado “para que gente que nunca gastó una tarjeta de crédito la desarme y pueda gastarlo en 24 horas en cualquier lugar”.

Sus obras, “conceptos de arte de participación masiva”, se caracterizan por el hecho de que el público los puede desarmar y quedarse partes de ellos.

Otro rasgo de su obra es que “no se nota si la hizo un hombre o una mujer”, convencida de que “el gran arte no tiene sexo”, “es abstracto y está despegado del planeta Tierra”; no se debe notar si lo compone una mujer porque “el cuerpo de la mujer no existe”, lo que importa son “la cabeza, las ideas y la sensibilidad”. Eso sí, defiende la presencia de la mujer en el arte.

“Con el arte pop hubo miles de mujeres que entraron y ahora en el siglo XXI hay casi más mujeres que hombres. Todo esto habrá que verlo en la posteridad, en el futuro, cuál fue el cambio en la historia del arte, pero es un cambio que viene con muchísima fuerza, nuevas energías y nuevas imágenes”, afirmó rotundamente.

Esta artista de “cosas locas” aseguró también que las nuevas generaciones tienen más oportunidades para hacer arte al contrario que cuando comenzó ella. Minujín, que ha “vivido sin un centavo” que poder dedicar a su arte, explicó que consiguió sacar sus obras adelante con becas y con “el entusiasmo” de gente que le ha facilitado recursos como libros, papeles, telas, infraestructura y hasta grúas.

Su vida como artista, una lucha contra sí misma para seguir manteniendo su nombre en un podio inalcanzable para muchos, es aquello que más quiere, ya que no pretende hacer otra cosa ni cambiaría lo realizado hasta ahora. “Soy artista 100 % de mi vida y quiero seguirlo siendo”, sentenció.

Su obra, que comenzó a crear desde su adolescencia, se encuentra en importantes instituciones como el Salomon R. Guggenheim Museum o el hall Indonetian de Naciones Unidas, ambos en Nueva York; en el Walker Art Center de Minneapolis (EU) y en el Museo de Arte Moderno de Medellín (Colombia).

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