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El coreógrafo, ex bailarín y maestro argentino Mario Galizzi llegará a la Compañía Nacional de Danza (CND) a reconstruir su mal estado anímico tras los conflictos que padeció con su anterior directora, Laura Morelos; también, dice en entrevista telefónica desde Uruguay, llegará a ampliar el repertorio y a presentar obras que dialoguen con el público de su tiempo, atrás quedarán los ballets de “cuentitos” arcaicos para el siglo XXI, y espera ofrecer alternativas a espectáculos que podrían estar en proceso de terminar un ciclo de vida, como El lago de los cisnes en Chapultepec.

Hasta ahora, asegura, nadie le ha dicho que no tendrá libertad para realizar su proyecto, seleccionado de una terna de seis aspirantes y elegido mediante un comité de expertos. En suma, Galizzi, a partir del 15 de mayo, apuesta por la renovación de una compañía con más de 50 años de historia.

¿Cuáles fueron sus motivaciones para considerar a la CND?

Se despertó mi interés con el último pasaje que ha vivido. Conocí a la compañía con otras direcciones, con Cuauhtémoc Nájera, con Dariusz Blajer y con Sylvie Reynaud y siempre me impresionó en el buen sentido. He trabajado en teatros con tradición como el Colón, que es gigante, y creo que tiene más o menos las mismas características que la CND, así que siempre me pareció que sería lindo trabajar en México, pero sólo fue una idea y nada más. Ahora que surgieron todos los problemas con Laura Morelos, me enteré a través de la prensa, porque no tengo más correspondencia con la compañía, excepto con mi hija, pero uno no se puede enterar de algo estando tan lejos. De modo que me pareció que la compañía no se merecía de golpe lo que le estaba pasando, padecer los desniveles que podrían no permitirle seguir creciendo y mantener la trayectoria que ha tenido durante tantos años. Me pareció raro que lleguen a un punto en el que se deteriore el trabajo. También me pareció que no había un repertorio más actualizado, en el sentido de más cantidad, que siempre tuviera lo mismo: Giselle, Coppélia, porque no había otras posibilidades. Esto, realmente, no se lo merece porque es una compañía por la que paga el Estado, es el Estado el que paga los sueldos de los bailarines. Sé que una compañía tiene altibajos, pero con todo lo que le estaba pasando me empezó a dar coraje y pensé que sería bueno ir y a portar algo de lo que yo sé.

¿Ha estado en otras compañías en crisis?

Sí. En Argentina, la primera vez me tocó una crisis inflacionaria muy fuerte en el país y tomé la dirección de la compañía, en esa crisis salió la creatividad de las personas y se empezaron a hacer cosas grandes con poco. Entiendo que la crisis en México no es la misma, pero es una crisis. Me he puesto, un poco, de lado de los bailarines porque son seres humanos con sensibilidades esenciales y a veces la dirección necesita de la comprensión para escuchar los reclamos. Siempre he creído que los bailarines tienen derechos y obligaciones. Algo pasa cuando sólo hay derechos o sólo obligaciones. El equilibrio es el punto clave. Ahora vi una oportunidad y mandé un proyecto estando como director de ensayos de una compañía de danza con una directora extraordinaria, conversé con ella y consideró que también era una oportunidad para aportar algo a la compañía mexicana. Lo que sigue es involucrarse de golpe. Lo que deseo es defender a la compañía, en el sentido de que en el mundo se están reduciendo las compañías clásicas, los costos son muy altos, hay gobiernos que prefieren compañías más chicas en lugar de más grandes. Este panorama me preocupa muchísimo, así que me siento como un defensor del ballet clásico porque es la madre, de ella parte todo lo demás. He escuchado a gente decir que ya estamos en otra época y hay que enfocarse en lo contemporáneo. Es verdad, pero sería como quedar huérfanos, lo que necesita una compañía de clásico es conservar la base para mantener el estado físico de los bailarines y así, después, abordar lo contemporáneo.

¿Buscará un equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo?

La técnica madre es la clásica, pero creo 100% que no hay que tener un repertorio clásico gigantesco, tener producciones de ballet que no se pueden dar porque son cuentitos que no corresponden a esta era, pero lo básico tiene que permanecer para su mantenimiento, para su desarrollo y para que pueda bailar todo lo demás. A veces los funcionarios de gobiernos no entienden estas cosas. Mi decisión no ha sido en defensa de la CND, sino en defensa del ballet. He visto compañías que han cerrado o han cambiado el rumbo. El Estado tiene la obligación de hacer cultura para todos, porque toda la sociedad contribuye para que se mantenga una compañía, así que tiene que haber una disponibilidad de cosas para toda clase de público, el infantil, el mayor, el adolescente, el intelectual.

Usted ha dicho que le interesan coreógrafos como Béjart.

Sí porque fue un innovador, quebró con las cosas y eso me pareció fantástico, pero para quebrar, insisto, primero se tiene que tener una base sólida, de otro modo no se puede crecer. El problema que pasé en el Ballet Teatro Argentino de La Plata, que es una compañía muy grande del Estado, es que no se tenía el presupuesto del Teatro Colón, así que era muy difícil llevar esos coreógrafos actuales, yo luchaba por ello y tenía descontento. En este momento hay otros coreógrafos como Jirí Kylián, Angelin Preljocaj o John Neumeier, que jamás se han visto con la CND. El problema es el presupuesto, tendré que saber hasta dónde puedo yo llevar cosas que se necesitan ver. Para mí no son gastos, son inversiones.

¿Sí se imagina a la CND con coreógrafos más actuales?

Absolutamente, porque además es una obligación, de lo contrario se quedará en el pasado; pero insisto, una compañía que no tenga El lago de los cisnes, Bella durmiente y El Cascanueces no se puede preciar de ser una compañía clásica, esto también es indiscutible y tienen que bailarse todos los años. Hoy no se puede hablar del ballet, del contemporáneo, sino de una sola danza y todo tiene que estar dentro del repertorio de una compañía.

Y también creo que la CND tiene la obligación de tener a coreógrafos mexicanos, es su deber fomentar la creatividad. No creo que todo lo tengamos que importar, no podemos ser sólo consumidores, también debemos ser productores.

¿Tendrá la libertad de tomar decisiones complejas como revisar si los bailarines son los adecuados o no para su proyecto o si merecían o no los ascensos; dejar atrás títulos del repertorio?

Creo que sí porque nadie me ha mandado una carta para hablarme de las condiciones, no ha habido ningún tipo de comunicación al respecto. Esto, para mí, quiere decir que si he asumido este compromiso es porque voy a ir con mis ideas de lo que realmente quiero hacer. No creo que cambie el repertorio porque lo conozco y sé qué es lo que le va, más bien creo que voy a ir incorporar títulos.

Aunque todavía no lo he hablado con nadie, he pensado en el proyecto de El lago de los cisnes, creo que es grandioso todo lo que ha fomentado a lo largo de 40 años, pero no me parece lógico que una compañía, dentro de su casa, ya sea en el Palacio de Bellas Artes o en el Auditorio Nacional, no tenga una versión completa con sus cuatro actos y con orquesta. No estoy pensando en suspender ese espectáculo porque está muy bien hecho, pero también creo que es un disparate tener una versión corta al aire libre y otra completa en el teatro, y al mismo tiempo es incongruente que la CND presente una mutilación de ese ballet, el público merece ver su versión en cuatro actos en un teatro, como se hace en cualquier lado del mundo. No voy a llegar a cambiar todo de golpe, pero el que da la última palabra es el director, aunque uno debe tener la habilidad de escuchar a su staf para tomar decisiones. No busco los votos por mayoría, sino escuchar, pero la decisión es del director y es quizá algo monárquico, pero así es. La soledad del director pesa mucho porque las decisiones son suyas y uno no puede endilgar una mala decisión a su equipo, no, uno la asume. Conozco el lago de Chapultepec y puede ser para otro tipo de producciones, no sólo para El lago de los cisnes, por ejemplo hacer algo con diferentes actos de ballets.

Respecto a los bailarines, creo que las evaluaciones son sobre el escenario. El trabajo diario no me dice nada claro, no se puede evaluar en una clase, en un ensayo, sino sobre el escenario cuando hay público. Si en direcciones anteriores se ha promovido a gente y no se considera que son lo que se pensó, pues lo primero será esperar a que termine contrato y analizar el próximo. Inmediatamente no haré esto porque no es bueno para la compañía porque produciría un malestar interno y lo primero que necesita ahora para empezar a trabajar es tener la sensación de tener libertad, en el sentido de estar relajado y tranquilo para hacer lo que le corresponde. He visto a la compañía muy bien, ha rendido mucho en las cosas que he visto, para mí no está en un mal estado de entrenamiento, pero sí se tiene que resolver su estado anímico.

Es padre de la primera bailarina, Agustina Galizzi, y ha generado inquietud. ¿Qué dice usted?

Ella no se quedó en Argentina porque no quería que se pensara que bailaba porque sus padres se dedicaban a lo mismo. En México ha desarrollado su carrera, como corresponde, desde hace 15 años. Ha subido sin saltarse ningún proceso. Ella ya está en el tope, yo no puedo llegar a promoverla a un lugar más arriba. Esto misma discusión me pasó con su madre, se pensaba que yo, como director, le iba a dar más estrenos como bailarina, pero no fue así, cada uno tenía que hacer lo que le correspondía. Sé manejar este tipo de cosas porque ya lo he vivido con mi esposa.

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